Descuidos, desatinos y otros desaciertos…

El pez sin el agua
Por: Rubén Pérez Anguiano*

Algunas cosas no deberían, pero suceden. Es como si las diosas y los dioses se burlaran de nuestros empeños y nos recordaran, a la mala, que deberíamos comenzar por burlarnos de nosotros mismos.

Alguien dirá que eso es resultado del karma (principio de causa y efecto de algunas religiones orientales), pero prefiero creer en la tradición occidental y recordar uno de los mayores pecados del pensamiento teológico griego: la hybris, que no es sino la desmesura, es decir, la arrogancia o el exceso.

No es cosa de juego. Los griegos sabían que si te excedías en desplantes y actitudes acarreabas la ira de los dioses. Los romanos, ladrones a final de cuentas (lo dijo Hegel), robaron de los griegos hasta las creencias y adoptaron fielmente el pecado de la desmesura. Lo llevaron a tal extremo que los líderes militares, cuando celebraban sus triunfos, se hacían acompañar de un esclavo que les recordaba a cada momento que eran unos simples mortales. Así conjuraban la arrogancia y evitaban la mirada celosa de los dioses.

Nuestras figuras públicas deberían recordarlo, pero vaya que les gusta estrellarse contra el juego del ridículo que imponen las deidades olímpicas. Aquí van algunos momentos recientes:

Durante una reciente sesión, la senadora Sandra Simey Olvera Bautista, arrojó una frase retadora a los partidos opositores. Intentó citar, con tono desafiante y burlesco, la frase más conocida y repetida de Benito Juárez, afirmando: “Nosotros sí nos la sabemos… Ellos (los opositores) yo creo que la necesitan leer: entre, entre los individ… Entre los individuos como entre las naciones, el derecho al respeto ajeno es la paz”.

Se podrá decir que citar mal una frase tan conocida y colocada en letras de oro en los muros legislativos, es algo a que cualquiera le puede pasar. Sí, en efecto, pero al intentar burlarse de los demás invocó la burla a su propio dicho. Es difícil perdonar tales desplantes. Suele ocurrir.

Otro desatino fue el golpeteo político a la gobernadora de Chihuahua desde que se descubrió la participación de agentes de la CIA en un operativo para desmantelar un laboratorio vinculado al crimen organizado. El oleaje de la indignación política tuvo un serio revés cuando el gobierno norteamericano solicitó la detención con fines de extradición de varios funcionarios de Sinaloa, entre ellos el gobernador, un senador, el alcalde de Culiacán y otros más.

El revés decisivo vino días después, cuando CNN difundió la noticia de la supuesta participación de la CIA en operaciones letales en territorio mexicano, anotando como ejemplos los casos de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, y el ataque con un artefacto explosivo a un operador del Cártel de Sinaloa en el Estado de México.

Los grupos políticos vinculados al poder federal no hicieron caso de sus propias contradicciones y se pusieron a generar presión en Chihuahua, en un espectáculo de acarreos que no logró conseguir el fin anhelado. Pifias sobre pifias.

Uno desacierto más, que no debió de ocurrir: la presidenta Sheinbaum asumió una posición de defensa institucional de los mencionados funcionarios bajo sospecha. La defensa incluyó el uso político del concepto “soberanía” y la exigencia de pruebas para procesar a los acusados en una corte norteamericana. Sin embargo, el ex secretario de seguridad del gobierno de Sinaloa y el secretario de finanzas acudieron por sus propios medios a entregarse a las autoridades norteamericanas, sin necesidad de pruebas y sin referencia alguna al concepto soberano.

Los citados funcionarios dejaron en el vacío a la presidenta Sheinbaum, negando en los hechos su discurso. Se puede entender lo que hicieron, pensando en la protección de sus propios intereses, pues el que negocia primero puede alcanzar más ventajas, pero no deja de ser una muestra de egoísmo proceder a entregarse y sin agradecer, ni siquiera por un mínimo de cortesía, todo lo que la presidenta puso en juego para defenderlos.

Y la historia apenas inicia. A diosas y dioses no les gustan las desmesuras, menos los desatinos.

 

*Rubén Pérez Anguiano, colimense de 57 años, fue secretario de Cultura, Desarrollo Social y General de Gobierno en cuatro administraciones estatales. Ganó certámenes nacionales de oratoria, artículo de fondo y ensayo. Fue Mención Honorífica del Premio Nacional de la Juventud en 1987. Tiene publicaciones antológicas de literatura policíaca y letras colimenses, así como un libro de aforismos.