El tiroteo de Teotihuacán y la salud mental

El tiroteo de Teotihuacán y la salud mental
Por: César Augusto García Avitia

Los hechos violentos como el tiroteo ocurrido en Teotihuacán el pasado 20 de abril generan conmoción, miedo e indignación.
Sin embargo, más allá de la reacción inmediata, es necesario detenernos a reflexionar desde la psicología social sobre las condiciones que hacen posible que un joven llegue a protagonizar un acto de este tipo. Estos eventos no surgen en el vacío; suelen ser la expresión extrema de una combinación de factores individuales, sociales y culturales que, al converger, crean un terreno propicio para la violencia.

Desde esta perspectiva, es importante entender que muchos jóvenes en México crecen en contextos marcados por desigualdad, violencia estructural, falta de oportunidades, desintegración comunitaria y escasos espacios de apoyo emocional. Estas condiciones pueden generar sentimientos persistentes de frustración, exclusión, enojo y desesperanza. Cuando estos estados emocionales no encuentran canales adecuados de expresión o contención, pueden transformarse en conductas destructivas, dirigidas hacia otros o hacia uno mismo.

En algunos casos, estos actos de violencia adquieren un carácter performativo, es decir, no solo buscan causar daño, sino también enviar un mensaje, ser vistos, reconocidos o recordados. La masacre de Columbine en 1999 se convirtió en un referente global de este tipo de violencia, y desde entonces ha sido emulada, reinterpretada y, lamentablemente, idealizada por ciertos grupos en internet. Para algunos jóvenes que se sienten invisibles, marginados o profundamente heridos.

Las redes sociales y algunos espacios digitales han facilitado la difusión de ideologías que glorifican la violencia, el resentimiento y la venganza. Comunidades en línea pueden reforzar narrativas de odio, victimización extrema o nihilismo, donde se valida la idea de que el mundo es hostil y que la violencia es una respuesta legítima. Este fenómeno es particularmente preocupante cuando se combina con vulnerabilidades individuales, como trastornos depresivos, dificultades en la regulación emocional, aislamiento social o antecedentes de maltrato.

Es fundamental aclarar que la presencia de un trastorno mental no explica por sí sola la conducta violenta, pero sí puede aumentar la vulnerabilidad cuando se combina con entornos sociales adversos y con la exposición a contenidos que refuerzan ideas destructivas. Por ello, el análisis no debe centrarse únicamente en el individuo, sino en el entramado social que influye en su desarrollo.

Desde una mirada de salud mental colectiva, estos hechos nos interpelan como sociedad. Nos obligan a preguntarnos qué tipo de entornos estamos construyendo para nuestras juventudes, qué tan accesibles son los servicios de atención psicológica, qué tan preparados están los sistemas educativos para detectar señales de alerta y, sobre todo, qué tan dispuestos estamos a escuchar y acompañar a quienes atraviesan sufrimiento emocional profundo.

Prevenir la violencia implica fortalecer factores protectores: redes de apoyo, vínculos familiares y escolares saludables, programas de desarrollo socioemocional, espacios de participación juvenil y una cultura que promueva el respeto, la empatía y la resolución pacífica de conflictos. En este sentido, el gobierno de México ha anunciado el programa ABC de las emociones como una propuesta para prevenir y atender problemáticas de salud mental, iniciativa sobre la cual profundizaremos en una futura colaboración. También implica regular y cuestionar los contenidos que circulan en redes, así como fomentar el pensamiento crítico en los jóvenes.

El tiroteo de Teotihuacán no debe entenderse como un hecho aislado, sino como un síntoma de problemáticas más amplias. Abordarlo desde la psicología social nos permite ir más allá del castigo y avanzar hacia la comprensión y la prevención.

 

César Augusto García Avitia

Profesor Investigador de Tiempo Completo de la Facultad de Psicología de la Universidad de Colima.
Licenciado en Psicología, Maestro en Psicología Aplicada, Maestro en Bioética y Doctor en Psicología.
Contacto: garciaavitia@ucol.mx