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Ajustes al salario mínimo 2015 y perspectivas del ingreso de los trabajadores

Por? Dr. Juan González García

La semana pasada, finalmente se dio a conocer que la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CONASAMI) aprobó que se homologuen las zonas A y B a finales de año, para que no exista más una regionalización del salario mínimo en el país. También dio a conocer que este finalmente se habrá de ajustar a $70.10 pesos a partir de octubre del presente, si las condiciones lo permiten, iniciando en abril el primer ajuste gradual que concluirá en octubre.

¿Qué significa esto? Que la presión y la concienciación social, finalmente se impone a la negativa de no hacer ajustes a dicho mini salario, pues en los hechos, se ajustará el salario mínimo nacional al que impera desde principios de este año en el Distrito Federal. O bien, que finalmente las cúpulas del poder, es decir los sectores obrero, patronal y de gobierno, fueron conscientes del ridículo ingreso de los trabajadores.

Independientemente de cuál sea la explicación, lo cierto es que dos cosas positivas han salido de la presión política y social que se generó en 2014 acerca del debate al salario mínimo; la primera: que finalmente se elimine la regionalización del país y se tenga un sólo salario mínimo, pues el costo de la vida, es prácticamente el mismo en todo el país, en lo que se refiere a mínimos de precios de productos básicos.

Segundo, que el salario mínimo, por fin registra un incremento real por encima de la inflación, el cual, aunque aún está muy lejos de un salario suficiente, que sea fiel reflejo de la productividad del trabajo y de la competitividad, sí parece un primer indicio de que el gobierno, por fin hará algo en favor de la clase trabajadora, ya que en las últimas décadas, sólo ha habido discursos y promesas de una mejora sustancial en los ingresos de la clase trabajadora, pero a la hora de hacer efectiva la promesa, se encontraba con el trillado discurso de que la productividad del trabajo no daba para sostener un incremento por encima de la inflación.

El hecho es positivo también, porque de alguna manera, permitirá elevar el nivel de consumo de los trabajadores, quienes accederían en mayor cuantía o bien, a comprar bienes que por su precio inaccesible, habían salido de la canasta del consumo obrero. No obstante el efecto positivo anterior, pienso que el mayor efecto será sobre la credibilidad de la población y clase trabajadora hacia las autoridades económicas y el gobierno, pues al darse el ajuste gradual, se verá que en efecto, existe voluntad y decisión del gobierno para, finalmente, realizar acciones concretas que mejoren el ingreso salarial de la clase trabajadora.

De confirmarse que en realidad podría darse un giro en la política salarial del gobierno, entonces, es posible esperar que 2016 marque el año con el que se inicie un proceso gradual de recuperación del poder adquisitivo perdido en las últimas tres décadas por los trabajadores y que México pudiera entrar a una fase de crecimiento incluyente y distributivo del ingreso. Esto, lejos de generar efectos dañinos, contrarrestaría los efectos de la desaceleración de la economía internacional, y en dado caso, de generar algún posible efecto inflacionario, en épocas de tasas de interés bajas, daría pie a nuevos planes de expansión de los negocios, dado que un precio al alza, pero con estabilidad de las principales variables micro y macroeconómicas, permite crear planes de expansión de la capacidad instalada.

Por donde quiera que se vea, de no ser vuelo de un sólo día, las expectativas de ingresos salariales futuros para la clase trabajadora, se verían incentivadas al alza y ello, ayudaría para que muchas de las necesidades básicas insatisfechas en el pasado, empiecen a ser finalmente atendidas y que ello propicie que inicie la desaparición de enfermedades asociadas a la falta de ingesta de determinado tipo de alimentos, necesarios por sus propiedades nutritivas, pero inaccesibles, por sus precios de mercado.

Sin echar las campanas al vuelo, se esperaría que, a partir del año próximo, se reflexione acerca de los beneficios más que de los perjuicios de los ajustes graduales a los ingresos de los trabajadores, pues México es uno de los pocos países de América Latina, en donde los salarios de los trabajadores no reflejan ni el costo de la vida, ni mucho menos reflejan el nivel de productividad de los mismos.

Para que sea una realidad, la recuperación de los ingresos salariales de la clase trabajadora, será necesario que continúe el debate en torno a los impactos que se generan y no que se acallen estos, por lo recientemente anunciado, no. Por el contrario, es justo ahora cuando más se debe debatir en torno al tema, pues no debe olvidarse que los países en donde hay mayor productividad y ésta es base de mejorías económicas, es en aquellos países en donde mejor se remunera al trabajo, pues se sabe que un trabajador observa cómo su esfuerzo y dedicación a sus actividades laborales es recompensado con pagos justos, y es además, donde se presenta de manera más recurrente el círculo virtuoso de mejora salarial, mayor productividad y aumento de la competitividad nacional.

 

*Dirección General de Divulgación Científica de la Universidad de Colima

 

 

 

 

 

 

 

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