¿Cuál Democracia?

El pez sin el agua
Por: Rubén PÉREZ ANGUIANO*

Hace algunas décadas, el gran Norberto Bobbio escribió un bello ensayo que fue traducido al español con el título: “¿Qué socialismo?” (en realidad era: ¿Cuál socialismo?) Bobbio intentaba descifrar el tipo de socialismo promovido por algunos sistemas, contrastándolo con el modelo formulado desde la teoría política. Podemos, en estos días, inspirarnos en sus preocupaciones y preguntarnos: ¿Cuál democracia queremos?

La pregunta es oportuna si atendemos la reciente reunión “en defensa por la democracia”, celebrada en Barcelona. Una parte de los jefes de gobierno convocados a esa reunión, incluida la presidenta Sheinbaum, sostiene que la democracia está ligada a postulados de justicia social, es decir, que encuentra fundamento “en la distribución, la justicia social y la inclusión”.

Podemos estar de acuerdo, pero existen otros fundamentos para la democracia: el respeto a la tradición republicana de equilibrio en el poder, la protección de los derechos humanos, la vigencia del derecho frente a la fuerza y la construcción de acuerdos sociales sin simulaciones electorales. Estos fundamentos deberían estar en la mirada de los jefes de gobierno y en especial de la presidenta de México.

Una democracia donde se vulnera el equilibrio de poderes y se le resta vigor a la noción republicana no puede ser considerada como tal.

En nuestro país la noción republicana está en uno de sus momentos más bajos en la historia, considerando lo ocurrido con la reforma al Poder Judicial y la desaparición de instancias de control y equilibrio, como las instituciones de transparencia, las dedicadas a los derechos humanos y las relativas a la medición profesional de la pobreza.

De igual forma, una democracia sin una política de respeto y protección a los derechos humanos es una cáscara sin contenido.

No debemos olvidar que en México se vulneran esos derechos, incluyendo el más importante de todos —el relativo a la vida— sin olvidar el siguiente en orden de importancia: el relativo a la libertad. ¿Alguien podría poner eso en duda?

Algo es inobjetable: mientras siga el homicidio y la desaparición de personas no puede hablarse de protección de los derechos humanos. Lanzar consignas en favor de la democracia en medio de cadáveres y fosas clandestinas resulta algo absurdo, como una película de terror.

Además, una democracia encuentra soporte en el derecho. Sin el derecho no existe un Estado democrático.

Pues bien, el derecho parece debilitado o incluso apagado en algunas regiones del país por obra de esas fuerzas extralegales que conocemos como los grupos del crimen organizado.

Eso implica que la naturaleza esencial del Estado (la violencia legal y legítima) cede su lugar frente a grupos ajenos a los fines del propio Estado, unos grupos que saben ejercer una violencia autoritaria y sin límites.

Por último, una democracia no puede ser calificada como tal si vive en la simulación electoral apartándose de los efectos reales de las decisiones públicas.

Insinuar que existe democracia por los excesos electivos es una farsa. En algunos países se promueven elecciones para casi todo y a mano alzada entre pequeños grupos sociales (como milicias, por ejemplo), sin que eso signifique un modelo democrático.

Como puede verse, la democracia es algo más que los contenidos sociales. De hecho, muchos de los temas vinculados a la igualdad social o a la justicia económica se utilizaron durante décadas para justificar la ausencia de una democracia auténtica.

En nuestro país el discurso se mantiene ajeno a los valores profundos de la verdadera democracia. Es decir, en lugar de una democracia auténtica parecemos transitar por una escenificación.

Es momento de preguntarnos, entonces, ¿cuál democracia queremos: la de verdad o la simulada?

 

*Rubén Pérez Anguiano, colimense de 57 años, fue secretario de Cultura, Desarrollo Social y General de Gobierno en cuatro administraciones estatales. Ganó certámenes nacionales de oratoria, artículo de fondo y ensayo. Fue Mención Honorífica del Premio Nacional de la Juventud en 1987. Tiene publicaciones antológicas de literatura policíaca y letras colimenses, así como un libro de aforismos.