Se cumplen 98 años del natalicio de Octavio Paz

Se recuerda al ganador del Premio Nobel de Literatura 1990, a través de una revisión de sus criterios estéticos reunidos en el libro Materia y Sentido: el arte mexicano en la mirada de Octavio Paz.

Nació en la Ciudad de México el 31 de marzo de 1914 y falleció en la capital mexicana el 19 de abril de 1998. Poeta, escritor, ensayista y diplomático mexicano. Se le considera uno de los más grandes escritores del siglo XX y uno de los grandes poetas hispanos de todos los tiempos. Su extensa obra abarcó géneros diversos, entre los que sobresalieron textos poéticos, el ensayo y traducciones.

El arte ejerció una fascinación especial en Octavio Paz desde su niñez, sobre todo las expresiones prehispánicas, debido a que cerca de su casa en Mixcoac había un santuario azteca que visitaba con frecuencia acompañado de sus primos.

Esa pequeña pirámide fue no sólo un sitio para jugar, sino una puerta hacia un México desconocido. En la biblioteca de su abuelo, Irineo Paz, abundaban los libros de historia antigua de México. Además, el arqueólogo Manuel Gamio, así como el etnólogo e historiador Miguel Othón de Mendizábal, eran amigos de su familia.

Al ingresar en el bachillerato, Paz hizo amistad con Salvador Toscano, quien años más tarde escribiría la primera historia del arte mesoamericano, Arte precolombino de México y América Central (1944). En su intento por configurar los elementos esenciales de la estética indígena, Toscano descubrió en la obra plástica precortesiana la mezcla de dos rasgos aparentemente contradictorios: lo terrible y lo sublime. Paz retomaría esa idea en sus escritos.

“Las esculturas y monumentos de los antiguos mexicanos son obras a un tiempo maravillosas y horribles, quiero decir, obras que están impregnadas del sentimiento confuso y sublime de lo sagrado”.

Paz y Toscano se convirtieron en asiduos visitantes del Museo Nacional y recorrieron las principales zonas arqueológicas de los valles de México y Puebla, acompañados por otros amigos. De esa iniciación temprana y privilegiada nació su fascinación por el arte.

Más tarde, el poeta traduciría esa fascinación en prácticamente todas las vertientes creativas, desde la pintura y la escultura, a las vidas mismas que, en su opinión, representaban obras de arte, como en el caso de Sor Juana Inés de la Cruz.

Precisamente de ella escribió con respecto al libro La Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (1691): “No solamente es una de las primeras autobiografías intelectuales de la cultura moderna, sino que es la primera autobiografía de una mujer”.

Así, en Materia y Sentido: el arte mexicano en la mirada de Octavio Paz el Premio Nobel mexicano comenta que como resultado del problema ocasionado por la claridad, inteligencia y libertad con las que Sor Juana expresó su pensamiento – algo inédito en una monja -, el confesor de la poeta, el jesuita Antonio Núñez de Miranda, le retiró sus auxilios espirituales y se negó a verla. Al no encontrar otra salida, Sor Juana se doblegó ante las presiones y obtuvo el perdón de su confesor a través de la sumisión y la renuncia a las letras y el conocimiento.

En el capítulo final de su ensayo, Paz recuerda que Sor Juana tenía predilección por tres figuras de la mitología y la historia sagrada: Isis, la diosa egipcia, madre universal pero sobre todo madre de las letras y la sabiduría; Santa Catalina de Alejandría, otra egipcia, doncella sabia y mártir, que defendió su derecho al saber profano y pidió la educación universal para las mujeres, y Factón, hijo de Apolo y Climene, que murió fulminado por el rayo de Zeus por haberse atrevido a conducir los caballos del Sol, lo que simboliza la osadía del espíritu humano y sus fracasos, tal como le ocurrió a Sor Juana.

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