El pez sin el agua
Por: Rubén PÉREZ ANGUIANO*
Cuando una organización delictiva pierde la cabeza el cuerpo se retuerce, los antiguos eslabones se vuelven unidades delictivas autónomas, el potencial de fuego se libera y durante un largo periodo las cosas se complican. Sí, pero ni hablar, se hace lo que debe hacerse y punto.
Sin embargo, una extraña opinión que sigue circulando por allí señala que la culpa de nuestros actuales niveles de inseguridad es por la decisión eventual de combatir a los grupos delictivos.
Así se dice, por ejemplo, del expresidente Felipe Calderón: que sólo alborotó al avispero, que no midió los resultados, que es su culpa lo que enfrentamos en estos días por atreverse a combatir al narcotráfico. No es broma, se lo escucho decir a personas con un relativo (y aparente) buen nivel educativo. La repiten, también, algunos altos directivos institucionales en el país cuando quieren descalificar a su villano favorito.
Según esta curiosa opinión a los dirigentes de los grupos criminales se les debe dejar en paz, porque si los atacas todo se descompone y resulta peor.
Siguiendo ese argumento (suponiendo que lo es) resulta preferible:
- Dejar en paz a los grupos delincuenciales y permitir que sigan haciendo de las suyas sin límite alguno.
- Admitir que los sicarios maten a placer a quien se les antoje.
- Abandonar negocios y personas a la extorsión.
- Regalarles abrazos y no tocarlos ni con el pétalo de una rosa.
- Mirar hacia otro lado mientras destruyen a la sociedad y más aún…
Todo ello justificado porque si los combates las cosas serán peor y el país sufrirá las consecuencias.
Esas opiniones se repitieron, en fecha reciente, cuando se atrapó a Ismael Zambada, el famoso “Mayo”. Del lado gubernamental se dijo que la actual situación caótica de Sinaloa era resultado directo de ese operativo y, de hecho, el expresidente Andrés Manuel señaló que el gobierno norteamericano era “corresponsable” de la ola de violencia que siguió en esa entidad.
Argumentos de ese tipo hacen suponer que una región gobernada por la ilegalidad sería mejor y más estable que la gobernada por la ley y las instituciones. Eso es absurdo. No es que las cosas funcionen mejor para la sociedad cuando dominan los grupos ilegales y no se les combate. Funcionan mejor las cosas para esos grupos y nada más.
En fin, siempre me pareció tal opinión como una expresión cómoda pero fuera de la realidad.
En todo caso, es como ver la putrefacción en un árbol frutal y reaccionar dejándolo así, porque si combates la infección todo resultará peor. Digo, no se necesitan muchos sesos para descubrir que tal posición llega con facilidad al territorio de lo irracional.
Por eso, el operativo contra uno de los grandes líderes delictivos del país era necesario. No se podía permitir que siguiera operando sin límites. Ello iría en contra de la misma noción del Estado.
Si una agrupación delictiva cercenada se radicaliza y fragmenta en pequeñas unidades —cada una dotada de su propia peligrosidad—habrá que seguir una estrategia para combatir esos retazos, pero sería ilógico dejarla en paz por temor o excesiva previsión.
Eso sería, en todo caso, irreal y sin sentido. En México ya estamos cansados de tales espantapájaros.
*Rubén Pérez Anguiano, colimense de 57 años, fue secretario de Cultura, Desarrollo Social y General de Gobierno en cuatro administraciones estatales. Ganó certámenes nacionales de oratoria, artículo de fondo y ensayo. Fue Mención Honorífica del Premio Nacional de la Juventud en 1987. Tiene publicaciones antológicas de literatura policíaca y letras colimenses, así como un libro de aforismos.




















