“Espejismo” y “Es-Pejismo”
Por: Esteban HERRERA UGARTE

Un “Espejismo” es una ilusión óptica: uno cree ver agua en medio del desierto, hasta que se acerca y descubre que solo era calor deformando la realidad. En cambio, en México, el “Es-Pejismo”, es una ilusión política más sofisticada: uno cree ver resultados, transformación y soluciones históricas… hasta que aparecen los datos, los costos o la realidad cotidiana.

Pero a diferencia del “Espejismo” común, el “Es-Pejismo” tiene una peculiaridad: aunque la realidad lo contradiga, sus creyentes siguen viendo agua…Y en casos extremos, hasta dicen que la beben.

El “Espejismo” clásico engaña a los ojos; el “Es-Pejismo” suele engañar al juicio.

Por ejemplo, el “Es-Pejismo” prometió soberanía energética absoluta mediante la Refinería Dos Bocas. El “Espejismo” era producir más gasolina, depender menos del extranjero y recuperar orgullo nacional. El problema apareció cuando comenzaron los sobrecostos, retrasos y fallas operativas, y fue ahí cuando el “Es-Pejismo”  entró en acción: no son fallos, no son sobrecostos, no son retrasos, fue “…complejidades técnicas y la rapidez con que se construyó lo que hicieron inevitables ajustes de tiempo y presupuesto”.

El ”Espejismo” de la absurda promesa de tener un  sistema de salud “como Dinamarca” sobrevivió políticamente incluso cuando millones de mexicanos comenzaron a experimentar desabasto y hospitales saturados. Y el “Es-Pejismo” ocurre cuando la realidad rebasa a la promesa, cuando el paciente podrá no encontrar medicinas, pero siempre encontrará una explicación ideológica que le anestesie como la de “… que funcionarios, empresas y grupos afectados por los cambios sabotearon o dificultaron la nueva estrategia”.

En seguridad pública, aunque los homicidios, las desapariciones, el control territorial del crimen y el miedo cotidiano de millones de mexicanos no disminuya, el “Espejismo” distorsiona las cifras y el “Es-Pejismo” va todavía más lejos: porque el discurso insiste en que ahora hay “humanismo”, “contención” o “atención a las causas”. Y así, el país termina atrapado en una paradoja inquietante: más inseguridad, pero con superioridad moral incluida.

El “Espejismo” desaparece cuando uno se acerca a la realidad, y  el “Es-Pejismo” lo manipula para alejarse de ella.

México no necesita mesías que venda ilusiones con espejos,  quizá lo que requiere es un “Despejismo nacional”. El “Es – Pejismo” confunde lealtad con verdad; el “Despejismo” separa emoción y realidad. El “Es-Pejismo convierte errores en dogmas; el Despejismo vuelve a llamar errores a los errores. El “Es-Pejismo” idolatra; El “Despejismo” evalúa.

La prioridad nacional ya no debería ser la polarización, sino la desfanatización del debate público. Toda democracia necesita símbolos, liderazgos y esperanza, pero también necesita límites, autocrítica y memoria.

Y quizá el mayor triunfo del “Es-Pejismo” sea haber convertido la política en un espectáculo de ilusiones ópticas, como quien observa a un mago partir a la realidad por la mitad y luego pedir aplausos, porque “nunca antes se había partido con tanta honestidad”.

Al final, el verdadero peligro del “Es-Pejismo” no es que produzca fanáticos. El verdadero peligro es que termine produciendo ciudadanos incapaces de distinguir entre un proyecto de nación… y un truco con escenario mañanero.