COLIMA.- En una plática sobre el hantavirus con el doctor Mario Ramírez Flores, profesor investigador de la Universidad de Colima, se abordaron los riesgos, formas de transmisión y antecedentes históricos de esta enfermedad zoonótica que ha cobrado relevancia tras recientes reportes internacionales vinculados con contagios en cruceros y brotes registrados en Sudamérica.
El especialista explicó que el hantavirus es una enfermedad transmitida originalmente por roedores, aunque algunas cepas, particularmente la identificada en la región de los Andes en Argentina y Chile, también pueden propagarse de persona a persona bajo ciertas condiciones específicas.
El investigador señaló que el hantavirus no es un virus nuevo, pues sus primeros reportes se remontan a la Guerra de Corea en la década de 1950, cuando se identificaron cuadros graves asociados con fiebre hemorrágica y daño renal. Sin embargo, explicó que existen diversas cepas distribuidas en diferentes regiones del mundo y que cada una tiene comportamientos distintos. En Estados Unidos existe la cepa conocida como “Sin Nombre”, mientras que en Europa y Asia se han documentado otras variantes. La que actualmente genera preocupación en medios internacionales es la cepa Andes, localizada principalmente en la Patagonia de Argentina y Chile.
Ramírez Flores detalló que esta enfermedad es considerada zoonótica porque el virus se transmite a partir de un vector animal, en este caso ciertas especies específicas de roedores. Explicó que en la Patagonia el principal reservorio es el denominado “ratón colilargo”, el cual puede portar el virus durante toda su vida sin desarrollar síntomas.
“El ratoncito prácticamente mantiene una infección viral durante toda su vida, pero él no desarrolla los síntomas. Se dice que el virus y el vector han convivido por millones de años, por eso el animal no enferma, solamente funciona como transmisor”, explicó el académico universitario.

El contagio hacia los humanos ocurre principalmente mediante el contacto con fluidos biológicos de los roedores, como orina, saliva o excretas. El especialista indicó que las partículas pueden secarse y convertirse en aerosoles que son inhalados por las personas, particularmente en espacios cerrados, abandonados y con poca ventilación, como cabañas, bodegas o construcciones rurales.
Durante la conversación, el investigador enfatizó que la cepa Andes tiene una característica adicional que la vuelve especialmente peligrosa: la transmisión entre personas. Recordó que en 1996, en Argentina, se documentó uno de los primeros casos donde un médico se contagió al atender a un paciente infectado, lo que permitió confirmar la transmisión humano a humano.
“Esta cepa ya se transmitía de humano a humano y no solamente de las excretas o líquidos del ratón. La literatura menciona que debe existir una convivencia estrecha, en espacios cerrados y durante un tiempo prolongado para que ocurra el contagio”, indicó.
Ramírez Flores explicó que el periodo de incubación del virus oscila entre los 20 y 30 días, aspecto que resulta clave en las investigaciones epidemiológicas para determinar dónde se originó el contagio. Precisó que si una persona desarrolla síntomas pocos días después de abordar un barco o llegar a determinado lugar, lo más probable es que la infección se haya adquirido previamente en tierra firme.
El profesor investigador detalló que la enfermedad presenta cinco fases clínicas. La primera suele durar entre tres y cinco días y es la etapa donde existe mayor capacidad de transmisión. Posteriormente aparece una segunda fase caracterizada por dolor muscular, fiebre y edema. Después se desarrolla la etapa crítica, donde ocurre insuficiencia respiratoria severa y complicaciones cardiovasculares.
“La literatura menciona que la tasa de mortalidad puede ser del 30 al 50 por ciento. Es decir, de cada diez personas infectadas, entre tres y cinco podrían fallecer”, advirtió.
Añadió que muchos pacientes requieren ventilación mecánica debido al deterioro pulmonar provocado por el virus, el cual afecta las células endoteliales de los vasos sanguíneos y genera filtración de líquidos hacia los pulmones, produciendo edema e insuficiencia respiratoria aguda.
Aunque actualmente no existe una vacuna específica contra el hantavirus, el tratamiento médico incluye atención sintomática y medicamentos antivirales que buscan evitar la replicación del virus. La etapa de recuperación puede extenderse entre dos y tres meses.
En la entrevista también se abordó la situación epidemiológica en México. Ramírez Flores aclaró que hasta el momento no existe un caso clínico confirmado de hantavirus en el país; sin embargo, investigaciones científicas sí han detectado presencia del virus en algunas especies de roedores mexicanos.
Indicó que en estudios realizados en la zona del Ajusco y en Morelos se identificó material genético del virus en ratones silvestres. Asimismo, mencionó investigaciones serológicas efectuadas en Yucatán, donde se detectó que alrededor del 0.6 por ciento de la población estudiada presentó anticuerpos contra hantavirus, lo que indica que estuvieron expuestos al virus en algún momento sin necesariamente desarrollar la enfermedad.
“Quiere decir que en algún momento estuvieron en contacto con el virus y tal vez no desarrollaron el caso clínico como tal”, señaló.
El especialista explicó que el mundo globalizado incrementa los riesgos de dispersión de enfermedades infecciosas, particularmente a través de puertos marítimos y transporte internacional. Aunque evitó generar alarma, subrayó la importancia de mantener vigilancia epidemiológica activa, especialmente en puertos como Manzanillo.
“Por puertos entra todo: entra lo bueno y entra lo malo. Lo importante es mantener vigilancia epidemiológica permanente”, comentó.
Ramírez Flores también hizo referencia a la necesidad de mantener medidas preventivas sencillas en espacios rurales o abandonados. Recomendó abrir puertas y ventanas durante al menos 30 minutos antes de limpiar una habitación cerrada, utilizar protección en vías respiratorias y ojos, y humedecer superficies antes de barrer para evitar levantar polvo potencialmente contaminado.
“El simple hecho de regar antes de barrer tiene sentido científico, porque evita que los aerosoles se dispersen y sean inhalados”, explicó.
Finalmente, el investigador insistió en que la educación y la información son fundamentales para prevenir enfermedades emergentes. Señaló que el conocimiento científico permite actuar con prudencia sin caer en alarmismo y reiteró que, aunque el hantavirus no representa actualmente una emergencia en México, sí es necesario mantener monitoreo constante de los vectores y de posibles casos sospechosos.
“La educación es el primer paso para la prevención”, concluyó el profesor investigador de la Universidad de Colima.

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