El pez sin el agua
Por: Rubén PÉREZ ANGUIANO*
El Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada concluyó, en reciente informe, que existen “indicios fundados” de que en México se cometieron y siguen cometiéndose desapariciones que podrían equivaler a “crímenes de lesa humanidad”, es decir, que lastiman y ofenden a la humanidad en su conjunto.
No pueden surgir dudas de esa percepción y ni siquiera se le puede acusar de exageración. Las desapariciones forzadas son numerosas —pavorosamente numerosas— y constituyen una de las expresiones más crueles de la inseguridad que domina amplias zonas del país.
Cada desaparición es un martirio para las familias, un dolor profundo que supera por mucho al duelo por fallecimiento, pues carcome cuerpos y espíritus con una angustia incesante marcada por la incertidumbre y la impotencia.
Nada más imaginemos el dolor de una madre o un padre frente a la desaparición de un hijo o una hija. Es algo imposible de narrar. Es un padecimiento infernal, una tortura constante que no admite reposo alguno.
Es, por desgracia, una realidad que padecen miles de familias mexicanas. En 2025 se reconocieron 14 mil personas desaparecidas. Es la cifra más alta de que se tenga registro. En los últimos 7 años desaparecieron un poco más de 70 mil personas. En la administración de Peña Nieto fueron un poco más de 32 mil y con Felipe Calderón casi 17 mil casos.
Las cifras de personas desaparecidas, por cierto, son motivo de una guerra absurda, como si cada una fuera una afrenta personal o una competencia política. De cualquier forma, las cifras allí están.
Considerando estos antecedentes, no se entiende que el gobierno de México reaccionara airadamente frente al citado informe del Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada.
Lo mínimo que se habría esperado es una declaración donde se reconociera la valía del documento o, en caso de ser necesario, se anotaran algunas precisiones adicionales. Pero no, la reacción institucional fue la descalificación y el rechazo.
Para el gobierno de México el informe ignoró “los avances institucionales logrados desde 2019 y en particular desde 2025”. Aquí puede preguntarse: ¿qué esperaban entonces?, ¿acaso un informe dedicado a las desapariciones donde se ofrecieran elogios a las grandes acciones del gobierno mexicano?
Sería un absurdo, claro, pero también una burla para miles de familias, esas familias que siguen con el alma en vilo esperando alguna noticia de sus seres desaparecidos.
Por si fuera poco, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos se sumó a la descalificación del citado informe, añadiendo su extraño hashtag “DefendamosAlPueblo”. Nada extraño si se recuerda el triste papel de esta comisión y de su titular en los últimos años.
Un aspecto del informe es digno de una reflexión adicional: si bien el texto toma nota de la postura oficial mexicana de que las desapariciones son perpetradas por grupos delictivos y no por agentes del Estado, también señala que algunos de los casos registrados apuntan a la participación directa de funcionarios públicos, sea mediante su “autorización, apoyo o aquiescencia”.
Eso también es indudable. Existen sólidas sospechas de la confabulación entre crimen y política, entre grupos criminales y figuras de la función pública. Cada día las evidencias se acumulan.
Algo es cierto, irrefutable incluso: el Estado mexicano está fallando en un tema esencial, la inseguridad, y sobre todo en una de sus expresiones más dolorosas y lesivas para los seres humanos, la desaparición de personas.
No puede existir al respecto indignación institucional. Eso no puede ser aceptable. La indignación debe ser de la misma sociedad, incluso de la humanidad.
*Rubén Pérez Anguiano, colimense de 57 años, fue secretario de Cultura, Desarrollo Social y General de Gobierno en cuatro administraciones estatales. Ganó certámenes nacionales de oratoria, artículo de fondo y ensayo. Fue Mención Honorífica del Premio Nacional de la Juventud en 1987. Tiene publicaciones antológicas de literatura policíaca y letras colimenses, así como un libro de aforismos.


















