Masculinidad y maltrato animal: una reflexión necesaria

Masculinidad y maltrato animal: una reflexión necesaria
Por: Mtro. Guillermo Ramírez Zavala 

Cuando hablamos de maltrato animal, casi siempre pensamos en el hecho visible: el golpe, el abandono, la crueldad, el sufrimiento del animal. Pero pocas veces nos detenemos a pensar en algo más profundo: ¿qué idea de poder hay detrás de quien lastima a un ser vivo que no puede defenderse?

No se trata de decir que todos los hombres maltratan animales. Eso sería injusto y falso. Se trata de abrir una conversación sobre ciertas formas de masculinidad que enseñan, desde edades tempranas, que ser hombre significa no sentir, no mostrar ternura, dominar, imponerse, aguantar, castigar o demostrar fuerza frente a quien es más vulnerable.

¿Cuántas veces escuchamos frases como “no llores”, “no seas débil”, “los hombres no se encariñan”, “es solo un animal”, “así se corrige”, “así aprende”? ¿Cuántas veces confundimos autoridad con violencia? ¿Cuántas veces se enseña que cuidar, acariciar, alimentar o preocuparse por un animal es una muestra de debilidad y no de responsabilidad?

El maltrato animal puede ser también un espejo incómodo de cómo hemos construido algunas formas de masculinidad. Una masculinidad que no sabe relacionarse con la vulnerabilidad sin intentar someterla. Una masculinidad que se siente amenazada por la ternura. Una masculinidad que aprendió que el dolor ajeno no importa si quien lo causa tiene más fuerza.

El trato hacia los animales también educa, un niño que ve a un adulto golpear a un perro, abandonar a un gato, lastimar a un caballo o burlarse del sufrimiento de un ser vivo aprende algo. Aprende que el poder puede ejercerse sin cuidado. Aprende que quien no puede defenderse puede ser tratado como cosa. Aprende que la violencia puede ser normal.

Pero también ocurre lo contrario. Un niño que ve a un hombre cuidar, alimentar, rescatar, curar o proteger a un animal también aprende algo. Aprende que la fuerza puede ser compasiva. Aprende que cuidar también es una forma de responsabilidad. Aprende que ser hombre no significa endurecerse frente al dolor, sino saber responder ante él.

Por eso, hablar de masculinidad y maltrato animal no es un tema menor, es una invitación a revisar cómo educamos, cómo corregimos, cómo convivimos y cómo entendemos el poder. Es preguntarnos qué mensajes estamos transmitiendo en casa, en la calle, en las escuelas, en los ranchos, en los barrios y en nuestras comunidades.

¿Qué pasa cuando un hombre cree que puede demostrar autoridad golpeando a un animal?, ¿Qué pasa cuando una comunidad ve el maltrato y guarda silencio?, ¿Qué pasa cuando las niñas y los niños observan esa escena y nadie les explica que eso está mal?, ¿Qué pasa cuando la crueldad se vuelve costumbre?

La prevención del maltrato animal también necesita una conversación colectiva sobre las masculinidades. No basta con castigar cuando el daño ya ocurrió. Necesitamos educar antes. Necesitamos enseñar que la vida de un animal merece respeto. Necesitamos decir con claridad que la violencia no es valentía, no es autoridad, no es disciplina y no es hombría.

La acción colectiva empieza con gestos concretos: denunciar el maltrato, no celebrar la crueldad, no justificar el abandono, enseñar a cuidar, apoyar campañas de esterilización, promover adopciones responsables, exigir instituciones que respondan y hablar con niñas, niños y jóvenes sobre el valor de la empatía.

También empieza entre hombres. Hombres que se atrevan a decirle a otros hombres: “eso no está bien”. Hombres que no se burlen del cuidado. Hombres que no confundan sensibilidad con debilidad. Hombres que puedan enseñar, con su ejemplo, que proteger a un ser vulnerable es una forma profunda de humanidad.

El maltrato animal nos obliga a mirar más allá del hecho. Nos invita a preguntarnos qué tipo de sociedad queremos construir y qué tipo de masculinidades estamos formando. Porque una comunidad que normaliza la crueldad hacia los animales también corre el riesgo de normalizar otras formas de violencia. Y una comunidad que aprende a cuidar a quienes no pueden defenderse, también aprende a cuidar mejor de sí misma.

Mtro. Guillermo Ramírez Zavala 

Especialista en Psicología Jurídica y Desarrollo de Políticas Públicas en Salud Mental