Estoicismo hoy: cuidar el alma en una sociedad cansada

Estoicismo hoy: cuidar el alma en una sociedad cansada
Por: José Alfredo DÍAZ RENTERÍA

Los jóvenes de hoy —también mis estudiantes— viven en búsqueda. Nombran con más precisión sus malestares, pero los habitan en un mundo acelerado: prisa, multitareas, notificaciones constantes. Somos, como ha descrito Byung-Chul Han, una “sociedad del cansancio”. En este paisaje, el estoicismo —nacido hacia 300 a. C.— reaparece como brújula ética y terapia de las pasiones.

Lejos de la caricatura del “rostro de piedra”, el estoicismo no reprime: educa. Nos recuerda la distinción entre lo que depende de nosotros y lo que no; ahí donde no hay control, hay libertad para soltar. Marco Aurelio lo repite en sus Meditaciones: el trabajo esencial está en gobernar la atención y el juicio. Esa sobriedad no niega la emoción; la orienta.

Pierre Hadot llamó a la filosofía “ejercicio espiritual”: hábitos cotidianos de examen, contemplación y cuidado de sí. Esos ejercicios —respirar, escribir, ordenar el día— son tecnologías del alma. Martha Nussbaum mostró que las escuelas helenísticas pensaron la ética como medicina: diagnostican, argumentan y tratan las pasiones para aliviar el sufrimiento. El estoicismo, así entendido, es un arte clínico de vivir.

Sin embargo, su vigencia exige orientación. Circula un “estoicismo duro” que confunde virtud con dureza afectiva. No se trata de negar el dolor, sino de aprender a sentir sin ser arrastrados por la ola. Para eso hacen falta mentores y psicoterapia accesible que traduzcan principios antiguos en prácticas contemporáneas, especialmente para la juventud que enfrenta ansiedad, depresión y pérdida de sentido.

Propongo un pacto sencillo: educación emocional basada en la distinción estoica del control; ejercicios espirituales laicos integrados a escuelas y universidades; y políticas que garanticen acceso oportuno a psicoterapia. No prometo una felicidad instantánea, sino una vida más digna de ser vivida: con límites, propósito y serenidad. En tiempos ruidosos, el estoicismo no es un silencio de piedra, sino una voz que enseña a decir “sí” a lo esencial y “no” a lo innecesario.

 

José Alfredo Díaz Rentería

Doctor en Salud Mental; Maestro en Psicología Clínica y de la Salud; Licenciado en Psicología, Filosofía y Teología.

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