La noche de los hologramas

En palabras Llanes
Por: Alberto Llanes

Por estas fechas el año pasado, mi querido amigo y maestro Jaime Efe Velasco, presentó por vez primera su libro: El teatro, la magia que envuelve mi vida.

Obras, andanzas, memorias; lo hizo en el restaurante familiar: ¡Ah, qué nanishe! y fue un rotundo éxito. Lástima que de esa noche maravillosa no pueda dar muchos detalles porque, estuve presente, pero en alma, en espíritu, con el corazón, no llegué a ser siquiera un holograma, como sí lo fui la noche de anoche…

Me perdí aquella presentación de su libro en esta tierra de los espejismos que ahora conocemos como nuestra Colima; se me olvidó por completo ir y, bueno, así las cosas. No es justificación, pero resulta que Mirna, mi mujer y compañera en esta aventura literaria y no, llamada vida, traía el pie enyesado a consecuencia de una fractura que se agravó aún más con el temblor de septiembre. Si mal no recuerdo la presentación de este libro de memorias fue en octubre, así que ese día que todos estuvieron en el Nanishe, yo estaba en el seguro social acompañando a mi mujer. Al llegar a mi casa vi, gracias a la magia que ahora envuelve nuestras vidas llamada tecnología y vía una transmisión en Facebook del maese camarada ¡Mucho Gusto!: Salvador Velasco, que el evento estaba teniendo lugar ahora mismo y que iban más o menos veinte minutos de haber comenzado. Yo no fui, repito, no llegué a ser un holograma.

Pero la noche de anoche, en la cuarta presentación de este documento, segunda en Colima, sí fui, casi soy un holograma por primera o segunda vez, pero no, los astros confabularon para que hiciera acto de presencia, no sin antes haber ido a poner mi huella en el checador «cosa bonita, cosa tremenda» del lugar en el que trabajo. El tráfico en la ciudad tiene días que está intenso.

Quince minutos después de la hora pactada, Alberto Llanes estaba en la presentación del maese Velasco, a la distancia vi que me vio llegar, con la mano le hice un breve saludo, quise pasar desapercibido porque me da pena llegar tarde «y es algo que no suelo hacer, llegar a tarde a los eventos» y fui a tomar mi lugar para que el teatro, las palabras… hicieran su magia, la magia que envuelve nuestras vidas en la tierra de los espejismos…

Los presentadores oficiales de Jaime Efe Velasco son y han sido dos, nuestro general Héctor Porfirio Ochoa Rodríguez y nuestra querida patria Vianey Torres, cuando llegué estaba hablando Tito, pensé que no habían empezado temprano para poder oír a los tres, pero no; al finalizar Tito su participación, pasó la voz a Jaime y empezó a compartir un poco de su libro de memorias, de la trayectoria que tiene en el maravilloso arte teatral.

Juan Nanishe aderezó la noche con unas piezas musicales en vivo, podríamos decir que fue o es el soundtrack del libro, porque Jaime, a decir de él mismo, es o ha sido un músico frustrado, como yo he sido un actor frustrado, pero que nos ha unido, a Jaime, a mí, a los presentes esta noche, el poder que tiene la palabra escrita.

Pocos libros de memoria existen en nuestro país, creo que es el género que menos se escribe, aunque, en el fondo, uno escribe una novela y ahí parte de su tiempo, de sus memorias, de su ser, lo mismo sucede con un libro de cuentos, uno se va desnudando, mostrando, dejando pedacitos nuestros ahí.

La noche de anoche no fui un holograma, casi, pero no, estuve presente acompañando a un maestro, a un amigo, a un hermano… La vez pasada se me chispó por ene motivos, esta vez no podía dejar de asistir.

Al concluir la presentación, emotiva, que me trajo ene cantidad de recuerdos: del Cedart, de cómo conocí a Jaime, de mi amistad con él, de las obras que hemos trabajado tanto en lectura en voz alta, como teatrales, de los momentos de ron que hemos vivido, de las cenas, comidas, desayunos que hemos compartido, los viajes que hemos realizado, las tantas charlas, tantísimas, oyendo a Teleman, mientras libamos unas aguas espirituosas para evocar el recuerdo de maese Corvus Eróticus, los cigarrillos que hemos compartido y tantos y tantos instantes «de esto se trata la vida» que hemos pasado juntos, nos fuimos a celebrar de manera guadalupana al mero centro de nuestra Colima, a la terraza del Zorro Velasco, de Salvador, del maestro Mucho Gusto para mejores señas… y, ahí, en lo alto de Colima, cerca de las campanas, con una chela como telón de fondo, fui el original y auténtico holograma.

Resulta que fui al cajero a sacar efectivo, al regresar, estaba acomodada la mesa y, en el centro de ella, se charlaba sobre una obra de teatro «de qué más se puede hablar sino es de las pasiones que han envuelto nuestra vida» y nadie, nadie salvo el maese general Tito Ochoa «que me lo topé en la entrada» se dio cuenta de mi presencia hasta pasado un tiempo, un tiempo en donde Jaime, que estaba frente a mí, se dio cuenta, me señaló, me dijo, me comentó y me di cuenta, le señalé, le dije y le comenté que, en efecto, no era un holograma, era yo mismo en cuerpo presente, el que sí estaba en forma de holograma era maese doctor dentista Ángel Gaona, porque, al momento, estaba en espíritu, pero el espíritu se materializó cuando, después de un rato, doc Gaona hizo acto de presencia y los que fuimos hologramas dejamos de serlo.

En la mesa, en el after de la presentación en la terraza Velazco «así bautizada ya» estuvimos en este orden, el orden es mío, por supuesto; a mi diestra: Magda Escareño a su lado Othón Mancera López «amigo de la familia Velazco desde hace tiempo»; al lado de este, Tito Ochoa y en la cabecera de la mesa, el que pagó la cuenta esa noche con la venta de sus libros: Jaime Efe Velasco; a mi siniestra estaban, maese holograma 2 Ángel Gaona «su lugar primero fue esencia, luego materia dispuesta, dijera Juan Villoro»; al lado de doc dentistas Vianney, la patria que envuelve nuestra vida, junto a Vianney se materializó Salvador Zorro Velasco un grupo poco ortodoxo pero con ímpetu literario, teatral, cineasta, de economistas y de amigos que se juntaron, sin ser hologramas a brindar por la noche, la vida, el teatro, la literatura, la música, el arte, la danza, la pintura y, claro, la Virgencita de Guadalupe… he escrito.