Calendario escolar
Por: Esteban HERRERA UGARTE
La polémica por modificar el calendario escolar terminó convirtiéndose en un “calentario”. Porque adelantar el fin de clases, entre olas de calor y la coyuntura del Mundial, no parece un hecho aislado, sino otra muestra de un gobierno que frecuentemente sustituye la planeación por la reacción y/o por el aplauso mediático.
El problema no radica en el ajuste del calendario, sino en la forma en que se toma la medida: sin análisis de impacto integral y sin consultar a los actores directamente afectados.
Modificar el calendario escolar no es un asunto menor; altera la dinámica laboral de padres de familia, afecta los procesos de aprendizaje del alumnados, modifica la planeación de docentes y trastoca actividades económicas vinculadas al sector educativo. Y sin embargo, se presenta como si fuera un ajuste administrativo menor.
El verdadero debate en este tema no es si hace calor o frío —eso en México no es novedad—, sino si el Estado es capaz de adaptarse con inteligencia o seguirá optando por la salida más sencilla: recortar, mover o improvisar.
Si el clima es el problema, la discusión y la operatividad deben centrarse en temas como uso focalizado de herramientas digitales para clases o actividades a distancia; calendarios y horarios no centralistas; infraestructura ligera de emergencia y muchas más que están en la mente y en la voz de docentes, directivos y padres de familia.
Y si el Mundial también influyó, el mensaje es todavía más preocupante: parecería que la educación pública ahora debe acomodarse al espectáculo, a la política y a la agenda mediática del momento.
El país requiere gobiernos que operen bajo una lógica distinta: diagnóstico previo, evaluación de escenarios, construcción de consensos y responsabilidad institucional. Porque cuando las decisiones públicas carecen de estos elementos, no sólo generan incertidumbre: erosionan confianza.
Ante el fracaso de esta intentona, el calendario se tornó en “calentario”: solo calentó la tribuna.
Por eso, es válido preguntarse si…no nos están haciendo pensar mal. Ya que cada vez que surge un tema incómodo, una crisis o una decisión difícil, brota oportunamente algún asunto “caliente” y de alta exposición mediática que distrae la conversación pública hacia donde políticamente más conviene.
Si ese era el propósito, creo que tampoco midieron la consecuencia, porque lo que se develó fue la falta de coordinación, la ocurrencia y las contradicciones entre actores políticos explicando con ello porqué en materia educativa, a partir de 2018 México ha perdido posiciones y se ha colocado en el sótano de los estándares internacionales según datos de la OCDE y de PISA.
Si no aprendemos a diferenciar entre lo mediático y lo importante, entonces el problema ya no es el clima: es la temperatura la que funde la efectividad de una buena decisión o la que derrite un razonable contra argumento según le dicte su propio “calentario”.



















