CON ESPUMA

Greguerías, algo así como proesías

Por: Ihovan Pineda

Con Ramón Gómez de la Serna

nace la poesía moderna de España e Hispanoamérica.

Nace hablando en prosa.

Octavio Paz

Género literario creado por Ramón Gómez de la Serna, la greguería no tiene definición exacta a pesar de su aparente simplicidad.

 

Iniciada como Gómez de la Serna lo manifiesta, desde 1910 en su laboratorio de escepticismo de donde surgió para él la flor de todo lo que queda y de lo que vive, la greguería no es otra cosa que una composición  breve en prosa y para nada un análisis o pensamiento crítico.

Las greguerías son interpretaciones humorísticas sobre aspectos y cosas de la vida cotidiana, son una mezcla de poesía y prosa; de humorismo y metáfora que dan como resultado la proesía irónica que se burla del concepto sintáctico y definido que tenemos sobre las cosas que nos rodean, y de las cuales dependemos a diario.

Para Gómez de la Serna, estas composiciones en prosa son tan breves, que significan mucho. Tan espontáneas como un relámpago en medio de la noche que provoca la lluvia. Una casualidad, que por su misma situación, permite la combinación de varios elementos y herramientas retóricas que dan como resultado una enorme variedad que se solidifica en una unidad esencial, es decir, en una expresión de ideas complejas y propias en pocas palabras, donde se unen la comparación, la paradoja y la hipérbole que el autor le imprime a cada greguería.

Así, teniendo como antecedente de este género literario, tenemos a Víctor Hugo, Luis de Góngora, William Shakespeare, José Zorrilla, Paul Verlaine y Antón Chéjov, que en algún momento de sus vidas y por consecuencia en sus textos, nos presentan las primeras greguerías que se escribieron antes de que el mismo Gómez de la Serna las hiciera, relativamente suyas, y las pusiera en práctica. Y quizá sea que gracias a estos autores, fue como Gómez de la Serna haya descubierto e iniciado este extraño género de la literatura breve.

Por otro lado, no son muchos los autores que hoy en día escriben greguerías, para algunos escritores contemporáneos no vale la pena dedicarse a éstas, y pareciera que le restan importancia ante géneros consolidados y de mayor seriedad como el cuento, la novela o la poesía. Por ello, resulta importante la labor de Alberto Llanes en retomar e introducir estos chispazos prosísticos a nuestra literatura colimense y por que no decirlo, a nuestras letras mexicanas.

A similitud que su maestro Gómez de la Serna, Alberto Llanes se burla, se ríe y desajusta los significados y el significante de las cosas. Desde la muerte y la poetiza, hasta las frutas que renacen con un nuevo concepto, son sólo algunos de los elementos que toma el escritor como parodia.

La muerte para Alberto Llanes no es la misma que nosotros conocemos, para el escritor de greguerías: “El insomnio junta los sueños para reponerlos al morir, por eso la muerte es eterna”.

Con respecto a las frutas, el autor dice que: “La granada es una fruta explosiva” y que “las uvas cuando llegan a la tercera edad se vuelven pasas”. Con referencia a lo material, Llanes afirma: “Las esferas son los aretes del árbol navideño” y “el polvo es el maquillaje de los muebles”.

La tarea prosística de Alberto Llanes abarca desde el significado de las cosas más insignificantes, hasta el significante de las cosas más significativas, para nosotros, utensilios, aparatos, frutas, verduras, enfermedades, ciencias, disciplinas, el cuerpo humano, la mujer, el hombre, las musas, las sirenas y el amor son retomadas para darnos otra idea muy diferente a la que teníamos anteriormente de ellas.

Los invito y los dejo para que disfruten de un buen platillo de greguerías, para que sientan el pinchazo de un alfiler, la mordida de una hormiga encabronada, de una pluma que es capaz de crucificar insectos, de un soplo que revienta burbujas de jabón, de un suspiro que lo deshace todo, de unas manos de brujo que inventan y reinventan la sintaxis del mundo.

En este compendio tenemos a la mano más de cien greguerías. La variedad es inmensa mientras que la composición en prosa es pequeña. Y es que una buena greguería, como lo dijo Alfonso Reyes, “No debe durar más allá de dos líneas”. O como lo aseveró en su momento Jorge Luis Borges, “Cada greguería es una revelación momentánea”.

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