El pez sin el agua
Por: Rubén Pérez Anguiano*
Mucho me causa molestia en estos días y quizás la mejor forma de combatirlo sea compartirlo. Aquí va.
Me molesta que las autoridades electorales se hagan las ciegas frente a las constantes transgresiones a la norma, esa norma que se construyó para evitar la inequidad en los procesos democráticos. Candidatas y candidatos aparecen de forma descarada en actividades proselitistas y las cosas se quedan como están, sin al menos una llamada de atención. Es como si de golpe estos procesos regresaran al simple y llano agandalle sin posibilidad de una conducción legal y civilizada.
Desde hace meses se acumulan signos de una futura elección de Estado, una elección desigual y amañada, como aquéllas que fueron superadas por décadas de cuidadosa construcción electoral. No es que ya estuviéramos en el apogeo democrático, pero transitábamos hacia allá y ahora todo parece retroceder o estancarse. Esto deberá tener un juicio histórico, al menos, y los nombres de las y los protagonistas están a la vista.
Me imagino que las y los funcionarios del INE, así como de los institutos locales y de los tribunales electorales, decidieron conservar sus empleos y su seguridad económica refugiándose en el silencio y mirando hacia otro lado. Eso puede ser comprensible, pero que no salgan más tarde a decirnos que su responsabilidad es con la legalidad y la democracia. No sería lógico ni coherente. Yo sé que lo que diré no les quita el sueño, pero es así: la historia los está mirando y cada quien elige cómo será recordado.
Me molesta, también, que candidatas y candidatos, cobijados bajo diversos nombres, se muestren desafiantes frente a la ley. El derecho no puede ser burlado de forma impune. Cuando eso sucede siempre llegan los efectos. Violar la ley o reducirla a un tema de leguleyos genera tarde o temprano un reflujo social. Digo, si hoy estas candidatas y candidatos burlan la legalidad en sus aspiraciones no podrán, después, invocar la ley como gobernantes (si es el caso). No se puede, pues, chiflar y comer pinole.
Me molesta, por si fuera poco, que la sociedad se muestre tan indiferente frente a la progresiva destrucción de las instituciones que ofrecían un cierto margen de existencia republicana y control al poder. Los casos emblemáticos están allí. Uno de ellos es la reforma al Poder Judicial, que ya escandaliza por sus efectos hasta a unos cuantos legisladores de Morena (entre ellos, a los mismos que promovieron y ejecutaron dicha reforma), pero la sociedad se mantiene al margen del debate público y pareciera conforme con esa destrucción sistemática de un poder fundamental en la salud republicana. El otro caso es la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que naufraga bajo el peso de una directiva comprometida con el grupo o movimiento en el poder y no con los derechos que debería proteger y enaltecer. Aquí, también, la sociedad no da muestras del mínimo interés.
Me molesta, en especial, la corrupción a gran escala que parece ensuciar todo el periodo de gobierno del ex presidente Andrés Manuel. Hace unos días recordé una frase que pronunció en una de sus famosas mañaneras. En esa ocasión se expresó con desprecio de los “alcahuetes de la corrupción”. Pues bien, quizás esa frase quede como un autorretrato o, si se quiere, como una autofoto o “selfie” de una era donde se prometió tanto y se dejó de cumplir mucho más.
Me molestan muchas cosas más, pero mencionaré tan solo otra: me indigna que se use con desenfado el término “soberanía” y hasta se instigue a la población contra la injerencia extranjera para proteger a un puñado de funcionarias y funcionarios vinculados con el crimen organizado. Digo, el concepto de “soberanía” va más allá de esos absurdos y ruinosos pretextos.
En fin, quizás algún día todo lo que me molesta llegue a molestar a muchos más. No quisiera perder al menos esa esperanza.
*Rubén Pérez Anguiano, colimense de 58 años, fue secretario de Cultura, Desarrollo Social y General de Gobierno en cuatro administraciones estatales. Ganó certámenes nacionales de oratoria, artículo de fondo y ensayo. Fue Mención Honorífica del Premio Nacional de la Juventud en 1987. Tiene publicaciones antológicas de literatura policíaca y letras colimenses, así como un libro de aforismos.

















