APUNTES PARA EL FUTURO
Por: Essaú LOPVI
La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, es, sin exagerar, el golpe más fuerte que ha dado el Estado mexicano al crimen organizado en los últimos años. No es una captura menor. No es un jefe regional. Es —o era— la cabeza de una de las estructuras criminales más violentas, expansivas y sofisticadas del continente.
Esta columna la escribí entre los espacios que tuve entre un bloqueo, incendio o anuncio del gobierno o reportar un nuevo enfrentamiento. En mi libreta escribía entre los trayectos: es un golpe duro para el crimen; ¿la presión de Estados Unidos obligó al gobierno mexicano para actuar?, ¿intervinieron marines estadounidenses? ¿es un golpe maestro previo al mundial de futbol? ¿qué sigue para ambos bandos? Gobierno y delincuentes. ¿muerto El Mencho no habrá una declaración que señale a todos sus vínculos en el poder?
El operativo en Tapalpa, ejecutado por fuerzas especiales del Ejército, Guardia Nacional y Fuerza Aérea, terminó en enfrentamiento. Siete presuntos integrantes del CJNG muertos, tres militares heridos y, según la versión oficial, el propio Mencho fallecido mientras era trasladado vía aérea a la Ciudad de México. El anuncio fue seguido por una ola de bloqueos, incendios y ataques armados en la Zona Metropolitana de Guadalajara, Puerto Vallarta y distintos municipios del estado. Escenas que recordaron inevitablemente al “culiacanazo”: caos inducido como mecanismo de presión.
Pero hoy no hubo marcha atrás.
El gobierno federal sostuvo el operativo. El mensaje fue claro: esta vez no habría negociación en caliente ni repliegue táctico.
Sin embargo, detrás del éxito operativo hay un contexto político imposible de ignorar.
Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, la presión sobre México escaló. Designación de cárteles como organizaciones terroristas, amenazas de operaciones unilaterales, insinuaciones sobre el uso de la CIA y drones en territorio mexicano. Durante meses, Claudia Sheinbaum Pardo defendió la soberanía, rechazó tropas extranjeras y sostuvo que la cooperación sería sin intervención.
Y, sin embargo, el calendario es elocuente. Entrenamiento táctico con grupos estadounidenses autorizado el 11 de febrero. Operativo de alto impacto el 22 de febrero. Información de inteligencia compartida bilateralmente, según confirmó la propia Secretaría de la Defensa. Y a muy buen tiempo para evitar un problema de esta magnitud en plena justa mundialista.
La pregunta no es si hubo presión. La hubo. La pregunta es cuánto influyó en la decisión final de ejecutar el golpe.
Porque una cosa es reconocer la capacidad del Ejército mexicano —que la tiene— y otra ignorar que la coyuntura internacional aceleró lo inevitable.
Ahora bien, este éxito tiene sombras.
La muerte de “El Mencho” mientras era trasladado en helicóptero deja un vacío que no es menor. Un capo detenido habla. Un capo en juicio revela rutas financieras, nombres políticos, redes de protección, complicidades empresariales, omisiones institucionales. Un capo muerto se convierte en expediente cerrado.
Nunca sabremos —al menos públicamente— qué estaba dispuesto a declarar. Nunca escucharemos de su voz los nombres de quienes desde el poder facilitaron su expansión. Porque nadie construye un imperio criminal de ese tamaño sin protección política, sin omisiones estratégicas, sin corrupción estructural.
Muerto el líder, la estructura no desaparece. El CJNG no es un hombre. Es una red. Es un modelo de negocios criminal diversificado: drogas sintéticas, extorsión, minería ilegal, control territorial. Decapitarlo es un golpe, sí. Pero no es garantía de desarticulación.
También hay otra incógnita: la sucesión. La historia mexicana muestra que cuando cae un capo, la disputa interna suele desatar más violencia. El vacío de poder puede fragmentar o puede radicalizar. La respuesta de hoy —bloqueos masivos, incendios, ataques directos a policías— demuestra que la organización conserva capacidad operativa inmediata.
La presidenta ha reconocido a las Fuerzas Armadas. La narrativa oficial es de coordinación absoluta y control institucional. Y en términos políticos, el golpe le da oxígeno a un gobierno que enfrentaba presión internacional creciente.
Pero el desafío apenas comienza. Si la muerte de “El Mencho” no se traduce en procesos judiciales contra redes de corrupción, si no se congelan cuentas, si no se investigan complicidades en gobiernos municipales, estatales y federales, el triunfo será parcial. Importante, histórico incluso, pero incompleto.
Porque el crimen organizado no sobrevive por la fuerza de sus armas, sino por la debilidad —o complicidad— del sistema.
Hoy cayó uno de los hombres más buscados de México. Es un hecho que cambia el tablero. Es un mensaje potente hacia Washington. Es un punto a favor para el Estado mexicano.
Pero también es una oportunidad incómoda. La verdadera prueba no es haberlo abatido, sino demostrar que no era el único poder detrás del poder.



















