COLIMA.- Mucho antes de que los puertos impulsaran el comercio regional o que las haciendas marcaran el desarrollo económico del occidente de México, la sal ya era uno de los recursos más valiosos de esta tierra. En torno a ella se construyeron rutas comerciales, se desarrollaron comunidades, se mezclaron culturas y surgió una tradición que más de cinco siglos después sigue viva en las Salinas de Cuyutlán.

Esta historia fue abordada durante el conversatorio “Historia de la Sal”, realizado en el marco del INAHFest Colima 2026, donde investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y representantes de la Sociedad Cooperativa de Salineros de Colima compartieron la importancia histórica, económica, cultural y social de uno de los productos más emblemáticos de la entidad.

Durante la charla, la investigadora María Irma López Razgado destacó el legado del historiador Juan Carlos Reyes Garza, considerado uno de los principales estudiosos de las Salinas de Cuyutlán, cuya obra permitió rescatar del olvido una parte fundamental de la historia regional.

Explicó que la sal fue una sustancia estratégica desde tiempos prehispánicos. Su producción no solamente abastecía a las comunidades locales, sino que formaba parte de redes comerciales que conectaban a Colima con otros territorios mesoamericanos.

“La sal era una fuente clave de riqueza y abastecimiento. Se intercambiaba como producto valioso, se tributaba y permitía el desarrollo de diversas actividades económicas”, señaló la investigadora.

Un recurso que moldeó la historia

La importancia de la sal se incrementó con la llegada de los españoles. De acuerdo con los especialistas, el llamado “oro blanco” fue esencial para diversos procesos productivos durante la época colonial.

Tonantzin Medina García explicó que este mineral era indispensable para la purificación de metales, por lo que jugó un papel fundamental en la economía novohispana.

“Los españoles llegaron buscando oro y encontraron sal. Reconocieron inmediatamente el valor de este recurso y se convirtió en una de las razones de permanencia y desarrollo en la región”, comentó.

La investigadora añadió que la relevancia histórica de la sal también puede observarse en el lenguaje y la tradición oral de los pueblos mesoamericanos.

Durante sus investigaciones encontró que existen numerosos vocablos relacionados con la sal en distintas variantes del náhuatl, lo que demuestra la importancia que tenía este recurso para las comunidades indígenas.

En Colima, una de las palabras que aún permanece en la memoria colectiva es “Istatl”, término utilizado para referirse a la sal desde tiempos antiguos.

Un punto de encuentro entre culturas

La historia de las Salinas de Cuyutlán también refleja los procesos de mestizaje que dieron forma a la sociedad colimense.

Los investigadores señalaron que, además de la población indígena, en las labores salineras participaron personas de origen africano que llegaron a la región durante el siglo XVI.

Documentos históricos revisados por Juan Carlos Reyes muestran cómo indígenas, afrodescendientes, mulatos y españoles convivieron en torno a la producción de sal, construyendo una dinámica social única en el occidente mexicano.

Aunque inicialmente existieron diferencias y jerarquías impuestas por el sistema colonial, con el paso del tiempo estas comunidades compartieron conocimientos, tradiciones y formas de trabajo que permanecen presentes hasta nuestros días.

La sal y sus significados en la vida cotidiana

Más allá de su valor económico, la sal ocupa un lugar especial dentro de las creencias y costumbres populares.

Tonantzin Medina recordó que durante generaciones las familias mexicanas han transmitido una serie de prácticas relacionadas con este producto.

“No se debe regalar la sal, no debe acabarse en la cocina, no se pasa de mano en mano y no se tira a la basura”, relató al explicar algunas de las creencias asociadas con la abundancia y la prosperidad.

La investigadora señaló que la sal también aparece en rituales religiosos, funerarios y de protección espiritual. Incluso forma parte de las ofrendas del Día de Muertos y de expresiones populares que siguen vigentes en la actualidad.

Estas prácticas demuestran que la sal no es solamente un ingrediente culinario, sino un elemento cargado de simbolismo que forma parte de la identidad cultural de numerosas comunidades.

Más de un siglo de organización

Uno de los aspectos más destacados del conversatorio fue el reconocimiento a la Sociedad Cooperativa de Salineros de Colima, organización que supera ya los 101 años de existencia.

Luis Miguel Valdovinos Cernas, secretario de Administración de la cooperativa, explicó que mantener viva esta actividad ha sido posible gracias al trabajo colectivo y al conocimiento heredado de generación en generación.

Recordó que antiguamente la extracción de sal requería técnicas completamente artesanales. Los trabajadores construían filtros conocidos como “tapextles”, utilizaban madera, ixtle, carbón y arena para obtener la salmuera, mientras otros especialistas preparaban las eras donde cristalizaba la sal bajo el sol.

Aunque los procesos han evolucionado con el tiempo, el trabajo continúa dependiendo de las condiciones climáticas y de la experiencia de los salineros.

Récord histórico de producción

Actualmente la cooperativa atraviesa uno de los mejores momentos de su historia.

Valdovinos informó que en 2023 y 2024 se produjeron aproximadamente 36 mil toneladas de sal por año, mientras que en 2025 la cifra aumentó a 47 mil toneladas.

Para este 2026, la meta es alcanzar las 55 mil toneladas, lo que representaría un nuevo récord histórico para la organización.

El dirigente explicó que la demanda ha crecido de forma considerable y que incluso la producción se está comercializando más rápido de lo esperado.

Además de la tradicional sal de grano, la cooperativa comercializa sal gourmet y flor de sal, esta última considerada un producto de alta calidad debido a su composición mineral y creciente demanda en mercados especializados.

Un patrimonio vivo

Los participantes coincidieron en que las Salinas de Cuyutlán representan mucho más que una actividad económica.

Se trata de un patrimonio cultural vivo que conserva conocimientos ancestrales, fortalece la identidad regional y mantiene una relación estrecha con el paisaje natural de la laguna.

“Es la mejor sal del mundo”, afirmó Valdovinos al invitar a la sociedad a difundir el valor histórico y cultural de este producto que ha acompañado a Colima desde tiempos prehispánicos.

A través de exposiciones, investigaciones, publicaciones y encuentros como el realizado en el INAHFest, especialistas y salineros buscan que las nuevas generaciones comprendan que detrás de cada grano de sal existe una historia de trabajo, resistencia y tradición que continúa escribiéndose en las costas colimenses.

INAHFest Colima abre sus puertas con tres días de actividades para celebrar el patrimonio cultural

Derechos Reservados AF