El Fracking llega a Palacio Nacional: lealtades en tensión

Frases de oro // El Fracking llega a Palacio Nacional: lealtades en tensión

Por Jorge Arturo OROZCO SANMIGUEL*

El debate sobre el fracking en México ha vuelto, pero no solo como un asunto energético, sino como un problema de lenguaje y poder. La reciente postura de la presidenta Claudia Sheinbaum, al plantear que se evaluará su viabilidad, no es menor: cambia el verbo, y con ello, el campo de lo posible.

Durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, fundador de Movimiento Regeneración Nacional, el fracking no estaba en discusión: ya era oficial su descarte. No era un tema técnico, sino casi un posicionamiento moral dentro del proyecto político. Hoy, en cambio, la palabra clave es “evaluar”. Y en política, evaluar no es neutral: significa abrir la puerta.

Desde una lectura cercana a Foucault, no basta con preguntarse si el fracking es viable, sino quién define qué significa “viable”. La creación de un comité científico, (con instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto Politécnico Nacional) parece responder a la necesidad de sustentar la decisión en conocimiento técnico, pero también delimita el terreno del debate. En pocas palabras, el mensaje es “lo que no entra en ese marco, queda fuera”

Aquí aparece una tensión inevitable. Por un lado, la ciencia es necesaria para entender la complejidad del fracking: sus beneficios potenciales en producción energética y sus riesgos ambientales, especialmente en un país con estrés hídrico. Por otro, la ciencia no opera en el vacío; está atravesada por intereses, prioridades y decisiones políticas.

En este contexto, el perfil de Claudia Sheinbaum cobra relevancia. Su formación como ingeniera en energía le da una base técnica para abordar el tema, pero su decisión también tiene una lectura política: muestra margen de autonomía respecto a la línea histórica de Andrés Manuel López Obrador.

Y ahí es donde el debate deja de ser técnico para volverse ideológico. Dentro del Movimiento Regeneración Nacional, muchas posturas no se sostienen sólo por argumentos, sino por lealtades. Cambiar la posición sobre el fracking no es únicamente reconsiderar una política pública; es tocar una de las fibras identitarias del movimiento. Por eso, el respaldo que hoy se observa parece, en algunos casos, contenido. Termina siendo un acuerdo que no termina de ser cómodo.

Desde la lingüística, esto también es revelador. No se dice “vamos a implementar fracking”, sino “vamos a analizarlo”. No se afirma, pero se matiza. El discurso político no elimina contradicciones, solo las administra. Al final, la discusión sobre el fracking no se resolverá solo con datos técnicos; se resolverá en la forma en que se construya su narrativa: como necesidad, riesgo o contradicción inevitable.

Porque en política, las decisiones se toman; pero también se cuentan. Y en ese relato, México no solo está definiendo su política energética, sino la manera en que negocia entre lo que dijo que era y lo que ahora necesita ser.

* Lingüista de profesión por la Universidad de Colima, con 12 años de experiencia dentro del ambiente político. Ha participado en campañas electorales como parte logística y estratégica de márquetin y comunicación política. Actualmente labora en departamentos de comunicación social, así como asesor de dichos temas.