CDMX.- Aunque pasan desapercibidas bajo la tierra, las lombrices rojas californianas se han convertido en una de las principales aliadas para transformar la agricultura mexicana. Gracias a su capacidad para reciclar materia orgánica, estos pequeños organismos producen un biofertilizante natural que mejora la fertilidad del suelo, fortalece los cultivos y reduce la dependencia de fertilizantes químicos.
La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural destacó que el llamado lixiviado de lombriz es un bioinsumo orgánico de alta calidad que se obtiene durante el proceso de lombricompostaje, cuando las lombrices procesan residuos vegetales y estiércol para generar un concentrado líquido rico en nutrientes y microorganismos benéficos.
Conocido por muchos productores como las «vitaminas naturales» del campo, este fertilizante contiene nitrógeno, fósforo, potasio, zinc, calcio, magnesio, hierro, además de enzimas, aminoácidos y proteínas que favorecen el desarrollo de las plantas.
Entre sus principales beneficios se encuentran el fortalecimiento de la fertilidad del suelo, el incremento de la materia orgánica, la mejora de la porosidad de la tierra, la promoción de bacterias y hongos benéficos, así como la reducción del riesgo de enfermedades en los cultivos.
Además, al ser un fertilizante completamente orgánico, evita la acumulación de sales dañinas en el suelo y disminuye la contaminación de los acuíferos provocada por el uso excesivo de productos químicos.
Uno de los aspectos más destacados es su rentabilidad. De acuerdo con la dependencia federal, cada metro cúbico de producción puede generar al menos 3 mil litros de lixiviado, elaborado con materiales disponibles en las propias parcelas, lo que reduce considerablemente los costos de producción y permite su aplicación en cualquier cultivo y etapa de desarrollo.
De residuos a fertilizante

La Secretaría explicó que esta práctica también impulsa la economía circular en el campo, ya que hojas secas, restos de cosechas y estiércol, considerados anteriormente como desechos, se convierten en un recurso de gran valor para mejorar la productividad agrícola.
La difusión de esta tecnología forma parte de las Escuelas de Campo (ECAs), espacios impulsados por la Secretaría de Agricultura donde productores, técnicos e investigadores intercambian conocimientos para promover prácticas agroecológicas.
En estas escuelas participan especialistas de la Universidad Autónoma Chapingo, el Colegio de Postgraduados y personal de Agricultura en las 32 entidades del país, quienes trabajan junto con las familias productoras para recuperar la salud de los suelos mediante técnicas de bajo costo y con insumos locales.
La dependencia subrayó que la combinación del conocimiento científico y la experiencia de las comunidades rurales está permitiendo avanzar hacia una agricultura más sostenible, resiliente y respetuosa con el medio ambiente.
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