La angustiosa causa de este ambiguo relato de Roberto Nieto o La vida es un viaje en camión

Dislates
Por: Salvador Silva Padilla 

La novela La angustiosa causa de este ambiguo relato, de Roberto Nieto Pinto, es una metáfora en donde equipara el vivir con viajar en un camión urbano de Guadalajara -que bien podría ser también en Colima-.

Así, por ejemplo, quién  que no se haya subido a un camión repleto de gente, y que al pasar por una secundaria, el poco espacio y el aún más escaso aire puro que aún perdura,  sean tomados por asalto por una horda de energúmenos adolescentes,  te hace reflexionar sobre lo triste y baladí que es la vida… y en el momento preciso en el que empiezas a sumergirte en una de tus depresiones cotidianas, resulta que en la siguiente esquina se sube al camión, una muchacha que sabes bien que ella puede ser el amor de tu vida.

Y mientras ella se sienta justo a un lado de donde tú estás parado… y además se desocupa el otro asiento, piensas que por fin el universo te sonríe y empiezas a imaginar, embelesado, que la vida a pesar de Trump es bella y te imaginas un futuro color de rosa…: con casa, auto, familia y dos hijos incluidos(*): (NOTA ACLARATORIA PARA la generación Z) en la antigüedad los hijos que bien podían llamarse Tardanza o Cuchufleta usurparon el lugar que hoy justamente ocupan los Cachis, Welchis, Vitos, Tostitas, Foscas y  Tunflas.

Continúo con la descripción: estaba en que te imaginabas el futuro de un rosa asqueroso, cual pastel de quinceañera,  cuando por andar papaloteando, un enano sale de quién sabe dónde, se agandalla el lugar y, además, se ríe de ti y enfrente de ti. Ese futuro de sueño burgués se derrumba y no te queda de otra que irte al fondo del camión a rumiar  tu derrota.

Ya del otro lado  del camión, lo mismo te encuentras con una vendedora de todo tipo de productos chinos, con cuyos materiales logras construir un panóptico, sí, un ojo que todo lo ve, para que la gente, al sentirse vigilada,  empiece a portarse bien… y tienes éxito, hasta que la gente se acostumbra a ello y ese panóptico -que haría las delicias de Foucault-, termina arrumbado como un gigantesco bote de la basura.

Y de pronto en otro salto cuántico narrativo, provocado, no sé si por el autor o porque el camión que te llevaba por la Galván, en lugar de detenerse frente a la Casa de la Cultura, en un arranque estético decide llevarse por delante a todos los faros -mejor conocidos como adefesios-, que se encuentra por el camino.

Y ese salto cuántico narrativo te conduce posteriormente desde Tomás de Aquino, pasando por Maquiavelo y  Bentham hasta los diferentes filósofos contemporáneos cuya característica fundamental es que todos son de Europa del Este… todas las vocales de sus apellidos se encuentran rodeadas (sitiadas sería la palabra exacta)  entre  Zetas, eSes, Ches y V chicas… todos afirman al unísono que Shopenhauer era un optimista redomado y sus argumentos son aún más oscuros e ininteligibles que sus propios apellidos.

Pues bien, con todo esto y más, -mucho más-  se encontrarán cuando  lean La  angustiosa causa de este ambiguo relato.