Editorial AF

LOS ASPIRANTES

Poco a poco, el panorama electoral se despeja para que los colimenses empiecen a calibrar su decisión del próximo 7 de junio. De esa forma, los partidos políticos, de acuerdo con sus estatutos, perfilan a sus aspirantes.

El PRI aprobó la precandidatura de Ignacio Peralta Sánchez a la gubernatura y está en camino de hacerlo con el resto de aspirantes a las alcaldías, diputaciones federales y locales, junto con otras organizaciones políticas como Nueva Alianza y el Verde Ecologista, en coaliciones parciales. La operación que va cauterizando la “unidad interna” se observa en marcha, con pactos y forcejeos naturales de una contienda política.

Movimiento Ciudadano optó por Leoncio Morán, cuyo desprendimiento de Acción Nacional abrió un boquete de rupturas y desgranó la migración de inconformes con una dirigencia estatal que atestiguará sordomudamente un proceso complicado, el cual, incluso, alejó las posibilidades de una alianza de facto con el Partido de la Revolución Democrática, invisible en el ánimo comicial por sus fisuras públicas.

El desistimiento de Virgilio Mendoza, alcalde de Manzanillo, convenció a Jorge Luis Preciado para abandonar la placidez de la coordinación legislativa e inscribirse como aspirante a la gubernatura, por el PAN. El camino parecía despejado, pero se le cruzó el regidor Pedro Peralta, quien anunció su intención sin los aspavientos del senador. Así, se confrontarán dos visiones, opuestas, de los principios doctrinarios de ese partido.

Morena, el movimiento que pregona ser la esperanza de México y critica la verticalidad de las designaciones de otros partidos, incurrió en esa práctica cuando nombró, sin ninguna asamblea, como su representante a la gubernatura a José Francisco Gallardo Rodríguez, ex militar sin arraigo en Colima y conocido por su intención de establecer una defensoría de los derechos humanos en las fuerzas armadas, hecho por el que fue encarcelado casi una década.

Esta es la geografía, las personalidades y los criterios internos de los partidos que definieron a los aspirantes. Corresponderá a los ciudadanos analizarlos en sus discursos y planteamientos. Las campañas invadirán, en los próximos meses, todos los escenarios y medios de comunicación. La desembocadura es sencilla: está en juego el futuro inmediato del estado. Así que, como nunca, el voto razonado determinará y exigirá que las promesas se traduzcan en hechos.

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