PARA PENSAR
Por: Carlos M. HERNÁNDEZ SUÁREZ
Por más que se diga, estos políticos no escuchan. Creen que repartir becas y uniformes los hace ganar simpatías e incondicionales, pero juegan en el filo de la navaja.
Vea usted cómo, no solo en Latinoamérica, la izquierda está cediendo su lugar, no al centro ni al centro-derecha, sino con frecuencia a la derecha dura o incluso a la ultraderecha. Ahí están los casos de Argentina y, más recientemente, Chile y Colombia. En Europa ocurre algo parecido: Italia, los Países Bajos y Austria muestran la misma tendencia. ¿Creen en verdad que la gente se puso a revisar a los candidatos, sus promesas y los estatutos que supuestamente rigen a cada partido, y dijo: “Creo que ya es tiempo de votar por este otro”? No. Desde mis días en que manejaba una empresa encuestadora confirmé que el voto es un acto negativo: no se vota a favor de alguien, sino en contra de alguien, y morena, por descuido, está almacenando mucha inconformidad. Y mientras unos acumulan descontento, otros, sin proponérselo, acumulan cariño.
Si el Pato Merlín fuera candidato ahorita, ganaría las elecciones, aunque fuera por molestar. La gente lo quiere mucho; ese pato no habla, no promete, simplemente termina de trabajar, se pone su camiseta pirata a diario y se lanza al estadio a apoyar a la selección. Los mexicanos, a diferencia de los europeos, no tenemos un cisne que vive en un castillo, sino un pato que vive en un puesto de agua embotellada, y eso nos basta. ¿Entienden esto los líderes de todos los niveles?
La izquierda se queja de que los empresarios convierten todo en un negocio, pero no advierte que ellos también convierten todo en una oportunidad política.
El Pato Merlín representa el deseo de los mexicanos de creer en algo sencillo y puro. Nos trae suerte y ya. Ni la FIFA, tan llena de símbolos, ha podido siquiera quitarle la camisa pirata. Y cuidado: hay políticos que piensan que tomarse una foto con él es suficiente para ganar las mismas simpatías. Nada más equivocado. La gente adora a ese pato. Piensa que acercarse a los políticos lo puede manchar.
Leí por ahí que alguien ofreció una fortuna por ese pato. Esa es la prueba fehaciente de que no entienden el fenómeno cultural. ¿Tienen idea de lo que la gente va a odiar al comprador? ¿Tienen idea de las rechiflas que provocará al pasar con ese pato? Es como comprar la Campana de Dolores y guardarla en tu casa: te llevas el metal, pero no la historia. En corto: si el PSG de Francia compra a Mora, ese prometedor jugador de 17 años, la gente se pondría feliz. Si compra al pato, les declaramos la guerra a los franceses.
El futbol y el pato han llegado para unir lo que la política ha desunido. Durante unas semanas dejaremos de oír señalamientos de uno u otro bando. Y que nadie se meta. Es nuestro tiempo de descanso, nuestros 3 minutos de rehidratación. Ya volverán a tener tiempo de pelearse.
Si alguien cree que tiene el control de las mayorías, se equivoca. No lo tiene.



















