Tigres alcanza la cima más alta de su historia: vence a Inter y avanza a la final de la Libertadores

San Nicolás de los Garza, Nuevo León.- Cinco minutos de sufrimiento tras recibir un gol inesperado no opacaron la sólida exhibición con la que Tigres ganó en su casa el boleto a la final de la Copa Libertadores, venciendo de manera clara, por momentos brillante, al Inter de Porto Alegre brasileño: 3-1 en el partido ante un público extasiado con su equipo, 4-3 en el marcador global.

Este peculiar torneo, que sufre una interrupción en el verano y se reanuda cuando muchos equipos ya han cambiado de jugadores, tiene su encanto, sobre todo en la locura que invade a las aficiones en las instancias finales, y el público de Tigres demostró estar a la altura: impresionante en el apoyo, piadoso ante los fallos de los suyos, generoso en el júbilo.

El protagonismo del partido recayó en las alas del equipo felino: revolucionado Aquino en el desborde, el remate e incluso en la defensa, tan hábil para salir airoso de los enfrentamientos mano a mano contra su desdichado marcador como para corretear rivales y robarles la pelota; y Jurgen Damm letal, autor de dos estupendos centros que encontraron respuesta perfecta en sendos cabezazos de Guignac y Egidio Arévalo, para el 1-0 y para el 3-0.

Entre ambos tantos, Geferson dio un mazazo a las aspiraciones de su equipo al convertir un balón de rutina en un remate que superó la estirada de Alisson: 2-0.

A un equipo con D’Alessandro, Nilmar, Aránguiz y Lisandro López se le presupone talento a borbotones, pero en el Universitario de Nuevo León sólo dieron tenues destellos que no supusieron mayor apuro para Nahuel, el estupendo portero felino que reclamó su cuota de protagonismo al detener un disparo a quemarropa de Sasha: un tiro centrado, pero que lo tomaba a contrapié.

Egidio Arévalo y Pizarro dinamitaron cualquier opción de que fluyera el futbol de seda de D’Alessandro, sin posibilidades de conectar con Lisandro López y Nilmar; apenas un rato al final del primer tiempo parecía que Inter encontraba forma de aproximarse al arco de Tigres, pero tanto Rivas como Juninho desbarataban cualquier atisbo de reacción, imponentes por arriba, estupendamente apoyados por los laterales y, cuando era preciso, por el hiperactivo Aquino.

Los dos extremos, afiladísimos, abusaban de Geferson y de William, dos jóvenes laterales que nunca pudieron impedir las acometidas por sus costados, y obligaban a Juan, el veterano ex jugador de Roma, a esfuerzos tremendos para cerrar los huecos que abrían con su zancada venenosa.

El primer gol cayó al minuto 17: Damm enfrenta a su marcador, gana la posición para centrar y pone el balón muy cerca del área chica, adonde llega como locomotora Guignac. Estuvo entonado el francés, peligroso en las arrancadas con las que enfrentaba a los centrales; se ganó el favor del público con su gol y su lucidez para acelerar los contragolpes, si bien le faltó precisión en los instantes cruciales para encarrilar una goleada.

Antes del gol, el Inter había adelantó sus líneas buscando ahogar la salida limpia de balón de la defensa, pero Juninho, el capitán tigre, encontró una interesantísima conexión con el delantero francés y le puso en varias ocasiones balones largos, medidos, que por poco no terminaban en gol.

El segundo tanto, la antológica pifia de Geferson al minuto 40, puso claro que el partido, salvo hecatombe, no se le escaparía a Tigres, aunque Rafael Sobis, quien ganó dos Libertadores con Inter, sufría para encontrar espacios desde los cuales explorar su poderoso remate. El voluntarioso brasileño no estuvo fino, pero mantenía ocupada a la zaga y contribuía con sus movimientos a abrir espacios en las bandas con los que facilitaba el festín que en esas zonas disfrutaban los escurridizos extremos.

El tercer tanto demostró que Tigres tiene un ataque tan ordenado como talentoso para improvisar: un cambio de juego lanzado desde la izquierda encontró a Damm en el área, el extremo ganó el duelo individual y puso el balón atrás, adonde llegó, como delantero centro de toda la vida Egidio Arévalo, el hombre que ha cosechado fama en el futbol con su brega interminable en el mediocampo, mordiendo en la marca: remate de cabeza en plancha, fulgurante palomita.

Aquino provocó un penal, pero Sobis no ahondó en la herida contra su ex equipo y lanzó un disparo flojito que Alisson detuvo sin problemas. Pese a la falla, el público lo alentó coreando su nombre.

Tigres tramitó el partido con solidez en todo momento, y salvo el agobio que provocó en el marcador el gol de Lisandro López, a tres minutos del final, nunca puso en riesgo el marcador y se clasificó para la final.

El triunfo tuvo incluso su momento sentimental, pues en el minuto 74, Damián Álvarez relevó a Aquino, reventado tras el esfuerzo con el que desbarató el costado derecho del Inter, y recibió una ovación atronadora del público.

Tras su paso por el infierno de la segunda división de su país, River Plate espera a los regios en la final, la tercera a la que accede un equipo mexicano tras los fracasos de Cruz Azul en 2001 y Guadalajara en 2010.

Al equipo de Ricardo Ferreti le aguarda la serie más importante de su historia.

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