El pez sin el agua
Por: Rubén PÉREZ ANGUIANO*
Me gustaría que el Tren Maya funcionara bien y fuera una obra de gran aliento para el desarrollo de la península. Por desgracia no es así. El tren costó demasiado y se impulsó casi por capricho, sin planeación ni viabilidad.
Eso se supo siempre, pero así se hizo. Como es costumbre con las obras impulsadas por el expresidente López Obrador, costó mucho más de lo proyectado: cerca de 500 mil millones de pesos (según algunos cálculos) y lo peor es que el gasto no se detiene. Se le debe invertir, al año, diez veces más de lo que ingresa. En 2024 reportó 275 millones de pesos en ventas de boletos y souvenirs, pero sus gastos operativos fueron de 2 mil 837 millones de pesos. A ese ritmo nunca podrá ser recuperable la inversión. A los que si les pareció redituable la obra fue a los hijos del expresidente, según las versiones periodísticas.
Hablando de trenes, también me gustaría que el Tren Interoceánico fuera una alternativa real para el transporte de mercancías y compitiera con el canal de Panamá, pero eso es una ilusión. Nació con un presupuesto de 20 mil millones, pero la inversión real ya se estima en más del triple: 62 mil millones. Además, ya cobró víctimas inocentes en un descarrilamiento donde la investigación resultó opaca. Por si fuera poco, siguen las sospechas de corrupción donde se involucra a los hijos del expresidente. No olvidemos que aquí, incluso, uno de esos afamados hijos estuvo al frente del proyecto.
Me gustaría que tuviéramos una Megafarmacia donde todas las carencias de medicinas pudieran ser atendidas y se resolvieran los problemas de abasto, pero no, todo fue un engaño, una mala broma, que para variar resultó muy costosa. Por si fuera poco, el gobierno federal eliminó todo rastro informativo de costos de inversión, mantenimiento anual, gastos de operación y más, contribuyendo a su opacidad. Obvio, la dichosa “Megafarmacia del Bienestar” no funciona y ni siquiera sirvió como almacén. Según los datos oficiales, antes de ser borrados, el desatinado proyecto costó unos 15 mil millones de pesos.
Me gustaría que la Refinería de Dos Bocas (Olmeca) funcionara generando combustibles que bajaran su precio en el país y sin sufrir accidentes que cobraran vidas, pero no, esta mega obra está más cerca del fracaso que del éxito. Para variar costó demasiado, mucho más de lo previsto (160 mil millones de pesos). Al final fueron unos 400 mil millones y lo que falta, pues siguen apareciendo fallas (derrames, incendios y otras cositas, con pérdida de vidas humanas y costos elevados). Por si fuera poco, sus fines siguen pendientes.
Me gustaría que no hubiera crecido hasta el absurdo la deuda pública de México, pero la verdad es que la deuda se multiplicó durante los últimos años, es decir, desde el arribo al poder del presidente Andrés Manuel. Eso nos coloca (de nuevo) frente al abismo financiero. El Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (el nombre técnico de la deuda pública nacional) se ubica en un 52.6% del PIB. Eso es una barbaridad. La deuda ya llegó a 18 billones 577 mil millones de pesos y seguirá creciendo. Al inicio del gobierno del presidente Andrés Manuel la deuda estaba situada en 10.5 billones de pesos, al final ya estaba en 17.4 billones (y eso que dijo que no se endeudaría). Cuando concluya el gobierno de Claudia Sheinbaum es posible que la deuda llegue a los 21.8 billones de pesos.
Me gustaría que la reforma del Poder Judicial hubiera resultado en una corte digna y confiable, es decir, que fuera uno de los factores de éxito para apuntalar el desarrollo institucional de México, pero no, todo indica que fue un fracaso. Fue una elección para capturar al Poder Judicial, no para “democratizarlo”. Un experimento muy caro, del cual tendrán que ser responsables históricos sus promotores y aplaudidores. Nada más con mirar las opiniones jurídicas de las ministras y ministros actuales se aprecia en lo que quedó convertido el pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Incluso se están dando resoluciones antagónicas a la propia Constitución. Además, el daño al sentido republicano del país (el equilibrio en el poder) es profundo. En lugar de más democracia nos asomamos a un despotismo partidista disfrazado de democracia electoral.
En fin, podría seguir y seguir.
Realmente me gustaría que no se acumularan tantos desengaños y que el país gozara de mejores expectativas hacia los siguientes años.
Con toda sinceridad, el rosario de fracasos y corrupción no me da alegría, por el contrario, me hace sentir miserable.
Así deberíamos de sentirnos todas y todos.
*Rubén Pérez Anguiano, colimense de 57 años, fue secretario de Cultura, Desarrollo Social y General de Gobierno en cuatro administraciones estatales. Ganó certámenes nacionales de oratoria, artículo de fondo y ensayo. Fue Mención Honorífica del Premio Nacional de la Juventud en 1987. Tiene publicaciones antológicas de literatura policíaca y letras colimenses, así como un libro de aforismos.




















