Dislates Segunda Parte 

Dislates 
Por: Salvador SILVA PADILLA

Segunda Parte

I

Sobre la utilidad de la mentira: en el Tratado de Semiótica General, Umberto Eco partió del principio de que signo “es una cosa que está en lugar de otra”, por ejemplo, la palabra reloj, está en lugar del objeto reloj (e incluso el objeto, es decir, un solo reloj, puede ser usado como signo del conjunto de todos los relojes. De igual forma puede ser usado para significar el tiempo, el lujo….) y con base en esa definición -llevada hasta sus últimas consecuencias-,  Eco concluyó que la Semiótica (ciencia que estudia a los signos)  es “la disciplina que estudia  todo lo que pudiera ser usado para mentir; (porque)  si una cosa no puede usarse para mentir, tampoco puede usarse para decir la verdad: en realidad, no puede usarse para decir nada.”

II

Continuando con El Círculo de los mentirosos de Jean-Claude Carrière, aquí van varias historias más:

El león y el hombre

Loqman cuenta en sus fábulas que un día un hombre se encontró a un león. Los dos entablaron una discusión sobre sus respectivos trabajos, y el león se jactó de su fuerza y su impetuosidad que aseguraba incomparables.

En aquel momento pasaron delante de una pintura que representaba a un hombre estrangulando a un león con las manos.

El hombre se echó a reír señalando la pintura.

-¡Ah! -dijo el animal-, si hubiese leones pintores…

III

  Las narraciones, -menciona Carriêre-, reflejan la manera de ser y de cómo son vistas, por ejemplo, nacionalidades, clases sociales, religiones, etc.,

A continuación,  estas  dos historias sobre la forma de ser de los mexicanos.  La primera de ellas, archiconocida:

Compensación divina 

Existe una historia, con variantes geográficas, que los pueblos de casi todas partes adoran contar. Fue en México donde la oí por primera vez, y allí es donde la sitúo. 

Los hechos ocurren unos momentos después de la creación del mundo. El arcángel san Gabriel acude a Dios volando y le dice, señalando desde arriba el México recién hecho: 

—Pero, por favor, Señor, ¿en qué piensas? ¡Acabas de crear un país absolutamente magnífico! ¡Le has dado dos océanos, altas montañas, bosques frondosos, largos ríos! ¿No has puesto demasiado en un solo país?

 —No te preocupes —le contesta Dios—. También pondré a los mexicanos.

Y esta otra que perfectamente podría formar parte de un film surrealista:

Para festejar un nacimiento 

En los años treinta, un mexicano festejaba con unos amigos el nacimiento de su primer hijo.

-¡Soy tan feliz -dijo- que podría matarme de alegría!

-No, no eres capaz de hacerlo -le dijeron los que lo rodeaban, a modo de desafío.

Entonces el hombre cogió una pistola y se voló la cabeza  

IV

Estas historias resultan de una  lógica impecable, incontrovertible:

Las espinacas 

Henri Monnier se ha apropiado una célebre fórmula que en realidad encontramos cien años antes en un anecdotario anónimo publicado en el siglo XVIII: 

—No me gustan las espinacas, y estoy muy contento. Porque si me gustasen, me las comería, y no puedo soportarlas.» 

La palabra de Dios 

 Srulek, que es el Nasrudin polaco, o el Goha, o incluso Ch’hâ, -y que su equivalente en México sería “Venancio”el gallego– entra bruscamente en casa del rabino y le dice: 

—¡Rabino, rabino, Dios ha hablado!

 —¿Qué? ¿Qué estás diciendo? 

—¡Sí, le ha hablado a Pinkus! ¡Pinkus me ha dicho que ha hablado con Dios! 

—Creo que Pinkus es un mentiroso —dice el rabino. 

—¿Y por qué le hablaría Dios a un mentiroso? —dice entonces Srulek

 V

Por último, de religiones:

Una buena plegaria 

Un pobre hombre entró en una mezquita, se unió a la plegaria común, a la cual añadió una plegaria particular, personal, llamada dua. Le pedía a Alá alimentos, que hubiera en su desolada casa,  frutas, carne, legumbres, sémola y, sobre todo, que no olvidase concederle una botella de raki, licor que le gustaba mucho.

 Un hombre que estaba delante de él oyó la plegaria, se volvió y le dijo: 

—En lugar de pedirle raki a Alá, ¿no sería mejor que le pidieses que fortalezca tu fe para que te puedas salvar el día del juicio final? 

—Pues no —contestó el pobre hombre—. Le he pedido a Alá lo que me falta en la vida. Y lo que me falta no es fe sino raki.

 Y de católicos, protestantes… y judíos

El principio de la vida

 Tres hombres discutían acerca del momento exacto en que da comienzo la vida.

—Es en el preciso instante —dijo el católico— en que la semilla del padre fecunda el óvulo materno.

 —No estoy de acuerdo —dijo el protestante—. La vida empieza en el momento de nacer. No hay ninguna duda.

 —No tenéis ni idea —dijo entonces el judío—.  La vida empieza cuando los hijos se han ido y el perro ha muerto, y ni un segundo antes.