SINALOA.- Mientras millones de personas en México y el mundo celebraban el inicio de la Copa Mundial de Futbol, una mujer en Mazatlán tenía una preocupación completamente distinta. No pensaba en resultados, selecciones o estadios. Pensaba en su hermana desaparecida. Pensaba en Cecilia. Pensaba en Cristina. Pensaba en todas las familias que siguen esperando el regreso de un ser querido.
Por eso, durante la madrugada, Nadia Margarita Berrelleza Flores decidió aprovechar uno de los símbolos más visibles de la fiebre mundialista para lanzar un mensaje que buscaba sacudir conciencias. Armada con decenas de fichas de búsqueda, cubrió el balón monumental instalado en el malecón de Mazatlán con las fotografías de su hermana María Cecilia “China” Berrelleza Flores y de María Cristina Pérez Salas, desaparecidas desde julio de 2025.
Sobre el enorme balón colocó una frase que resumía el dolor de cientos de familias mexicanas: “El Mundial ya llegó… aún faltan dos”.
Las imágenes muestran el monumento prácticamente cubierto por los rostros de ambas jóvenes. Cada fotografía representaba una ausencia. Cada cartel era una forma de recordar que mientras miles de personas celebran un evento deportivo, existen familias para quienes el tiempo parece haberse detenido el día en que desapareció alguien a quien aman.
Sin embargo, la acción duró poco. De acuerdo con el testimonio de Nadia, en menos de 15 minutos elementos policiales acudieron al lugar y comenzaron a retirar las fotografías. En las imágenes compartidas posteriormente en redes sociales se observa cómo los carteles son arrancados mientras varias hojas terminan esparcidas sobre el piso.

La escena la marcó profundamente.
“Durante estos más de 10 meses he sido muy pacífica y sobre todo muy respetuosa en cada movimiento que hago tratando de no dañar a nadie. Hoy quise hacer algo diferente que se notara que aún faltan dos, sin embargo muy poco duró el gusto”, escribió.
La joven reconoció que probablemente muchas personas no compartan la manera en que decidió visibilizar la desaparición de su hermana, pero explicó que después de tantos meses de búsqueda el dolor y la desesperación terminan por rebasar cualquier cálculo.
“Sé perfectamente que a veces las personas hacemos cosas que están mal; sin embargo, cuando el dolor y la desesperación te invaden no controlas tus emociones”, expresó.
Después vino una frase que refleja la distancia que existe entre quienes viven una desaparición y quienes observan el problema desde fuera.
“Sé que para ellos es muy importante el Mundial, pero para mí es mucho más importante encontrarte”.
La historia de Nadia comenzó mucho antes de esta intervención en el malecón. Desde el 21 de julio de 2025, fecha en que desapareció Cecilia, su vida cambió por completo. Entre jornadas de trabajo, trámites ante autoridades, marchas, entrevistas y publicaciones en redes sociales, ha convertido la búsqueda de su hermana en una misión diaria.
Lo hizo durante el Carnaval de Mazatlán, cuando decidió marchar en medio de uno de los eventos más importantes del puerto. Lo ha hecho en calles, plazas y redes sociales. Ahora lo hizo aprovechando la atención mediática que genera el Mundial. Porque para una familia buscadora cualquier espacio es una oportunidad. Cualquier fotografía compartida puede llegar a la persona indicada. Cualquier mirada puede convertirse en una pista.
Pero la historia de Nadia no es solamente la historia de Cecilia.

Es la historia de miles de familias mexicanas que cada día salen a buscar. Madres que recorren brechas bajo el sol. Padres que pegan fichas de búsqueda en postes y paredes. Hermanos que convierten las redes sociales en un grito permanente para evitar que un nombre sea olvidado. Personas que aprenden a vivir entre la esperanza y el miedo.
En México, la desaparición de personas dejó de ser una estadística para convertirse en una realidad que atraviesa estados, ciudades y comunidades enteras. No distingue nivel económico, profesión ni edad. Puede tocar a cualquier familia y transformar para siempre su vida.
Por eso la frase “Aún faltan dos” trasciende a Cecilia y Cristina. En realidad habla de miles de ausencias. Habla de todas las personas que siguen sin regresar a casa y de todas las familias que continúan esperando una llamada, una pista o una respuesta.
Mientras el Mundial llena plazas, restaurantes y hogares de emoción, existen familias que siguen disputando otro partido, uno mucho más difícil y doloroso. Un partido que no tiene calendario, que no dura 90 minutos y en el que no hay celebraciones.
Es la lucha por encontrar a quienes faltan.
Y para ellas, el encuentro más importante todavía no termina.
Porque detrás de cada ficha de búsqueda hay alguien que se niega a rendirse. Alguien que sigue creyendo. Alguien cuyo corazón, como el de Nadia, continúa actuando aun cuando el cansancio parece imposible de soportar.
Y mientras exista esa esperanza, seguirán buscando.

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