LOS PRESIDENTES SE EQUIVOCAN

TAREA PUBLICA

(Que AMLO tenga, al decidir en Colima, vista de apache)

Carlos OROZCO GALEANA

Fue una mañana del 24 de agosto de 1987 cuando recibí una llamada telefónica en mi hogar del entonces precandidato presidencial Sergio García Ramírez, procurador general de la república quien, junto con otros cinco priístas disputaba la nominación a la presidencia de la República.

Ese mismo día por la mañana, cuando tuvo lugar la famosa pasarela en donde seis presidenciales presentaron sus propuestas y su visión de país, publiqué en Diario de Colima un artículo periodístico en donde con mis comentarios respaldaba su candidatura con argumentos que le llamaron la atención a personaje tan encumbrado.

Me sorprendió, desde luego, que un político de ese nivel se interesara en darle las gracias a un columnista de provincia, aunque yo tenía antecedentes de que el doctor García Ramírez era un hombre sencillo y sobre todo muy gentil.

La llamada del doctor García Ramírez fue para agradecerme por haberlo mencionado como mi favorito a la presidencia porque encarnaba una candidatura un tanto apartada del modelo neoliberal en boga. En ese texto, comenté que nuestro país requería un modelo económico que viera por los más rezagados, por los más pobres y que él, hombre justo y eminentemente humanista dado los libros que había publicado, representaba la oportunidad de cambiar el rumbo del país.

Me dio una respuesta un tanto desilusionante, tratándose del personaje que él era:

__ Mire Carlos, en México existe una voluntad superior a la que nada se le puede oponer (la del presidente). Esa es la realidad. Espero, dijo, que el licenciado ( Miguel de la Madrid) tome la decisión más acertada, la más conveniente para el país. El lector sabe que el dedazo fue para un político que muchos identifican con el mismísimo demonio: Carlos Salinas de Gortari.

Los presidentes se equivocan. Para los intereses del sistema, Salinas era el candidato apropiado, pero para los mexicanos no. Vendió lo que pudo a precios de remate ( se le escapó el Zócalo) , se vio envuelto en un crimen de estado ( de Luis Donaldo Colosio ) y entre otros no menos escandalosos ( el de Francisco Ruíz Massieu ) y abrió el comercio con el TLC lesionando a varios sectores que incluso no se reponen todavía de esa experiencia. Entre sus ventas, destacó Telmex, de la cual se presume que sea socio. Y hasta la fecha, nomás no hemos podido sacudírnoslo.

Sergio García Ramírez era, definitivamente, un gran candidato, un hombre de leyes, con una trayectoria brillante, pero no era economista, un perfil que según De la Madrid era el requerido para ese tiempo. Por cierto, conservo aún entre mis libros uno que publicó el Periódico El Día, que contenía el pensamiento político y social de cada uno de ellos, lo que me ayudó a conocer un poco más a los seis: Manuel Bartlet, Pedro Ojea Paullada, Sergio García Ramírez, Ramón Aguirre Velásquez, Javier García Paniagua y Alfredo del Mazo, el supuesto “hermano que nunca tuvo De la Madrid”.

Los presidentes se equivocan, reitero. Enrique Peña Nieto, aunque tenía poco margen de maniobra, erró con la candidatura de José Antonio Meade. Nadie hubiera salvado al Pri del huracán llamado López Obrador. Para los intereses del sistema, Meade estaba que ni mandado a hacer, tenía una relación magnifica con los dueños del gran capital y un fogueo internacional envidiable, además de cartel académico. Es un hombre muy capacitado y podía haber gobernado al país con conocimiento de causa, pero el horno no estaba para bollos. Se requería un cambio verdadero, de donde llegase, y los mexicanos votaron por Amlo a quien ya Felipe Calderón le había birlado la presidencia en 2006 con una ingeniería electoral envidiable manejada por su cuñado Juan Ignacio Zavala. Aparte de estos casos que relato, hay muchos más, pero me limita el espacio de esta colaboración.

También erró Peña Nieto con sus imberbes gobernadores como Javier y César Duarte, Roberto George, Rodrigo Medina, de Nuevo León, y otros malandrines peores que estos tres, quienes a su decir representaban a una nueva generación de políticos. Para vergüenzas no gana el Pri con tales sujetos.

No dilata en tocarle turno al presidente López Obrador, quien con su dedito mágico al más puro estilo del viejo Pri, intentará colocar a los suyos en las 15 gubernaturas en disputa del año próximo. En esas anda ya. Luego lo hará en el 2024 para intentar dejar un sucesor afín a la 4T. Veremos qué tanta puntería tiene.

Tendrá que hacer un gran análisis pues a veces la gente más popular no resulta ser la más efectiva para gobernar. Ejemplos sobran en nuestra república a nivel de presidentes y gobernadores.

Yo le pido que dedique a Colima un tiempo especial en los juicios que hará y en la determinaciones que tomará. No te vayas a equivocar, presidente. A ojos de buen cubero, su partido es el favorito, pero tiene la opción de seleccionar al personaje más capaz, con el mejor perfil, de entre al menos una terna. En esa decisión no deben primar los afectos, no porque estos sean malos sino porque influyen a veces en decisiones trascendentes que pueden lastimar a todos.

Ahora bien, si se equivocara en tan importante determinación para Colima, los ciudadanos tendrán la oportunidad de cambiar con su voto los deseos presidenciales.

Yo solo pido que si la candidatura de Morena se otorga a una mujer y esta gana la elección, no replique en el ejercicio del poder el talante autoritario de Griselda Alvarez. Yo, con eso me doy. . . .