ENAJENADO

¿QUÉ VIENE?

Por: SEAN OSMIN HAMUD RUIZ

Y érase una vez hace 10,000 años que apacibles búfalos en las tierras que hoy ocupa el estado de Nueva York (USA) pastaban tranquilamente y en México, tal vez con no tanta tranquilidad, los alumnos se apuraban para no llegar tarde a sus clases en la universidad.

Y érase una vez, que cual alucinado Quijote, enojado reclamaba al sistema por esos feos ventiladores gigantes que afeaban la paradisiaca vista de la Rumorosa, sin considerar que esas hélices de ultima tecnología producen energía eléctrica de forma limpia y sustentable.

Y érase una vez que escuchábamos atentamente lo increíblemente fácil que resulta obtener petróleo escarbando un hoyito en la tierra, sin necesidad de todos los estudios que implica saber tipo de suelo a perforar, profundidad del yacimiento, tamaño del mismo, tipo de crudo a obtener y un largo etcétera que viene a sobra.

Y érase una vez que, a pesar de buscar el puesto por casi dos décadas, haber protestado el cargo frente al congreso y a pesar de haber dicho en más de una ocasión que era un estudioso apasionado de la historia del país, considera un memorándum con su firma, ley superior a la Constitución.

La ignorancia o la incomprensión de las cosas no son en sí mismos elementos indignos, ni mucho menos características suficientes para prejuzgar o estigmatizar. Todos en cierta medida poseemos conocimientos limitados.

Y cualquiera de los primeros cuatro párrafos del principio, podrían caer en lo chusco; de hecho, así ha sido. Decenas de memes han nacido de estas cuatro anécdotas.

El problema radica, desde mi perspectiva, en no admitir el error. Que lo defienda es lo que desconcierta.

Si es ignorante, puede aprender.

Lo inquietante es que más bien, se comporta como un enajenado.