Descubrimos el fuego, antes que la Inteligencia Artificial

UNA POCA DE GRACIA
Por: Carlos Alberto Pérez Aguilar

Hace unos días leí el ensayo “La turbulenta era de la IA ya está aquí”, que Bill Gates escribió sobre el futuro de la inteligencia artificial y las decisiones que tendremos que tomar frente a ella. Es difícil que yo pueda tener la misma autoridad que el magnate para hablar de estos temas, pero de lo que sí les puedo hablar es del descubrimiento del fuego y todo lo que traerá consigo para nuestra humanidad.

Iniciamos…

Hoy hemos descubierto el fuego y todavía no sabemos qué haremos con él. Lo que hasta ahora sabemos es que puede calentarnos durante las noches, iluminar nuestros refugios y cocinar nuestros alimentos. Sabemos también que puede ahuyentar a los animales que nos amenazan y que, de alguna manera, nos permite hacer cosas que hasta ahora parecían imposibles.

Pero apenas estamos comenzando a comprender su verdadero poder, porque dentro de algunos años, quizá nuestros hijos descubran nuevas formas de utilizarlo y eso ayude a transformar por completo el mundo. ¿A poco usted no lo cree?

Dentro de algunas generaciones alguien podría encontrar la manera de utilizarlo para transformar los metales, fabricar herramientas, construir máquinas y modificar nuestro entorno. No tengo la menor duda de que quizá algún día el fuego nos permitirá viajar más lejos en enormes máquinas que serán soldadas; que nos permitirá construir ciudades enteras con piezas que armaremos; civilizaciones que cuenten con la capacidad de producir energía y modificar por completo nuestra manera de vivir.

Lo único que sabemos es que acabamos de encontrar una fuerza que es mucho más poderosa que nuestras propias manos y es por eso por lo que deberíamos tener cuidado, porque el fuego podrá alimentarnos, pero también podrá destruir nuestros hogares; podrá protegernos, pero también podrá convertirse en un arma de destrucción.

Insisto mucho en que el fuego no será bueno ni malo, será aquello que decidamos hacer con él. Y quizá esa sea la primera gran lección que deberíamos aprender frente a cualquier descubrimiento que aumente nuestro poder.

No debemos preguntarnos únicamente qué podemos hacer, sino qué debemos hacer, porque estoy convencido de que el fuego no será el último gran descubrimiento que transformará nuestra historia, tal vez sea nuestro punto de partida.

En el futuro tal vez, en alguna clase de historia o de ética, se den cuenta de que desde el descubrimiento del fuego hasta el origen de la metalurgia deberán pasar muchos años, sin comprender o poner atención a la evolución humana que debe existir antes para lograr pasar de un punto a otro.

Porque primero el fuego, después muy posiblemente vendrán herramientas, agricultura, escritura, la rueda, la imprenta, la electricidad, las máquinas, las computadoras y muchas otras formas de ampliar nuestras capacidades, todo gracias al fuego que hoy descubrimos.

Cada generación encontrará una manera de hacer aquello que antes parecía imposible y quizá algún día descubramos algo todavía más extraordinario, que no solamente aumente nuestra fuerza, sino nuestra capacidad para pensar y ese día nuestra relación con la tecnología cambiará para siempre.

Porque una cosa es construir una herramienta que sea capaz de levantar más peso que nosotros, a otra, muy diferente, será construir una herramienta capaz de aprender, analizar, crear y encontrar soluciones que nosotros no podemos encontrar por nuestra cuenta.

Cuando llegue ese momento tenemos que recordar lo que estamos aprendiendo hoy y no deberemos temerle, pero tampoco deberemos confiar ciegamente en el fuego, esa insignificante chispa que tendremos que aprender a controlar, enseñar a nuestros hijos a utilizar y establecer límites.

Desafortunadamente muchas vidas se perderán en el camino; habrá desde los que se quemarán por tocarlo hasta los que crearán armas de destrucción masiva y posiblemente arrastren pueblos enteros; de todo eso deberemos aprender a lo largo de nuestra relación con el fuego, tan inofensivo y demoledor a la vez.

Así como veo seres humanos capaces de vivir en lugares donde antes no podían sobrevivir, alimentos mejor preparados; herramientas más resistentes; materiales transformados; comunidades reunidas alrededor del fuego durante la noche, viajes espaciales… también puedo imaginar lo contrario: bosques ardiendo; hogares destruidos; personas utilizando el fuego contra otras personas; batallas en el mar conquistando territorios; civilizaciones convirtiéndose en cenizas; guerras mundiales; exterminios racistas; explosiones de destrucción masiva.

El verdadero descubrimiento no es el fuego, sino aprender a utilizar el poder, la tecnología, cada recurso que tenemos sin convertirnos en esclavos de él, porque, quizás, miles de años después, nuestros descendientes miren hacia este momento y no comprendan cómo pudimos vivir sin fuego o sin inteligencia artificial y se sorprendan de que alguna vez tuviéramos miedo de utilizarlo.

Hoy estamos apenas en el comienzo y no sabemos hasta dónde nos llevará el fuego, sin saber hasta dónde nos llevará nuestra capacidad de crear. Algún día, quizá, una sociedad se involucre con la inteligencia artificial que ampliará nuestra capacidad de pensar y ese día no estaremos frente al final de la evolución humana, sino frente a otro de sus capítulos.

Cada vez que la humanidad descubre una nueva forma de ampliar sus capacidades, no solamente cambia lo que puede hacer. Cambia lo que puede llegar a ser, y quizá ese sea el verdadero significado de la evolución. No esperar a que el futuro nos transforme. Aprender a transformarnos antes de que el futuro lo haga por nosotros.