PARA PENSAR
Por: Carlos M. HERNÁNDEZ SUÁREZ
Hace muchos años, en la época en que tenía tiempo de jugar basquetbol, frontenis y hasta futbol, no había canchas deportivas en Armería para los que no formábamos parte de un equipo.
El fútbol lo jugábamos en la playa, el frontenis en las canchas de Tecomán y el basquetbol en la cancha de la escuela primaria, de donde nos expulsaron más de una vez porque destruíamos las instalaciones (teníamos que saltar una malla ciclónica de un metro y medio de altura). Era increíble cómo los jóvenes buscábamos en esa época lugares para practicar un deporte y no había; bueno, sí había, pero no nos dejaban usarlos.
De repente, se comenzó a construir una unidad deportiva, con presupuesto federal, pero manejado por el estado. Veíamos cómo se comenzaron los cimientos y la diversión consistía en ir a ver todos los días cómo avanzaba la alberca, la cancha de futbol, las enormes canchas de frontenis, las de basquetbol. Finalmente, se construyó una cerca de malla ciclónica brillantísima y ya no podíamos acercarnos mucho.
Un día se culminó. Se pusieron letreros de “esta obra se realizó en tal gobierno con tal presupuesto y bla bla bla…”, pero no nos dejaron entrar porque no estaba inaugurada la obra. Se mencionaba que el presidente de la república vendría a Colima y entonces se iba a inaugurar. Pasaron las semanas y nada. Los meses y nada, nosotros solo veíamos cómo el agua azul de la alberca se ensuciaba con el agua de las lluvias y la polvareda de la zona, y las ranas y los sapos disfrutaban en nuestro lugar.
Después nos dijeron que vendría el gobernador y pasaron los meses y mi raqueta nuevecita se llenó de telarañas y nada. Mi balón de basquetbol (de colores, de siete capas, el primero en Armería y que le copié a mi amigo Pepe Salazar de Tecomán) se desgastaba de rebotarlo en la banqueta.
Un día vino el gobernador del estado y finalmente la inauguraron. Toda la gente de mi edad aprendió la lección y se dijo: “cuando seamos grandes, vamos a crear los partidos de izquierda para que estas cosas no vuelvan a suceder”.
Pero esas cosas volvieron a suceder con la izquierda en el poder. Nada más que ahora no son unidades deportivas, son puentes. Ahorita nos atravesaron dos carros grandotes para que no pisemos lo barrido porque los adultos no han llegado y podemos ensuciar. Si el pavimento no estuviera listo, como dicen, entonces no le hubieran pintado las líneas.
Qué hermoso hubiera sido que alguien hubiera dicho: “el puente no está inaugurado oficialmente, pero ya pueden circular; después lo inauguraremos simbólicamente porque el pueblo es primero”. Eso hubiera sido el principio de la madurez política, esa madurez que tanto necesitamos.




















