La carretera del olvido

BAJO EL SOL
Por: Carlos AGUIRRE

Hace al menos 3 años, casi 4 que fue anunciada e iniciada la obra de ampliación de la carretera Colima – Manzanillo. Hubo mucha alegría y no era para menos, esa obra representaba la gran oportunidad de disminuir el número de accidentes por el creciente número de tractocamiones, que a diario circulan por esa vía, hacia y desde Manzanillo, nuestro querido puerto, el más importante de México.

Lejos de convertirse en el elemento que disminuyera los accidentes, estos se incrementaron. La cara prácticamente era la misma, el número de vehículos circulando en la vía, también. ¿Qué cambió? Las condiciones de la vialidad cambiaron desde luego, por la intervención para su ampliación.

Tres entes al menos responsables de la ejecución de los trabajos de ampliación: Gobierno federal, gobierno estatal y la concesionaria PINFRA. De los tres no se hace uno, la obra está mal planeada desde que inició hace más de tres años.

La Senadora Mely Rmero se manifestó de manera muy enérgica hace aproximadamente un año respecto de esta carretera haciendo un llamado a las autoridades federal y estatal y a la misma cesionaria a poner un poco de atención en el asunto y se evitara al menos un poco, el caos. Días antes, el subsecretario de turismo Jorge Padilla, dijo que las obras no afectaban al turismo. Ana Karen la senadora oficialista pretendió desmentir a Mely, diciendo que no era cierto que se causara malestar.

Los últimos días, varios actores políticos han manifestado su enérgica protesta por lo caro que ha resultado la ampliación y no en el presupuesto directo de la obra solamente, sino en vidas, en demoras, en el impacto económico en el turismo, en el comercio y en el mismo puerto, al que se trataba de fortalecer. La falta de planeación y el desinterés de las tres entidades mencionadas ha ocasionado todo esto.

De manera seria y sobre todo consistente, la Senadora Mely Romero ha sido la única que no ha quitado el dedo del renglón, sabe que la autopista es vital para el desarrollo del occidente del país, como vital es la urgente intervención de la autoridad.

Y es que, la gobernadora ha minimizado el impacto negativo de la obra y al menos en dos ocasiones que ha tenido la oportunidad de pedir apoyo a la presidenta, lo ha desaprovechado, tratando de no incomodarla con un señalamiento. ¿Será que la conoce sabe que no le gusta que le reclamen nada? La primera vez ante la pregunta de la de la a, que se dio cuenta de todo el tráfico que había y el caos que este generaba, se limitó a responder que “era una hora pico”. La segunda vez, en el trayecto a Manzanillo hasta se detuvo el convoy para admirar la maravilla natural que la 4T había descubierto: Las líneas de colores. Eso sí se le hizo importante de mostrar a la de la a y no el caos y desorden que la obra causa por la pésima planeación. Parece que es ella quien está haciendo los trabajos de ampliación y no quien los encargó. Señora gobernadora, ¡jálele las orejas a los responsables!

Nadie sabe a que hora se detendrá el tráfico por los trabajos, (menos desde luego por los accidentes) y cuando esto sucede, nadie sabe cuando se restablecerá. En un tramo tan corto, de menos de 100 kilómetros, a nadie se la ocurrido monitorear en tiempo real las condiciones de circulación en el tramo Colima a Manzanillo, al menos en los puntos críticos. Esto permitiría tomar decisiones en tiempo real y si es el caso, implementar operativos para desviar el flujo a las rutas alternas. ¿Cuánto estaría hacerlo? Desde luego que el costo sería mucho menor que seguir siendo omisos en el tema.

Alguien debe decirles a las autoridades responsables que se pongan a trabajar y que eso de defender la soberanía lo dejen a quienes realmente les corresponda y que actúen cuando realmente sea necesario, no solo para defender delincuentes, ya es demasiado. Son muchos muertos los que ha costado la obra y muchos miles de millones de pesos en pérdidas asociadas a los costos indirectos.

Aquí, Bajo el sol, no hay sombra que nos cobije.