El ABC de las emociones y la prevención de la violencia
Por: Guillermo Ramírez Zavala
En un contexto marcado por episodios recientes de violencia y una creciente preocupación por el bienestar psicosocial de las juventudes, el gobierno federal presentó la Estrategia Nacional de Atención a la Salud Mental para las y los Jóvenes: “El ABC de las emociones”, un programa que busca colocar la salud mental en el centro de la política preventiva.
La iniciativa, anunciada por la presidenta de México, se plantea como una respuesta estructural a problemáticas como la ansiedad, la depresión, el aislamiento social y la exposición a entornos digitales adversos, factores que —de acuerdo con autoridades— inciden en la aparición de conductas de riesgo, incluida la violencia. Su implementación iniciará en mayo con cobertura nacional, priorizando escuelas de nivel secundaria y medio superior.
La estrategia contempla la distribución de materiales psicoeducativos a millones de estudiantes, docentes y familias, así como la incorporación de contenidos socioemocionales en el ámbito escolar. El objetivo es que niñas, niños y adolescentes desarrollen habilidades para identificar, comprender y regular sus emociones.
Su diseño articula acciones individuales, escolares y comunitarias bajo una lógica de prevención temprana y se estructura en varios ejes de intervención:
● Sensibilización social sobre salud mental
● Educación emocional en escuelas
● Fortalecimiento de redes de apoyo comunitarias
● Atención en crisis, mediante servicios como la Línea de la Vida
● Participación de familias y docentes en procesos formativos
El núcleo de “El ABC de las emociones” se basa en la alfabetización emocional, entendida como la capacidad de reconocer, nombrar y gestionar estados afectivos. Bajo esta lógica, el programa propone una ruta pedagógica que inicia con el reconocimiento emocional, continúa con la regulación de impulsos y culmina con el desarrollo de habilidades de convivencia.
Especialistas señalan que este tipo de intervenciones se inscriben en modelos de salud pública que buscan reducir factores de riesgo antes de que se traduzcan en problemáticas mayores, como la violencia interpersonal o el consumo de sustancias. En ese sentido, la estrategia se alinea con la reforma a la Ley General de Salud en materia de salud mental, que promueve un enfoque comunitario, preventivo y centrado en derechos humanos.
El lanzamiento del programa ocurre días después del ataque armado en la zona arqueológica de Teotihuacán, un hecho que reactivó el debate sobre los factores que explican la violencia individual. En el discurso público, la salud mental ha sido posicionada como un elemento clave para comprender y prevenir conductas violentas. Sin embargo, especialistas advierten que esta relación debe abordarse con cautela. Reducir la violencia a un problema de salud mental puede ser simplificador y riesgoso, porque invisibiliza factores estructurales como la desigualdad, la impunidad o la cultura de la violencia, señalan analistas del campo criminológico.
Si bien la estrategia ha sido valorada por su enfoque preventivo y su alcance nacional, también ha generado cuestionamientos en torno a sus límites. Entre los principales puntos críticos destacan:
● La posible sobrerelación entre trastornos mentales y violencia, que podría derivar en estigmatización.
● La ausencia de mecanismos claros de evaluación de riesgo individual.
● La necesidad de articular la salud mental con políticas estructurales de seguridad y justicia.
En este sentido, expertos subrayan que la alfabetización emocional es una herramienta útil para reducir violencia cotidiana —como la escolar o comunitaria—, pero insuficiente para explicar o prevenir fenómenos complejos como los ataques tipo “lobo solitario”. Más allá de las críticas, “El ABC de las emociones” refleja un giro relevante en la política pública mexicana: el tránsito de un modelo centrado en la reacción policial hacia uno que incorpora la prevención psicosocial como eje estratégico.
Este enfoque reconoce que la violencia no surge de manera aislada, sino que está vinculada a trayectorias de vida, contextos sociales y procesos emocionales que pueden ser intervenidos tempranamente. El impacto real de la estrategia dependerá de su implementación y evaluación. Entre los retos identificados se encuentran:
● Garantizar cobertura efectiva en contextos de alta vulnerabilidad.
● Capacitar adecuadamente a docentes y operadores.
● Integrar la estrategia con sistemas de salud, educación y seguridad.
● Generar indicadores que permitan medir su eficacia.
En un país donde la violencia es un fenómeno multifactorial, la incorporación de la salud mental como eje preventivo representa una apuesta ambiciosa. La pregunta que queda abierta es si esta estrategia logrará trascender el plano discursivo y consolidarse como una herramienta efectiva para la transformación social.
Finalmente, “El ABC de las emociones” coloca sobre la mesa una idea central: que la prevención de la violencia también pasa por comprender y atender el mundo emocional de las juventudes. No obstante, su éxito dependerá de su capacidad para integrarse a una política pública más amplia que aborde, de manera simultánea, las dimensiones estructurales, sociales y culturales del fenómeno.
Mtro. Guillermo Ramírez Zavala
Presidente de la Comisión de Honor y Justicia del Colegio Oficial de Psicólogos del Estado de Colima.
Especialista en psicología jurídica y desarrollo de política públicas de salud mental.



















