TAREA PÚBLICA / Salvar a la niñez

(Es de alta prioridad rescatar a niños de la calle, víctimas de la falta de instrucción, alimento y atención ).

Por Carlos Orozco Galean

Los últimos tiempos han originado una involución en materia de protección a las poblaciones por parte de gobiernos insensibles y por la irrupción de fuerzas muy amplias y poderosas representadas por carteles en todo el mundo. Las legislaciones han ido a la zaga en adecuar las leyes a la realidad de cada pueblo y, mientras tanto, las amenazas de esos grupos han acrecentado la presencia de jóvenes y niños en sus actividades.

Esto se explica por el desdén de quienes dirigen a las naciones, simplemente esa no ha sido su prioridad. Les ha ocupado la mayor parte de su tiempo congraciarse con las fuerzas imperialistas que no ven más allá de sus intereses. Y promesas de reivindicación de los pobres van y vienen, pero pasan los sexenios y la pobreza sigue agrandándose, tal como ocurre en países centroamericanos e incluso en Brasi, donde gobernó la izquierda sin resultados espectaculares pues la pobreza continuó.

La pobreza alcanza en términos de gravedad el futuro de la niñez. En las migraciones, las familias huyen de sus lugares de origen con todo y sus hijos menores exponiéndolos a ser víctimas; en los campos, se sigue empleando a menores de edad, a los que se explota y miles de familias desintegradas suelen alimentar sin desearlo la participación de los menores en pandillas y carteles.

Recientemente, el Senado de la República exhortó a los titulares de las instituciones de seguridad pública federales, estatales y municipales a reforzar los planes, estrategias y programas para prevenir y erradicar el reclutamiento de menores de edad que tan luego pasan a las filas de la ilegalidad comienzan a relacionarse con el secuestro, la extorsión o para el cultivo de amapola, entre otras actividades que ponen en riesgo su integridad. Las plataformas de Internet se han convertido en una oportunidad para cooptar a menores.

En otro resolutivo, el Senado pidió a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana que refuerce las acciones en materia de ciberseguridad. México ocupa el primer lugar en ciberataques a instituciones financieras y nueve de cada 10 bancos en Latinoamérica, incluyendo nuestro país, sufrió este tipo de ataques durante 2018.

Asimismo, exhortó a los titulares de las Secretarías de Seguridad y Protección Ciudadana y de Comunicaciones y Transportes a fortalecer la seguridad en las carreteras, autopistas y vías ferroviarias en el país, a efecto de salvaguardar la seguridad y derechos de los usuarios pues están creciendo los delitos cometidos por agentes de la ley, léase Guardia Nacional.

Los niños y jóvenes son, pues, presas fáciles de grupos ilegales, quienes encuentran facilidades amplias para reclutarlos engañándolos con un futuro mejor cuando la verdad es que los invitan a vivir menos tiempo porque su actividad es sumamente peligrosa.

Un caso especial dentro de esa dinámica compleja, son los niños de la calle privados de atención familiar y protección de un adulto. Ellos mal viven en edificios abandonados usando cajas de cartón como cama, en estaciones en desuso o en cualquier rincón donde puedan dormir sin ser agredidos ni descubiertos por la policía. Es difícil encontrar una definición precisa que abarque la enorme variedad de circunstancias en las que esos niños de la calle viven día a día. Sus condiciones son muy heterogéneas, desde niños que pasan todo el día en la calle y duermen en casa, con unos padres poco capacitados para atenderle adecuadamente, a jóvenes totalmente independientes que establecen sus propios grupos sociales, o comunidades de drogadictos dedicados al robo u otros delitos.

Y a menudo los vemos ganándose la vida en cruceros haciendo piruetas acompañados a veces por sus padres o madres, pequeñines que no tendrán oportunidad de educarse y se dedicarán a lo mismo que sus progenitores: buscar el alimento bajo el sol ardiente en los cruces de avenidas más usadas por los automovilistas.

Si se dice que no hay mejor inversión en educación, salvar a los niños de su desgracia acercándolos al buen vivir, es una tarea impostergable aunque compleja del Estado.

Debe incentivarse la educación en general. Los padres que no han sido instruidos en instituciones escolares, tienen que recibir de algún modo una educación del Estado que los habilite como personas dignas y capaces de dirigir una familia, capaces de ser productivos y de orientar a sus hijos en una atmósfera de valores humanos.

Tiene que regularse el paternalismo inhibidor de las energías sociales. Es bueno atacar la pobreza y fomentar la igualdad y las oportunidades para todos distribuyendo fondos públicos, pero sin que eso signifique alentar la indiferencia de los diferentes grupos hacia mejores formas de desarrollarse y convivir. Salvar a los niños es una prioridad.