Pantallas con cuidado: cómo proteger a niñas y niños de contenidos dañinos en internet
Por: César Augusto GARCÍA AVITIA
Internet se ha convertido en parte de la vida cotidiana de niñas y niños. A través de videos, juegos, redes sociales y plataformas educativas, pueden aprender, entretenerse y comunicarse.
Sin embargo, también están expuestos a contenidos que pueden afectar su desarrollo emocional, social y cognitivo. Desde la psicología infantil, sabemos que las experiencias digitales tienen un impacto real en la forma en que niñas y niños entienden el mundo, regulan sus emociones y construyen relaciones. Por ello, el acompañamiento adulto es fundamental.
Uno de los principales riesgos en internet es la exposición a contenidos violentos, sexualizados o perturbadores que no son adecuados para su edad. Muchas veces estos materiales aparecen de forma inesperada en videos recomendados o anuncios. También existen riesgos relacionados con discursos de odio, retos peligrosos, desinformación y modelos de comportamiento dañinos que pueden normalizar la agresión, la discriminación o prácticas de riesgo.
Otro aspecto preocupante es la sobreestimulación. Plataformas con videos cortos y altamente dinámicos pueden dificultar la capacidad de atención y fomentar la búsqueda constante de gratificación inmediata. Además, algunos algoritmos están diseñados para mantener a las personas conectadas el mayor tiempo posible, lo que puede favorecer conductas adictivas y afectar el sueño, el estado de ánimo y la convivencia familiar.
A esto se suman riesgos sociales como el ciberacoso, el contacto con desconocidos o la presión por obtener aprobación en redes sociales. En edades tempranas, niñas y niños todavía están desarrollando habilidades para distinguir entre lo seguro y lo peligroso, por lo que necesitan orientación y límites claros. Entonces, ¿qué pueden hacer madres, padres y cuidadores? La clave no es solo prohibir, sino acompañar y educar digitalmente.
Un primer paso es conocer las plataformas que utilizan niñas y niños. Muchas veces los adultos desconocen cómo funcionan ciertas aplicaciones o videojuegos. Informarse permite identificar riesgos y tomar mejores decisiones. También es importante revisar las clasificaciones de edad y activar controles parentales en dispositivos y plataformas.
Otro consejo fundamental es establecer horarios y límites saludables para el uso de pantallas. El exceso de tiempo en internet puede desplazar actividades esenciales para el desarrollo, como el juego libre, la actividad física, la convivencia familiar o el descanso.
Además, es recomendable promover el uso de internet en espacios comunes del hogar, especialmente en edades tempranas. Esto facilita la supervisión natural y genera oportunidades para conversar sobre lo que ven o experimentan en línea.
La comunicación abierta es uno de los factores protectores más importantes. Niñas y niños deben sentir que pueden hablar con los adultos si algo les incomoda, asusta o confunde en internet, sin miedo a ser castigados. Preguntarles qué ven, qué les gusta o qué opinan sobre ciertos contenidos ayuda a desarrollar pensamiento crítico y confianza.
También es importante enseñar habilidades digitales y emocionales: identificar noticias falsas, reconocer situaciones de riesgo, respetar a otras personas en línea y aprender a regular el tiempo de uso. Educar digitalmente implica formar usuarios conscientes y responsables, no solo consumidores pasivos.
Internet puede ser una herramienta maravillosa para aprender y crecer, pero requiere acompañamiento. El cuidado digital es hoy una forma de cuidado emocional y educativo. Más que vigilar constantemente, se trata de construir vínculos de confianza y enseñar a niñas y niños a navegar el mundo digital de manera segura, crítica y saludable.
César Augusto García Avitia
Profesor Investigador de Tiempo Completo de la Facultad de Psicología de la Universidad de Colima.
Licenciado en Psicología, Maestro en Psicología Aplicada, Maestro en Bioética y Doctor en Psicología.
Contacto: garciaavitia@ucol.mx



















