PARA PENSAR
Por: Carlos M. Hernández Suárez
Me queda claro que si queremos que los barandales de los nuevos puentes se pinten de un color seguro, la próxima vez tendremos que votar por un partido que tenga los colores blanco o amarillo en su escudo. Para el blanco, hay opciones, pero para el amarillo, tendremos que resucitar al PRD.
Seguramente le ha pasado que alguna vez se le descompuso su auto por una carretera que usted transitaba mucho, y tuvo que caminar, y la carretera le parece muy diferente a pie. A mí me pasó en la zona de curvas de la carretera vieja Armería – Manzanillo hace muchos años y entonces te parece extraño cómo esas curvas que parecían tan cortitas y tan cerradas eran larguísimas cuando las caminas. Lo que más me asombraba era el peralte de las curvas: parecía el peralte de pistas de carreras, algo que no se nota cuando vas en auto.
Mi punto es que, a 50 km por hora no aprecias bien tu alrededor. Quien haya decidido pintar los barandales de los puentes de color guinda, no pensó en los motociclistas. En un día lluvioso, con todo y el alumbrado de los puentes, habrá más de una ocasión en que un vehículo se le recargue a un pobre repartidor de alimentos o un trabajador de la construcción que viene del trabajo en motocicleta y que simplemente se confundió con el color del barandal. Es cuestión de tiempo para que ocurra un accidente.
Vamos con Ciro el Grande: Ciro se distinguió por una política de conquista que privilegiaba la rendición sobre la destrucción. Cuando las ciudades cedían, solía respetar sus estructuras sociales, su organización, sus religiones y sus leyes, incorporándolas a su imperio con relativa autonomía. Esa integración le daba estabilidad a los territorios conquistados. Algo similar, aunque no siempre de forma consistente, ocurrió con Alejandro Magno, quien en muchos casos adoptó una estrategia de integración más que de aniquilación. Ambos entendieron que no había necesidad (en esos tiempos la canción de Juan Gabriel ya era popular) de diezmar a la población: mantenerla en paz facilitaba la estabilidad y la extracción de recursos. Ninguno necesitó imponer su dominio pintando los caminos con los colores del imperio. Probablemente esa sea la razón por la que el periodo helenístico perduró 300 años a la muerte de Alejandro Magno.
La regla número uno de una contienda es: “No conviertas a tu rival en tu enemigo”. No convertir las cosas en personales. No repetir el “Nosotros ganamos ustedes perdieron”. Gobernar para todos. En estos momentos en que los alimentos y la gasolina suben de precio, se necesita mucha unión entre los mexicanos. La selección mexicana nos va a unir por un ratito, nada más. Luego nos van a decir que Brasil es un país hermano y vamos con él, y luego España, porque tenemos su sangre y de alguna forma van a decir que tenemos parentesco con Argelia porque los árabes ocuparon la península ibérica. Una vez anunciaron “México está en la final” porque el árbitro central de ese partido era mexicano. En otras palabras, el gobierno hará un enorme esfuerzo “por unirnos en el fútbol”, pero no le importa pintar los barandales de guinda.
Observemos cómo, en algunos países de Latinoamérica y Europa, las cosas están cambiando de la izquierda a la extrema derecha. Esto no es por ideología, es por hartazgo. Si te encuentras una basurita en un garrafón de agua, pues cambias de marca, y ya.





















