Psicomedios
Nombre: Ramón RODRÍGUEZ JACOB 
Twitter: @PsicoJaycob

Así es como empieza la mítica frase del reconocido personaje Don Ramón, pero, ¿qué pasó antes para que dijera tal expresión? La respuesta está en la baja tolerancia a la frustración, lo que en ese momento lo llevó a desquitarse con los demás y no de la manera más adecuada, pero es la que conoce.

Este sentimiento, esta sensación de parecer perder el control no es exclusivo de los adultos, también lo vemos en los niños: ellos también lloran, gritan, golpean, avientan, pellizcan, empujan. Existen múltiples factores que llevan a que un niño o una niña terminen realizando este tipo de acciones con independencia de si han integrado o no las normas sociales, pues no importa la edad, si no hay un manejo emocional adecuado a tempranas edades, estas conductas persistirán a lo largo del ciclo vital.

Las acciones más comunes que suele realizar el cuidador van desde pegar, ignorar o dar una respuesta rápida ante el malestar, es decir, darle al niño lo que había pedido inicialmente u ofrecerle otra cosa a cambio, en la mayoría de las veces, que genere placer, como una golosina, con el fin de “olvidar” lo que pedía insistentemente.

La desregulación emocional tiene muchos nombres coloquiales: protestar, patalear, berrinches, pero más allá del concepto, si el cerebro del niño no es regulado con acompañamiento, paciencia y juego, este se configurará a que cada vez que exista una petición rechazada la desregulación aparecerá de forma inminente. Por ello es importante integrar la palabra anticipación, por ejemplo: “iremos al supermercado, pero solo compraremos comida”.

En principio puede ser complicado, pero mientras más se realícela conducta no esperada disminuirá, por ello, algunos cuidadores prefieren no llevar al menor para evitar pasar por el pasillo de los juguetes o se intercambian al niño poco antes de pagar para no estimular su antojo. Sin embargo, “no” significa “no” y cuando hablo de acompañar hago referencia a que hay que estar a su lado, estar cerca, pero sin desviar la mirada, porque ahí es cuando comunicamos que lo estoy ignorando.

En términos de adulto esto es cuando hablas con alguien, pero esa persona tiene la mirada en el teléfono, contestando y tú sientes que, aunque te está escuchando pareciera que no te está prestando la debida atención, con los niños es igual. La anticipación debe ser bidireccional, quiere decir que los adultos también deben estar cuando un niño se desregula por la posible presencia de “latigueos”, esto es, que dejen caer su cabeza para atrás o que se dejen caer al piso, pues lo más importantes es cuidar su integridad ya que también hemos observado adultos que se lastiman a sí mismos cuando no obtienen lo que quieren o en su defecto, lastimar a los demás.

Siguiendo con el cuidado del cuerpo, hay niños y niñas que cuando se sienten frustrados no les gusta que los abracen, que los carguen o que los toquen incluso, con lo cual cuidamos y respetamos su cuerpo. Cuando el cerebro del niño y de la niña está estresado difícilmente podrá escuchar y entender lo que se le está explicando, siempre es mejor cuando está tranquilo, cuando el momento difícil ha pasado pues el área emocional es la que domina sobre la razón.

Si tienes dificultades para ser paciente con los más pequeños mejor pregúntate ¿Puedes recordar si te abrazaron o se acercaron contigo en los momentos más duros? ¿O mejor te dejaban solo/a hasta que se te pasara? Por eso cuesta aceptar las opiniones de los demás, respondemos “golpeado”, queremos controlar todo, y sin darnos cuenta, tu hijo/a lo integra así mismo, porque así aprendió a relacionarse.

 

Reseña profesional: Psicólogo y Psicoterapeuta Familiar. Me dedico a la consulta psicológica en el sector público y en el sector privado atendiendo a niños y niñas con autismo, terapia de pareja y terapia familiar y terapia individual.