¿Cómo prevenir la infoxicación ante eventos alarmantes?
Por: César Augusto GARCÍA AVITIA
En Colima hemos vivido recientemente jornadas marcadas por bloqueos carreteros, incendios de vehículos y negocios, así como otros actos criminales derivados de operativos de seguridad para capturar a líderes del crimen organizado.
Más allá del impacto inmediato en la movilidad y la seguridad, estos eventos producen otra consecuencia menos visible pero igualmente relevante: una avalancha de noticias, videos, rumores y mensajes reenviados que circulan sin descanso por redes sociales y servicios de mensajería. En cuestión de horas, estamos expuestos a imágenes violentas reales, versiones contradictorias y cadenas alarmistas que intensifican la sensación de amenaza. En este contexto, hablar de infoxicación es hablar de salud mental y responsabilidad colectiva.
La infoxicación es la sobrecarga de información que rebasa nuestra capacidad de procesarla de manera crítica y equilibrada. No se trata solo de “muchas noticias”, sino de información repetitiva, emocionalmente intensa y, con frecuencia, no verificada. Su principal causa es el entorno digital actual: algoritmos que priorizan lo impactante, competencia mediática por la atención y la facilidad para reenviar contenido sin comprobarlo. A ello se suma nuestra propia disposición psicológica: los seres humanos prestamos más atención a lo que amenaza nuestra seguridad. El miedo activa nuestros sistemas de alerta y nos impulsa a buscar más información, aunque esta no siempre nos aporte claridad.
Los efectos de la infoxicación pueden ser varios. A nivel emocional, aumenta la ansiedad, el enojo y la sensación de inseguridad. Con respecto a nuestro pensamientos, dificulta la concentración, favorece las ideas catastróficas y debilita el juicio crítico. Cuando la exposición es constante, puede alterar nuestra percepción de la realidad: comenzamos a sentir que el peligro es omnipresente, incluso cuando los hechos violentos son focalizados. También puede producir desensibilización, es decir, una respuesta emocional cada vez más apagada ante la violencia.
¿Cómo identificar que estamos infoxicados? Hay algunas señales claras: necesidad compulsiva de revisar el teléfono, dificultad para dejar de leer noticias perturbadoras, cambios de humor después de consumir contenido informativo, sensación persistente de amenaza y agotamiento mental. Si la información ya no nos ayuda a comprender mejor la situación, sino que solo incrementa la angustia, probablemente hemos cruzado el límite entre estar informados y estar saturados.
Algunas acciones concretas pueden ayudarnos a prevenir la infoxicación: establecer horarios específicos para informarnos y evitar la exposición continua; elegir fuentes confiables y contrastar la información antes de compartirla; desactivar notificaciones innecesarias; limitar el consumo de imágenes explícitas de violencia; y practicar pausas conscientes antes de reaccionar o reenviar contenido. Preguntarnos “¿esto aporta claridad o solo incrementa el miedo?” puede marcar una diferencia significativa.
En tiempos de crisis, informarse es un acto ciudadano. Pero hacerlo con equilibrio, criterio y cuidado es también un acto ético. Prevenir la infoxicación no implica ignorar lo que ocurre, sino aprender a gestionar la información de manera responsable, para proteger nuestra salud mental y contribuir a un entorno digital más sereno y consciente.
César Augusto García Avitia
Profesor Investigador de Tiempo Completo de la Facultad de Psicología de la Universidad de Colima.
Licenciado en Psicología, Maestro en Psicología Aplicada, Maestro en Bioética y Doctor en Psicología.
Contacto: garciaavitia@ucol.mx



















