DISLATES
Por: Salvador SILVA PADILLA
Por: Salvador SILVA PADILLA
I
Cierto algoritmo, que me conoce a mí mejor que yo, con frecuencia me despierta con notas que alimentan mi curiosidad y terminan por arruinarme el café y el día.
I
Cierto algoritmo, que me conoce a mí mejor que yo, con frecuencia me despierta con notas que alimentan mi curiosidad y terminan por arruinarme el café y el día.
Así, me apareció una entrevista al Premio Nobel de Física 2004, David Gross, quien –según la primera nota que leí– sentenciaba que las probabilidades de que la humanidad sobreviva en los próximos 50 años,son escasas. Alarmado, decidí buscar otras fuentes y, por supuesto, descubrí que esa nota exageraba: pues lo que el estudioso de los quarks en realidad dijo es que la probabilidad se reducía a 35 años. Aquí algunos extractos de la entrevista:
“Es una estimación aproximada. Incluso después del fin de la Guerra Fría, cuando teníamos tratados de control de armas estratégicas, –que ya no existen–, se estimaba que había un 1% de probabilidad de guerra nuclear cada año. Ahora, la situación ha empeorado muchísimo en los últimos 30 años”, y explica:
“Ya no existen tratados. Estamos entrando en una increíble carrera armamentística. Tenemos tres superpotencias nucleares y se habla del uso de armas nucleares (…) Hay una guerra importante en pleno desarrollo en el centro de Europa. Estamos bombardeando Irán. India y Pakistán estuvieron a punto de entrar en guerra. Eso ha aumentado la probabilidad”.
Así que, si el lector está ahorrando para viajar al planeta Marte en el 2062, mejor gástese el dinero asistiendo a ver el partido Mozambique–Islas Aleutianas (o cualquiera parecido); o bien, en chicles o en el mezcal que más le agrade.
La evidencia encontrada por Gross es contundente: “Las cosas han empeorado tanto en los últimos 30 años, como se puede ver cada vez que se lee el periódico”. Seguramente mucha gente está de acuerdo con dicho planteamiento y esa sea la causa principal de que se esté dejando de leer los diarios. El problema es que esa actitud si bien te ahorra en visitas al psicólogo o en medicinas, no resuelve de raíz el problema.
Así, a partir de la atenta lectura del periódico, el buen David aplicó el conocimiento que tiene sobre los quarks y demás partículas subatómicas y lo aplicó a la especie Homo sapiens. Aquí preciso: Gross no pretende emular a Nostradamus, sino que utiliza estrictamente las leyes de la probabilidad. Como esta columna no está dirigida a especialistas en matemáticas ni en cálculo infinitesimal –y un servidor, lo es menos aún–, no me detendré a explicar estos detalles, auténticas minucias. Lo que sí haré es proceder a enunciar las tres causas por las que Gross y un servidor consideramos inminente el Apocalipsis.
El primer factor es el cambio climático, pues con los cataclismos que acarrea, desatará sequías, deshielos, inundaciones, hambrunas; todo ello propiciará que poblaciones enteras emigren a lugares menos inhóspitos, lo que provocará conflictos regionales e internacionales.
La segunda causa es la mala calidad con la que nos están saliendo los líderes mundiales hoy en día. Aquí entiendo por líder mundial a todo aquel presidente o primer ministro que tenga a su alcance un botón –en las películas suele ser de color rojo– que, al apretarlo, haga que salgan disparados misiles nucleares para todos lados.
Y el tercer problema es la Inteligencia Artificial. Gross lo explica de la siguiente manera: “Si tienes 20 minutos para enviar cientos de misiles con ojivas nucleares a China y Rusia por nuestro querido presidente (Trump), los militares podrán pensar que es más sensato dejar que la IA tome esa decisión. Pero si juegas con esta, sabrás que a veces tiene alucinaciones”. Y con una vez que alucine la IA nos basta y sobra.
II
Por cierto, la primera ocasión que escuché la palabra quarks (más bien, leí) fue en el libro Una Breve Historia de casi todo, de Bill Bryson. Allí explica que Murray Gell-Mann en 1963, bautizó a las partículas subatómicas que descubrió como quarks, palabra que tomó del trabalenguas sin traducción al español: Three quarks for the Muster Mark!, de Finnegans Wake de James Joyce. ¡Y pensar que todavía hay idiotas que creen que la literatura no sirve para nada!
“Es una estimación aproximada. Incluso después del fin de la Guerra Fría, cuando teníamos tratados de control de armas estratégicas, –que ya no existen–, se estimaba que había un 1% de probabilidad de guerra nuclear cada año. Ahora, la situación ha empeorado muchísimo en los últimos 30 años”, y explica:
“Ya no existen tratados. Estamos entrando en una increíble carrera armamentística. Tenemos tres superpotencias nucleares y se habla del uso de armas nucleares (…) Hay una guerra importante en pleno desarrollo en el centro de Europa. Estamos bombardeando Irán. India y Pakistán estuvieron a punto de entrar en guerra. Eso ha aumentado la probabilidad”.
Así que, si el lector está ahorrando para viajar al planeta Marte en el 2062, mejor gástese el dinero asistiendo a ver el partido Mozambique–Islas Aleutianas (o cualquiera parecido); o bien, en chicles o en el mezcal que más le agrade.
La evidencia encontrada por Gross es contundente: “Las cosas han empeorado tanto en los últimos 30 años, como se puede ver cada vez que se lee el periódico”. Seguramente mucha gente está de acuerdo con dicho planteamiento y esa sea la causa principal de que se esté dejando de leer los diarios. El problema es que esa actitud si bien te ahorra en visitas al psicólogo o en medicinas, no resuelve de raíz el problema.
Así, a partir de la atenta lectura del periódico, el buen David aplicó el conocimiento que tiene sobre los quarks y demás partículas subatómicas y lo aplicó a la especie Homo sapiens. Aquí preciso: Gross no pretende emular a Nostradamus, sino que utiliza estrictamente las leyes de la probabilidad. Como esta columna no está dirigida a especialistas en matemáticas ni en cálculo infinitesimal –y un servidor, lo es menos aún–, no me detendré a explicar estos detalles, auténticas minucias. Lo que sí haré es proceder a enunciar las tres causas por las que Gross y un servidor consideramos inminente el Apocalipsis.
El primer factor es el cambio climático, pues con los cataclismos que acarrea, desatará sequías, deshielos, inundaciones, hambrunas; todo ello propiciará que poblaciones enteras emigren a lugares menos inhóspitos, lo que provocará conflictos regionales e internacionales.
La segunda causa es la mala calidad con la que nos están saliendo los líderes mundiales hoy en día. Aquí entiendo por líder mundial a todo aquel presidente o primer ministro que tenga a su alcance un botón –en las películas suele ser de color rojo– que, al apretarlo, haga que salgan disparados misiles nucleares para todos lados.
Y el tercer problema es la Inteligencia Artificial. Gross lo explica de la siguiente manera: “Si tienes 20 minutos para enviar cientos de misiles con ojivas nucleares a China y Rusia por nuestro querido presidente (Trump), los militares podrán pensar que es más sensato dejar que la IA tome esa decisión. Pero si juegas con esta, sabrás que a veces tiene alucinaciones”. Y con una vez que alucine la IA nos basta y sobra.
II
Por cierto, la primera ocasión que escuché la palabra quarks (más bien, leí) fue en el libro Una Breve Historia de casi todo, de Bill Bryson. Allí explica que Murray Gell-Mann en 1963, bautizó a las partículas subatómicas que descubrió como quarks, palabra que tomó del trabalenguas sin traducción al español: Three quarks for the Muster Mark!, de Finnegans Wake de James Joyce. ¡Y pensar que todavía hay idiotas que creen que la literatura no sirve para nada!



















