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Se fue, pero algo se queda

El pez sin el agua
Por: Rubén Pérez Anguiano*

Se fue la de los escándalos financieros, la que llegó a favorecer al poder en turno, la que arruinó la confianza en una institución entrelazada con la confianza. Se fue, claro, pero dejó un enredo peor que el nudo gordiano. Ninguno de los consejeros presidentes del INE logró esos niveles de cuestionamiento y deterioro.

La explicación es simple: a ella se le otorgaron poderes extraordinarios, superando los criterios colegiados construidos durante años y se le extendió cheque burocrático en blanco. El entonces presidente, Andrés Manuel, la elogió por su honestidad (ya se sabe que todo lo que toca queda envenenado). Lo mismo hizo la hoy presidenta, Claudia Sheinbaum. El resultado está a la vista.

En efecto, la mayoría legislativa le otorgó a Guadalupe Taddei poderes extraordinarios, entre ellos la designación unilateral de directores de áreas técnicas y el secretariado ejecutivo del instituto. También se fortaleció el control sobre juntas locales y distritales. Antes se requería de una mayoría calificada de 8 de los 11 consejeros electorales para aprobar puestos clave. No cabe duda que fue una pésima decisión legislativa y política. El poder absoluto corrompe absolutamente, dice el clásico.

A pesar de que algunos consejeros interpusieron recursos para frenar esas atribuciones, la Suprema Corte de Justicia de la Nación los desechó, lo que casi parece lógico considerando el escenario jurídico del país.

Tampoco debe olvidarse al aval del entonces presidente, AMLO, quien afirmó que la señora Taddei era una mujer honesta, íntegra e incapaz de actuar de manera sesgada. Era inevitable lo que sucedería después, conociendo la peculiar inclinación de este personaje a decir todo lo contrario a la realidad.

Uno de los hijos de la señora es secretario particular del gobernador de Sonora, quien es a la vez el presidente del Consejo Nacional de Morena. Otro de sus hijos fue expuesto a la opinión pública disfrutando de caros placeres parisinos en compañía del contratista favorito del INE. Por cierto, no entiendo esa tentación de funcionarias y funcionarios corruptos para empapar en el lodazal a sus propios hijos. Digo, deberían mantenerlos al margen del cochinero, pero así son las cosas.

Es justo recordar, además, la furia que acumuló por algunas cositas el consejero presidente anterior Lorenzo Córdova. Por ejemplo, en diciembre de 2021, el diputado morenista Sergio Gutiérrez Luna, presentó una denuncia contra consejeros del INE por su voto a favor de aplazar la consulta de revocación impulsada por AMLO. La acusación fue por abuso de autoridad y coalición de servidores públicos. Este personaje, en este momento, guarda un cómodo silencio, a pesar del escándalo financiero y de posible corrupción que rodea a Guadalupe Taddei. Las cosas son distintas cuando el acusado es de la propia casa.

En fin, la señora ya se fue, pero el daño queda. También queda la peculiar mecánica de control y de favoritismo hacia el poder.

El daño, por supuesto, será para el país. Ya quedó por los suelos una institución cuya fortaleza debería ser la confianza y ahora esa confianza será irrecuperable en lo inmediato. Lo triste es que fue necesaria una investigación periodística para identificar los horrores. Las instituciones responsables de vigilar y de corregir miraron hacia otro lado y el monstruo creció hasta el tamaño de un leviatán.

Existe una salida, claro, pero no la seguirán quienes deben hacerlo. La solución es elegir a una personalidad de gran prestigio académico y profesional, que llegue a la institución con el poder suficiente para devolverle confianza y credibilidad.

Al mismo tiempo, se deberá proceder contra toda la corrupción que brota allí, sancionándola con energía. Nada fácil, pues la institución parece un manantial de aguas negras.

Al contrario, si domina la impunidad o llega a tan delicada función alguien sin prestigio, el proceso electoral será un caos. Bueno, ya estamos en la antesala del caos.

 

*Rubén Pérez Anguiano, colimense de 58 años, fue secretario de Cultura, Desarrollo Social y General de Gobierno en cuatro administraciones estatales. Ganó certámenes nacionales de oratoria, artículo de fondo y ensayo. Fue Mención Honorífica del Premio Nacional de la Juventud en 1987. Tiene publicaciones antológicas de literatura policíaca y letras colimenses, así como un libro de aforismos. Sus artículos y apuntes son propios y están libres de inteligencia artificial, “superinteligencia” o como sea que se le llame.

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