El disfrute de las exposiciones gráficas y escultóricas
Por: Salvador Alejandro OCHOA LÓPEZ
El pasado 29 de mayo, durante las horas vespertinas, 6 de la tarde aproximadamente, tuve la oportunidad de asistir a la exposición gráfica “Explorando el códice paisaje” de la autora María de los Ángeles Beltrán Navarro quien es acreedora al financiamiento bipartita del PECDA (Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico) emisión 2025 para el Estado de Colima, en aras por supuesto, de dar a conocer su producción a la sociedad regional por cierto, esperada con ansias, porque la artista es reconocida en el ámbito de las Artes Visuales lo cual le confiere un aura de autoridad en este ámbito, aunado a la respuesta que el público le brinda. Esta exposición fue llevada a cabo en el Centro Cultural “Juan Rulfo” en el municipio de Comala, ubicado en la cabecera de la zona misma está matizada magistralmente por la decoración rangeliana y estética, nociones de respeto patrimonial promovidas por la Dirección de Educación, Cultura y Deporte del H. Ayuntamiento de Comala (encabezada por el Arq. Edson Saúl Figueroa Cruz).
Recobrado el punto, la propuesta artística de Beltrán Navarro, consistió en crear una reinterpretación contemporánea de los antiguos códices mesoamericanos por medio de imágenes y símbolos inspirados en el paisaje colimense compuesta de 16 piezas (el ámbito natural, la exploración visual – ecológica – cultural, e incluso la columna histórica como composición temática). Su propósito fue difundir información sobre la biodiversidad y los ecosistemas del Estado desde revalorar el patrimonio natural y generar conciencia sobre la relación entre el ser humano, su entorno y el impacto de sus acciones en la naturaleza. Cada una de las piezas sublimó el paisaje del occidente mexicano y poetizó la urgente necesidad de conservarlo.
El pedagogo y psicólogo estadounidense John Dewey, publicó una obra académica bellísima llamada “El arte como experiencia” (1934), allí hace alusión al término de “naturalismo” como el factor determinante para volver (regresar) a lo evidente como es la tierra, el cielo, el agua, desde el vehículo de las artes visuales porque haciendo introyección en las mismas desde la naturaleza, es posible alcanzar el perfecto maridaje en donde el humano depende de los ritmos básicos de esta interacción como si fuese una especie de conjunto indisociable (no podemos separarnos de la naturaleza, porque somos parte de la misma); empero “Explorando el Códice Paisaje” nos llevó a los asistentes a este punto de comprensión meta – visual, para valorar a Colima, justo la médula ideal de la pedagogía democrática de Dewey, el arte siendo la expresión más alta de la sinergia estética – natural.
Después de este deleite, llegó otra incursión impresionante, pero esta vez producida por el artista Jonathan Osmar Barbosa Villarruel, igualmente talentoso acreedor al premio PECDA emisión 2025, forma parte del padrón de adquisidores junto con Beltrán Navarro y otras, otros más, aunque me permito aludir a Jonathan como perfil prominente de la escultura (lectoras, lectores, todos los pecdatarios son absolutamente increíbles artistas). Barbosa nos dio una lección vital acerca de que la tradición y la innovación pueden complementarse. Demostró los conocimientos cerámicos ancestrales y los recursos naturales del territorio, cómo las cenizas vegetales, podían recuperarse para crear propuestas contemporáneas, sostenibles y con identidad local. Su exposición llamada “Los colores del fuego” fue el 11 de julio a las 7:30 de la tarde, colocando su huella artística en el místico Centro Cultural “Juan Rulfo” igual que Beltrán Navarro lo hizo en mayo.
Su proceso se describe de la siguiente manera: estas fórmulas de esmaltes cerámicos se aplicaron en piezas de barro para obtener diferentes colores, texturas, brillos y resistencias (es perceptible, evidentemente, sus conocimientos en química). El proceso incluyó una investigación técnica, la elaboración de un recetario y la creación de objetos utilitarios inspirados en la vegetación local, buscó recuperar la tradición cerámica colimense y vincularla con nuevas posibilidades de creación mediante materiales naturales del territorio. Se llamó “Los colores del fuego” porque los colores, brillos y texturas de los esmaltes cerámicos surgieron mediante la acción del fuego a altas temperaturas. Las cenizas de plantas nativas de Colima se mezclaron con materiales minerales y, al alcanzar aproximadamente 1250 °C, se fundieron y vitrificaron sobre la arcilla.
En palabras de Dewey (1934) la escultura comunica el movimiento mediante energía muy delicada, por tanto, Osmar proyecta fielmente sus propuestas artísticas cual si mantuviesen la cinética de la dinámica plástica, el proceso químico – estético como una respuesta de transmutación.
María de los Ángeles Beltrán Navarro, a quien respetuosamente le mencionaría “La cartógrafa del paisaje”, y a Jonathan Osmar Barbosa Villarruel como “El alquimista vegetal”, ambos convirtieron el paisaje colimense en una experiencia artística contemporánea, retomaron saberes ancestrales (prehispánicos), los resignificaron en lenguajes actuales por medio del arte, y promovieron la valoración de la naturaleza, la identidad local y el patrimonio cultural de Colima. En uno, el paisaje se convirtió en imagen; en el otro, se convirtió en materia, color y textura. El nexo entre ambos proyectos encontró su núcleo cultural en la amalgama de distintas formas de sensorialidad.
PECDA representa una plataforma indispensable para impulsar la creación artística, fortalecer las trayectorias y acercar sus propuestas a la sociedad; sin embargo, su alcance (lo expongo desde mi punto de vista crítico – respetuoso) podría ser mucho mayor si contara con un presupuesto más amplio y con un número superior de estímulos. En Colima existe talento para sostener una vida cultural más diversa y constante, por lo que aumentar los recursos económicos destinados al programa permitiría respaldar más proyectos, aumentar la cobertura entre disciplinas y municipios, y evitar que propuestas valiosas se descarten únicamente por limitaciones financieras.
Mi respeto además de admiración a todas las, los artistas del Estado de Colima, la República Mexicana y el Mundo.
Es cuanto.
BIBLIOGRAFÍA
Dewey, J. (2008). El arte como experiencia (J. Claramonte, traducción y prólogo.). Paidós. (Obra original publicada en 1934). https://circulosemiotico.wordpress.com/wp-content/uploads/2012/10/dewey-john-el-arte-como-experiencia.pdf
Autor: Salvador Alejandro Ochoa López.
– Editor y diseñador de la revista “HISTÓRICA” de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos (2025 – 2027).
– Miembro de la Asociación Colimense de Periodistas y Escritores (ex editor y diseñador de la revista “LA LUCIÉRNAGA” 2023 – 2026)
– Empleado sindicalizado (S.T.S.G.E) de Gobierno del Estado de Colima laborando en la Subsecretaría de Cultura.



















