La ciencia detrás
Por: Efrén MURILLO ZAMORA
Hace unos meses circuló una buena noticia: los casos de sarampión en México estaban bajando. Era cierto. Pero «bajar» y «desaparecer» no son lo mismo, y confundirlos puede costarnos caro.
A finales de febrero de este año, México vivía el punto más alto de un brote que había comenzado en 2025. Las autoridades respondieron con una campaña de vacunación masiva (más de 30 millones de dosis aplicadas entre enero de 2025 y marzo de 2026) [1] y, semanas después, los contagios empezaron a bajar. Fue una buena noticia real, ganada con trabajo de campo: brigadas de vacunación, cercos sanitarios en escuelas, seguimiento casa por casa. Pero el brote no se cerró. Para el 27 de julio de este año, el país acumulaba 19,074 casos confirmados y 45 muertes desde el inicio del brote, un aumento de 188% respecto al año anterior [2]. México incluso recibió una prórroga de la Organización Panamericana de la Salud para intentar evitar perder su certificación como país libre de sarampión, un estatus que sostenía desde hace tres décadas y que, de perderse, complicaría el comercio y los viajes internacionales relacionados con salud [3].
¿Cómo puede subir después de bajar? Aquí está la parte que casi nunca se explica bien. El sarampión es de los virus más contagiosos que existen. Para detener su transmisión de forma sostenida, no basta con que la mayoría de la población esté vacunada: se necesita que al menos 95 de cada 100 personas tengan el esquema completo [4]. Por debajo de ese umbral, el virus siempre encuentra suficientes personas susceptibles para seguir circulando, aunque sea a menor velocidad. Eso es justamente lo que ocurrió: la cobertura de vacunación había caído en los años recientes, de 86% en 2022 a poco más de 70% en 2025 [5], dejando zonas del país sin protección suficiente. Una campaña intensa puede bajar la curva de contagios con fuerza, pero si no logra cerrar esas brechas de manera pareja en todo el país, el virus encuentra por dónde seguir. Por eso, para que un país recupere oficialmente el estatus de «libre de sarampión», debe demostrar doce meses completos sin transmisión continua del virus [4]. No es un número arbitrario: es el tiempo que toma confirmar que no quedó ninguna cadena de contagio activa, ni siquiera una silenciosa.
El sarampión no es una gripe fuerte: antes de la vacuna, era de las principales causas de muerte infantil en el mundo, y los niños menores de cinco años siguen siendo el grupo más golpeado en este brote [2]. La buena noticia es que la solución no es complicada ni nueva: dos dosis de la vacuna triple viral (SRP) dan protección para toda la vida [6]. Si tú o tus hijos no tienen el esquema completo, ese es literalmente el cierre pendiente de esta historia. México ya demostró, con la caída de contagios de marzo, que sabe cómo bajar la curva. Lo que falta es terminar el trabajo.
Referencias
- Secretaría de Salud. Estrategia Nacional de Vacunación contra el Sarampión. https://www.gob.mx/salud/prensa/con-mas-de-32-6-millones-de-dosis-aplicadas-mexico-prioriza-vacunacion-contra-sarampion-en-ninas-y-ninos
- Secretaría de Salud. Informe Diario del Brote de Sarampión en México, 2026. https://www.gob.mx/salud/documentos/informe-diario-del-brote-de-sarampion-en-mexico-2026
- Organización Panamericana de la Salud. Estado de la eliminación del sarampión en los Estados Unidos y México. https://www.paho.org/es/noticias/16-1-2026-estado-eliminacion-sarampion-estados-unidos-mexico
- Organización Panamericana de la Salud / Organización Mundial de la Salud. Sarampión: criterios de eliminación y vigilancia. https://www.paho.org/es/temas/sarampion
- Secretaría de Salud. Guía técnica de la Campaña para fortalecer la cobertura de vacunación contra el Sarampión. https://www.gob.mx/salud/censia/documentos/guia-tecnica-de-la-campana-para-fortalecer-la-cobertura-de-vacunacion-contra-el-sarampion
6. Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC). Measles Vaccination. https://www.cdc.gov/measles/vaccines/index.html


















