LAS CIGARRERAS DE COLIMA
Por: Noé GUERRA PIMENTEL
No lo hubiera imaginado, pero, como seguramente ustedes, me sorprendí con estos datos encontrados en el acervo del Archivo Histórico del Municipio de Colima (AHMC), concretamente en expedientes del Estanco de Tabacos (1757-1840), instrumentos de los que, con fundamentos se deduce que la producción cigarrera de Colima tuvo 2 etapas: monopolio y liberalización.
La primera, como parte de la herencia virreinal del Estanco real del tabaco, cuyo monopolio se documenta desde 1765, como dependiente de Guadalajara sin producción local libre, derivado de una previa prohibición real de siembra, cuyo cultivo se limitó a 4 zonas de Nueva España: Córdoba, Orizaba, Huatusco y Zongolica, zonas aledañas al Pico de Orizaba en Veracruz.
Así, por orden de Carlos III, al entonces Partido de Colima, como a otras regiones de Nueva España, se le prohibió sembrar y procesar tabaco. Mandato que generó reacciones violentas en Guadalajara, Puebla, Oaxaca, Yucatán y también en aquel Colima. No obstante que a nivel local encontramos que en 1765 el Estanco de la villa de Colima reportaba un respetable inventario de cajetillas de cigarros y de tabaco en polvo, la fabricación fuerte estaba centralizada, el negocio se hacía en otro lado. La real Fábrica de Puros y Cigarros se fundó en 1769 en la Ciudad de México. Guadalajara tuvo fábrica a partir de 1778, cuando Colima dependía de esa Intendencia.
Lo que se mantuvo hasta 1856, cuando se liberó la producción al cerrar los estancos con Ignacio Comonfort en la presidencia, quien el 21 de enero de ese año decretó, que: “Se declara libre en toda la República desde la fecha de este decreto, la siembra, cultivo, elaboración, expendio y exportación del tabaco”. Con lo que sepultó el monopolio que hasta entonces y desde el establecimiento virreinal ostentaba el gobierno en cada faceta. Lo que tuvo sus efectos positivos en muchos lados, aunque “en el caso de Colima, durante la segunda mitad del siglo XIX, el procesamiento del cultivo del tabaco no fue determinante en la economía del estado”.
Habría que preguntar ¿por qué no se aprovechó? Porque ya Colima aprovechaba otros cultivos más rentables: “La incorporación de servicios primarios como el café, frijol, naranjos, limones, azúcar, coco, maíz y plátano, por mencionar algunos, que conquistaron terreno en la industria agrícola”. El puerto y la agricultura tropical le ganaron al tabaco que, para este tiempo y para atender la demanda doméstica, cultivado por indígenas de Michoacán, llegaba en recuas de mulas y atajos de burros provenientes de: Chacalapa, Aguililla, Chinicuila, Maquilí, Coalcomán y Aquila y, de aquí cerca, de: El Cóbano, El Parián, San Antonio y Comala.
A la par de varias casas cerilleras, radicadas en la capital del Estado, en esta ciudad hubo también una veintena de talleres de cigarros y puros, reconocidos por su alta calidad, con marcas como: La Mexicana, La Patria, El Pajarito, La Fama, La Independencia, La Central, Los Volcanes, La Libertad, El Vapor, La Atrevida, El Chato, La Malinche, La América, La Sultana y La Campesina, entre otras, que empleaban principalmente a mujeres como “torcedoras de tabaco”, reconocidas por su habilidad al alcanzar hasta 4 tareas al día, cada una de 2000 unidades; según cita Hernández Espinoza, Francisco.
A nivel nacional, el tabaco fue de las mayores fuentes de ingresos de la Corona hasta finales del s. XVIII, aún a principios del XIX la capital de Nueva España tenía 1,712 cigarreras, muchas de las cuales sobrevivieron hasta 1895. Colima, con poca población en el s. XIX, y con el puerto abierto al Pacífico, la economía jaló más por el comercio y los textiles. Colima pasó de la prohibición a la libertad tabacalera, precisamente cuando como producto ya no era tan rentable.
Si bien Colima no desarrolló la industria cigarrera, fue por razones ajenas y, cuando pudo, porque la vocación comercial de la agricultura se fue a otros productos, tenemos claro que sí hubo producción de tabaco de calidad y elaboración de cigarros y puros, aunque nada comparable con Orizaba, Veracruz o la capital del país, lugares donde por políticas centralistas se favoreció su proceso y comercialización.




















