Mirar al pasado

El pez sin el agua
Por: Rubén PÉREZ ANGUIANO*

Un error común es mirar el pasado y juzgar a sus personajes con los valores del presente. Bueno, habrá que reconocer que más que un error es una deficiencia en la perspectiva: nos ponemos a revisar a quienes vivieron en otra época con los anteojos de nuestro siglo. Es como si todo lo que sucedió pudiera someterse a lo que sucede en este momento.

Thomas Jefferson es un ejemplo a la mano. Fue el tercer presidente de los Estados Unidos y uno de sus “padres fundadores”. Fue un político ilustrado con una variedad de intereses intelectuales. Se le recuerda, principalmente, por ser el principal autor de la Declaración de Independencia y por fundar la Universidad de Virginia. A este gigante se le juzga, con amargura, porque mantuvo esclavos en su finca. La esclavitud, claro, es uno de los grandes oprobios de la humanidad, pero en su momento los norteamericanos ricos la usaban de forma natural, Jefferson entre ellos. Oscurecer su legado usando a la esclavitud como argumento es un ejemplo típico de juicio moral con los criterios de nuestra época.

Algo similar podemos comentar de Hernán Cortés, tan manoseado en los últimos días. Cortés fue un hombre de su tiempo y logró una hazaña estratégica al aliarse con ciertos grupos indígenas para derrotar a otros. Es algo similar a lo que hicieron, en su momento, los generales romanos (que también tenían esclavos, por cierto). La conquista es una epopeya militar emocionante, llena de victorias y fracasos, de circunstancias adversas y propicias, donde Hernán o Hernando terminó imponiéndose en la historia.

A Cortés se le odia con un extraño frenesí. Los mexicanos de hoy, por algún motivo, hemos renegado de nuestras raíces españolas y abrazado las indígenas (las prehispánicas, pues). Al ubicarnos así, odiamos a Cortés por “conquistarnos y esclavizarnos”, siendo que no conquistó ni esclavizó a los mexicanos (no existían en esa época) sino a los indígenas que poblaban el territorio. De hecho, Cortés murió casi trescientos años antes de que México surgiera oficialmente como nación.

Los mexicanos de hoy somos herederos del mestizaje entre las poblaciones castellanas e indígenas, con algunas gotas de esclavismo africano y oriental (los filipinos, por ejemplo), pero la principal referencia en nuestra constitución cultural es la castellana y, con ella, nos mantenemos ligados a la civilización occidental.

Los mexicanos hablamos el idioma castellano, poseemos nombres y apellidos castellanos, rezamos a una religión que llegó de Castilla y gozamos todavía de instituciones importadas de la península europea. Nuestra constitución cultural es casi cien por ciento occidental, sin negar que contamos con genes, palabras, gastronomía y mucho más de los pueblos prehispánicos de los que también descendemos.

Aún así nos empeñamos en odiar a Cortés, a quien tenemos apartado de nuestra historia.

Quizás sea el momento de reconciliarnos un poco con nuestro pasado y aceptar a los seres históricos que formaron parte de nuestra evolución como pueblo. No podemos juzgarlos con los valores de nuestro presente, sino comprenderlos en su momento y circunstancia.

Diré algo más, antes de concluir este apunte: me parece extraño que la presidenta Sheinbaum le exprese tanto repudio a Cortés, siendo que ella ni siquiera posee genes de las culturas indígenas o castellanas. Su origen viene de otro lugar y su constitución obedece a otros mestizajes.

 

*Rubén Pérez Anguiano, colimense de 57 años, fue secretario de Cultura, Desarrollo Social y General de Gobierno en cuatro administraciones estatales. Ganó certámenes nacionales de oratoria, artículo de fondo y ensayo. Fue Mención Honorífica del Premio Nacional de la Juventud en 1987. Tiene publicaciones antológicas de literatura policíaca y letras colimenses, así como un libro de aforismos.