Con la LISTA…la Mesa está LISTA

Con la LISTA…la Mesa está LISTA
Por: Esteban HERRERA UGARTE

El poder suele temer más a las ideas que a los gritos. Los gritos se disuelven; las ideas permanecen, se multiplican y, cuando encuentran una causa común, pueden convertirse en movimientos sociales.

Quizá por eso llamó tanto la atención que desde Palacio Nacional se presentara algo que el Gobierno describió como un “ecosistema de amplificación digital”, integrado por periodistas, articulistas, medios de comunicación, organizaciones civiles y personajes políticos críticos de la Cuarta Transformación. No se les acusó de cometer algún delito, sino de algo que para el poder parece resultar igualmente inquietante: producir mensajes que otros reproducen y que, según la explicación oficial, buscan golpear o desprestigiar al movimiento gobernante.

Luisa María Alcalde, Consejera Jurídica de la presidencia de la república, justificó que no se trataba de una LISTA, sino una muestra de cómo se “amplifican los mensajes “de los críticos del sistema. La presidenta Claudia Sheinbaum negó también que existiera una lista negra y sostuvo que únicamente se explicó cómo operan las redes sociales. Sin embargo, cuando desde el principal espacio de comunicación del Estado se proyectan nombres y rostros de ciudadanos críticos, la diferencia entre analizar y señalar se vuelve demasiado delgada. Especialmente cuando el poder no solamente posee el micrófono, sino también la justicia, el presupuesto y la capacidad de convertir una descalificación política en estigmatización pública.

Los integrantes de “La Lista” reaccionaron con indignación, ironía y preocupación. Periodistas, medios y dirigentes opositores consideraron que se trató de un mensaje de intimidación contra quienes cuestionan al Gobierno. Por eso el problema no es sólo quién aparece en la lista, sino quién la exhibe y desde dónde lo hace.

La historia demuestra que las grandes transformaciones comienzan con ideas. Montesquieu, Voltaire y Rousseau sembraron los principios de libertad, igualdad y soberanía que inspiraron la Revolución francesa; Locke y Thomas Paine dieron argumentos a la independencia estadounidense. En México, Los Sentimientos de la Nación de Morelos propuso un nuevo país, mientras Regeneración, de los Flores Magón, y La sucesión presidencial en 1910, de Madero, alimentaron la oposición al porfiriato. Las palabras no hicieron solas las revoluciones, pero les dieron rumbo y legitimidad: una rebelión puede derribar un gobierno; las ideas permiten construir otro.

¿Será eso lo que realmente preocupa a la Cuarta Transformación? ¿Que las investigaciones, críticas, denuncias y propuestas de quienes fueron exhibidos dejen de ser voces aisladas y comiencen a encontrarse? Porque una crítica multiplicada no necesariamente constituye una conspiración: también puede significar que el mensaje encontró eco porque describe una preocupación compartida.

Las mesas sirven para muchas cosas. En ellas se come, se trabaja, se celebran reuniones familiares, se negocian acuerdos y se discuten diferencias. Alrededor de una mesa se planean campañas, se diseñan políticas públicas, se debaten ideas y también se imparte justicia. Una mesa puede ser espacio de reconciliación o de ruptura; de sobremesa o de conspiración; de diálogo democrático o de imposición. Todo depende de quiénes se sienten, qué lleven consigo y si están dispuestos a escuchar al que piensa diferente.

México necesita precisamente una gran mesa. Una en la que se sienten periodistas, académicos, organizaciones civiles, empresarios, trabajadores, jóvenes, mujeres, partidos y ciudadanos que quieran recuperar instituciones sólidas, transparencia, seguridad, paz y equilibrio entre poderes. Una mesa donde las diferencias no sean motivo de persecución, sino materia prima para construir acuerdos.

Tal vez el Gobierno quiso exhibir una red de opositores y terminó proporcionando la lista de invitados a esta mesa.

Con la LISTA, la mesa está LISTA, porque el Gobierno quiso exhibir adversarios y terminó presentando a los posibles invitados de una nueva conversación nacional.

Con la LISTA, la mesa está LISTA, porque quienes fueron señalados por pensar distinto ya tienen un lugar común para construir el cambio.

Con la LISTA, la mesa está LISTA, porque cuando la crítica encuentra nombres, las ideas encuentran sillas y el cambio comienza a encontrar rumbo.

Con la LISTA, la mesa está LISTA, porque lo que pretendía ser un menú de acusaciones puede convertirse en un banquete con vientos de cambio.

Con la LISTA, la mesa está LISTA, también para ti, falta que ocupes tu lugar. ¿Cómo? Informándote, contrastando versiones, defendiendo tu derecho a disentir, participando y convirtiendo la inconformidad en propuestas. Porque los cambios no llevan a domicilio: hay que sentarse a construirlos.

Con la LISTA, la mesa está LISTA. El Gobierno puso los nombres, la crítica puso el menú y la ciudadanía llevará las propuestas y las ideas. Sólo falta saber quién pagará la cuenta…