Un pago electrónico es cualquier cobro que se liquida sin que cambie de mano un billete: una tarjeta que se acerca a una terminal, una transferencia desde el teléfono, un código que se escanea. Definido así, parece algo ajeno a la tienda de la esquina. Sin embargo, es justo ahí, en el comercio pequeño de Colima, donde se decide cuánto avanza o se frena la costumbre. Alrededor de ella circulan creencias que conviene separar de lo que sí muestran los datos.
Mito: en México nadie deja el efectivo
La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024, que levantan el INEGI y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, dice otra cosa. El efectivo sigue siendo el medio de pago más frecuente, tanto en compras de menos como de más de 500 pesos, pero su peso bajó frente a 2021. Subieron las tarjetas de débito y crédito, y también las transferencias electrónicas o desde una aplicación del celular. El mayor salto fue el de las transferencias en compras de más de 500 pesos: 4.8 puntos porcentuales respecto de 2021.
Los resultados citados son nacionales; no hay aquí una cifra confirmada para Colima, de modo que no se cita ninguna. Lo que sí se puede decir es que la tendencia de fondo apunta en una sola dirección, aunque a ritmos distintos según el lugar y el tipo de negocio.
Verdad: el celular ya es la sucursal de muchos
Entre las personas con una cuenta de ahorro formal, el uso de la aplicación del celular para consultar o mover dinero pasó de 54.3 % en 2021 a 69.1 % en 2024. En paralelo cayó el uso de cajeros y de sucursales. Quien ya hace sus movimientos desde el teléfono llega al mostrador con la expectativa de poder pagar de la misma manera, y un comercio que no lo permite pierde una venta sin enterarse.
Mito: cobrar con tarjeta es solo cosa de negocios grandes
Basta mirar quién pide un comprobante o una factura para notar que las ventas pequeñas también se vuelven rastreables. Un negocio familiar que cobra por transferencia deja un registro de cada operación, algo que el efectivo no ofrece y que ayuda al momento de ordenar las cuentas o de aclarar una diferencia con un cliente. Ese rastro tiene un costo en comisiones que cada dueño debe calcular con su propio margen.
Para decidir con cabeza fría conviene revisar con calma las ventajas y desventajas de los medios de pago electrónicos, explicado paso a paso, una lectura complementaria que ordena los argumentos a favor y en contra antes de cambiar la forma de cobrar.
Verdad: las resistencias tienen razones concretas
Quien prefiere el billete no siempre lo hace por costumbre. Hay comerciantes que desconfían de las comisiones, clientes que temen un cargo indebido y zonas donde la señal de internet falla justo en el momento del cobro. También pesa la memoria de quien alguna vez recibió un mensaje falso pidiendo datos de su cuenta. Desconfiar de un mensaje que pide claves y verificar siempre por el canal oficial es un hábito razonable antes de operar por primera vez.
Confiar lleva tiempo y se logra con experiencias repetidas: un pago que llega completo, un reembolso que se resuelve, un comprobante que coincide con el cobro.
Mito: basta con instalar una terminal
Aceptar tarjeta es apenas la mitad del trabajo. Después viene la relación con el cliente, y en esa parte la mensajería ocupa un lugar cada vez más visible: confirmar un pedido, avisar que un producto está listo, resolver una duda sobre un cobro. Para negocios con volumen, existen herramientas que automatizan esas respuestas, y una guía sobre cómo usar whatsapp business api para mi tienda detalla cómo funcionan en la práctica y qué requisitos piden.
Un comercio pequeño no necesita todo a la vez. Puede empezar por un solo medio de cobro, medir cuántos clientes lo usan y sumar otro cuando el primero ya funcione sin sobresaltos.
Verdad: el sistema de pagos ya está tendido
Existe una aplicación de cobro por código, CoDi, impulsada por el Banco de México. Según la ENIF 2024, 38.0 % de la población conocía esa aplicación, cuatro puntos más que en 2021, y entre quienes la conocían, 12.8 % la había usado. Es decir, la herramienta existe y se conoce, pero todavía se usa poco.
Esa brecha entre saber que algo existe y usarlo explica buena parte del panorama. No falta tecnología; falta hábito, y el hábito se forma en las pequeñas compras de todos los días.
Lo que viene
Si se mantiene el rumbo que muestra la encuesta, el efectivo seguirá cediendo terreno de manera gradual, con comercios que combinan varias formas de cobro y clientes que eligen según la ocasión. En una entidad pequeña como Colima, donde muchos negocios son atendidos por sus dueños, el cambio probablemente se note primero en los cobros más repetidos: el café de la mañana, el mandado, el transporte.
Falta ver qué tanto pesan la conectividad, la confianza y las comisiones en esa transición. Cada comerciante tiene su propia respuesta, y cada cliente también.
Entonces, cuando se acerque a la caja la próxima vez, ¿quién decidirá cómo se paga: el que cobra o el que compra?
















