ENSEÑANZAS DE LA HISTORIA

ENSEÑANZAS DE LA HISTORIA
Por: Noé GUERRA PIMENTEL

Pudiera leerse increíble, pero los escenarios de la historia suelen repetirse y México, nuestro país, desde antes de serlo como lo conocemos tiene sus pasajes; como aquel primero, el de la alianza de los pueblos indígenas que se unieron a los desconocidos castellanos para derrocar al enemigo común, el de los Mexicas o Tenochcas, que, por siglos les había violentado y subyugado y contra quienes se hicieron uno los totonacas de Cempoala, texcocanos, huejotizingas, xochimilcas y los de Chalco, entre otros del Valle y del Altiplano, sin omitir a los fieros tlaxcaltecas.

Igual que hace poco más de 170 años, cuando el llamado “seductor de la patria” (Serna, 1999), Antonio López de Santa Anna, quien luego de manejar el poder en tras el trono y directo por más de medio siglo, desde 1821 hasta 1854, desde golpista y perpetrador desde la monarquía a su intermitente presidencia, hasta que fue derrocado cuando se veía infalible desde su pedestal de “Alteza serenísima” con la república centralista, en la que, con el legislativo y el judicial sometidos y con sustitutos en el ejecutivo, la única opinión era la de él.

Fue el 1 de marzo (1854-1855) cuando con el Plan de Ayutla, los caciques regionales desde la corriente liberal como estandarte como cabezas de grupos antes enfrentados, olvidando diferencias y a nombre del estado de derecho, se unieron con el único fin de derrocar al dictador que, al paso, a la vez que había destruido a las pocas instituciones de la naciente república, controlaba las mínimas libertades gestadas con absurdas y caprichosas leyes, como la de impuestos por puertas y ventanas o por perros y caballos, carretas, etc. Él hacía lo que quería con una nación despojada y vulnerable, reconfigurada después de la separación de España.

Fue así como desde diferentes orígenes, intereses y convicciones, tras los liderazgos de Juan Álvarez e Ignacio Comonfort, se unieron figuras como Florencio Villarreal y los juristas Tomás Moreno, Trinidad Gómez y Rafael Benavides (redactores del documento) junto con Melchor Ocampo, por Michoacán; Benito Juárez, desde el exilio por Oaxaca; Gordiano Guzmán desde Jalisco; Epitacio Huerta y Manuel García, de Michoacán; Santiago Vidaurri, por Monterrey y Coahuila; Juan José de la Garza desde Ciudad Victoria por Tamaulipas; y, Vicente Vega, por San Luis Potosí y la Huasteca, para a sangre y fuego derrotar al déspota que, desde el Palacio Nacional o su hacienda dictaba  caprichos. Fenómeno, que se recuerde, se repitió contra Juárez, Porfirio Díaz y hasta contra el PRI.

Quizá aquí la pregunta sería ¿Y para qué unirse ahora y contra quién? Vale recordar dichos pasajes por lo que viene ocurriendo y es conocido en nuestro país y que la comunidad internacional ya ve con preocupación y pone sobre la mesa ubicando al actual gobierno como autócrata; según revela el principal organismo de credibilidad mundial en medición de la fortaleza democrática de los países, el Democracy Report, del Instituto Universitario de Gutenburgo, Suecia. Informe que establece 6 categorías para catalogar a los países acorde a sus condiciones democráticas. El más alto, o 1º Democracia liberal 2º Democracias electorales, 3º Democracias grises, 4º Autocracias grises, 5º Autocracias electorales y 6º Autocracias cerradas.

Según este mismo reporte, por la Reforma judicial, desde el 2024, nuestro país se ubicó como una “autocracia gris”, eso en 2024; pero para el 2025 siguió empeorando, pues para nuestra nación el estudio evidencia una tendencia a convertirse en “autocracia electoral”, la 5ª o penúltima, o sea, donde las elecciones ya no tienen valor ni sentido. El reporte señala: primero, en México se censura a periodistas y; segundo, que el Gobierno va contra los organismos autónomos y las organizaciones civiles. Dato duro que, a la par de otros negativos, obligan a reflexionar y unirse contra los abusos y excesos de impunidad que rayan en lo absurdo y que provienen de un mismo origen, directriz y beneficiario: el gran autócrata. Lo que se puede constatar en 18 de las 20 propuestas de la Reforma electoral que hoy, como hace 3 años, nuevamente busca imponer, aunque tras el poder. No hay más.