¿Cómo somos vistos?

El pez sin el agua
Por: Rubén PÉREZ ANGUIANO*

La presidenta electa de Costa Rica, Laura Fernández, nos brindó un atisbo de la imagen de México desde otros países. Para esta politóloga de 39 años es necesario enfrentar con mano dura al crimen organizado. De otra forma, según su dicho, habrá que esperar a que su país se convierta “en México”.

Desde esa perspectiva, México es una representación de lo peor que puede sucederle a una nación. Es lo indeseable y eso suena terrible. Es como si de golpe nos hubiéramos convertido en lo que representó Colombia en la época de los grandes cárteles (Medellín y Cali) y quizás la imagen no esté tan alejada de la realidad.

Sí, la primera reacción puede ser airada. Después de todo, ¿quién es la que se atreve a cuestionarnos o calificarnos?

Pero, más allá de los discursos nacionalistas y retadores, esas molestas declaraciones pueden motivarnos a una nueva conciencia pública.

Los problemas, no lo olvidemos, suelen verse moderados desde la propia representación. Así como tendemos a sublimar nuestros defectos y somos proclives a los sesgos y justificaciones cuando se trata de nuestros errores (siempre es culpa del otro o de lo otro, sea un sujeto, una deidad o la propia suerte), los países y sus gobiernos tienden a repetirse que lo adverso es circunstancial y que los pueblos son más grandes que sus problemas.

Frente al discurso que alimenta la propia complacencia, de vez en cuando un golpe de realidad puede ser benéfico. De otra forma seguiremos atrapados en un discurso que niega la verdad para complacernos, es decir, para mirar con buenos ojos nuestra imagen frente al espejo.

Debemos reconocer, entonces, una triste verdad: nuestro país se ve muy mal, sea desde el exterior o desde el interior. Es cierto, se logró un aparente éxito en días recientes (si es que puede hablarse de “éxito” frente al deceso de unos y otros), pero los grandes cárteles y los grupos del crimen organizado se muestran sólidos y en continua operación.

Debe reconocerse, además, que en muchas regiones del país la presencia de las fuerzas legales es precaria o insuficiente y el delito impone su ley, trastocando la noción misma del Estado.

Puede añadirse, también, que la sociedad está expuesta, casi sin posibilidad de defensa, frente a la decisión de quienes tienen el poder represivo y las familias se sienten atemorizadas por grupos que parecen actuar sin límite alguno.

Por si fuera poco, existe la seria sospecha de que algunas personalidades destacadas en las funciones públicas —en los tres niveles y en los distintos poderes republicanos— están vinculados con el crimen, lo que brinda algunas imágenes intermitentes de coalición entre la política y la organización delictiva. Los nombres están a la vista y no parecen afectados por los señalamientos periodísticos. Da la impresión, incluso, que las evidencias son apenas una molestia menor en su capacidad operativa.

Así, nuestra imagen no es alentadora y, por si quedara alguna duda, las declaraciones del presidente norteamericano lo confirman una y otra vez.

Vivimos una época oscura. Tenemos que aceptarlo. No debemos volverla más oscura cerrando los ojos.

 

*Rubén Pérez Anguiano, colimense de 57 años, fue secretario de Cultura, Desarrollo Social y General de Gobierno en cuatro administraciones estatales. Ganó certámenes nacionales de oratoria, artículo de fondo y ensayo. Fue Mención Honorífica del Premio Nacional de la Juventud en 1987. Tiene publicaciones antológicas de literatura policíaca y letras colimenses, así como un libro de aforismos.