PARA PENSAR
Por: Carlos M. HERNÁNDEZ SUÁREZ
A nivel mundial surgen las protestas contra lo que ya es un evidente apoyo a la selección argentina. Dado que yo no soy comentarista de fútbol ni mi sustento depende de que la FIFA no me vete, puedo decir mi opinión abiertamente.
Recuerdo programas en vivo de varios mundiales en los que José Ramón Fernández y su equipo comentaban y criticaban duramente a la FIFA, a los árbitros, a los jugadores o a quien fuera. Ahora esto ya ni siquiera es posible. Las demandas de la FIFA pueden ser tan graves que pueden vetar a un periodista por el resto de su vida y dejar al canal de televisión o al periódico sin presupuesto para pagar una demanda.
Estoy en la envidiable posición de poder decir mi opinión, que estoy seguro no está muy lejos de la realidad. Brevemente, trataré de explicar el porqué de ese apoyo, porque ya me cansé de escuchar cómo la gente se enoja ante este hecho y parece no saber de dónde viene. Simplemente aseguran que la FIFA apoya a la selección argentina —con lo cual coincido— sin saber por qué, como si fuera un fenómeno inexplicable de la naturaleza.
Primero, está Messi. Algunos dicen que es uno de los mejores jugadores del mundo. Yo creo que Messi es el mejor jugador que ha dado el mundo, por mucho, y que, cuando él se retire, pasará muchísimo tiempo antes de que el fenómeno se repita. Que Pelé, que Maradona, que Ronaldinho… Todos ellos tuvieron lo suyo, pero ninguno hizo de forma constante lo que Messi repetía con el Barcelona. Llevó la habilidad a terrenos de magia. Le faltó el liderazgo de Maradona, eso sí, para gritarles a sus compañeros, regañarlos, motivarlos y forzarlos a dar lo mejor. A él solo le importaba jugar fútbol, y no lo culpo. Desde mi punto de vista, es el mejor futbolista. Increíble.
El resto de la selección argentina es, como siempre, muy poderosa. Aun sin Messi y sin ayuda arbitral, está entre las mejores del mundo. Gente entregada, capaz. Cada jugador sabe cuál es su papel y dónde estarán sus compañeros en todo momento. Efectivos, rápidos. Punto.
La culpa no es de ellos. Mucha gente no sabe que, cuando juega Argentina, todos, absolutamente todo el mundo, encienden la televisión para ver qué hace ese fenómeno con el número 10. No existe país donde los niños y los adultos no se arremolinen para ver con qué magia sale Leo Messi, y eso vende mucho. Es un gran escaparate para la FIFA, que gana cientos, tal vez miles de millones de dólares en espacios comerciales cada vez que juega Messi. No es cosa menor.
¿Qué esperamos? La FIFA es un negocio. Las selecciones nacionales se llenan de jugadores de equipos privados; no son entidades públicas. Se les otorga la representación nacional en un momento dado, pero no son, en realidad, una selección que el gobierno constituya o siquiera autorice. Lo mismo sucede en todos los países. Cada vez que la selección argentina juega un partido más, la FIFA brinca de gusto y se hace más poderosa. La FIFA tiene más miembros que la ONU: 211 frente a 193. Así que no culpemos a Argentina, a la selección ni a Leo Messi. Ni siquiera a los árbitros. Eso es cuestión de la FIFA.
Sígueme para más explicaciones de fenómenos naturales en esta columna.



















