La caída de una ciudad y la confusión de etnias

El pez sin el agua
Por: Rubén PÉREZ ANGUIANO*

 La Odisea de Christopher Nolan no fue la primera transgresora: en 2018 una serie británica (Troy: Fall of a City) reconstruyó la Ilíada con una perspectiva osada. Aquiles y Patroclo aparecieron representados por actores de ascendencia africana: David Gyasi, excelente, por cierto, y Lemogang Tsipa.

Ni el mismo Zeus quedó a salvo y fue expresado por Hakeem Kae-Kazim, que no lo hizo mal. No estoy en contra de tal licencia, es más, hasta me parece absurdo discutirla, pues una obra clásica está sujeta a la libre interpretación y reconstrucción de otras eras y naciones. Actores occidentales (incluso orientales), más allá de su origen étnico, tienen todo el derecho de interpretar, dirigir y reconstruir una obra que les pertenece culturalmente.

Así, un actor afro británico puede ser Aquiles tanto como un actor galés, escocés o irlandés, pues a final de cuentas ninguno de ellos posee identidad racial con el mítico Aquiles, que era aqueo, griego, mirmidón o lo que fuera. De la misma forma, un actor americano, británico, francés o afro europeo podría encarnar a Héctor, que era troyano, pero no estamos seguros de lo que eso significaba: pelasgo, oriental o anatolio. Digo, ni modo que para cada reconstrucción literaria traigamos a la etnia correcta (en caso de que todavía subsista sin cruces por esta época).

De cualquier forma, es un poco extraño mirar en la pantalla actores distintos a la imagen caucásica que estamos acostumbrados y eso abre, además, posibilidades inquietantes. Si seguimos por ese camino será lógico aceptar que todo actor o toda actriz, más allá de su apariencia física, su estatura, su color de piel o incluso su género puedan interpretar al personaje que sea. Pero no creo que, por ese camino, las posibilidades resulten fácilmente aceptadas. Exploremos algunas:

  • Una película sobre el descubrimiento de América, donde Cristóbal Colón sea interpretado por un actor coreano, digamos, por un cantante de la agrupación BTS,
  • Una película sobre una de las grandes epopeyas de Occidente, la conquista de América (casi como una continuación de la famosa Apocalypto, de Mel Gibson) con actores españoles interpretando a los indígenas, mientras que Hernán Cortés y sus acompañantes estarían a cargo de actores nativos norteamericanos. Sería una deliciosa ironía. Una interesante variante podría ser que el reto de representar a Malinche fuera de una actriz como Cameron Diaz o la bellísima Ana de Armas. Hasta podrían alcanzar el Óscar.
  • Una película sobre la Guerra de Reforma en México, que no se ha hecho con calidad mundial, pero el tema vale la pena. Aquí el personaje de Benito Juárez podría ser interpretado por un actor noruego, tipo el futbolista Erling Haaland. Digo, sería todo un reto actoral. Maximiliano de Habsburgo podría ser un personaje desafiante para un actor de ascendencia apache o comanche.
  • Si bien ya tenemos algunas películas inspiradas en las obras de Shakespeare con actores de etnias distintas a las británicas, no se atreven todavía a darle a un actor afroamericano, como Morgan Freeman o Samuel L. Jackson el papel de algún rey inglés. Sería interesante mirar a uno de ellos interpretando a Ricardo III o Enrique V, por ejemplo.
  • Ya que Helena de Troya fue interpretada por Lupita Nyong’o, ¿qué impide que la mujer más bella de la época sea interpretada por un hombre transgénero o, digamos, por una actriz que ronde por la tercera edad, como Helen Mirren o Judi Dench?, ¿acaso sólo debemos romper con el estereotipo del género?, ¿la edad no será la frontera definitiva? En fin, creo que a Nolan le faltó un poco más de audacia al respecto.

Y dejando volar la imaginación y las posibilidades, ¿por qué oponernos a la recreación de otros personajes históricos?

  • Dwight D. Eisenhower, recientemente interpretado por Brendan Fraser, bien podría estar a cargo del gran actor chino Chow Yun-fat (el protagonista de El tigre y el dragón)
  • Albert Einstein, en lugar de ser representado por Andy Serkis o Tom Conti, bien podría aparecer con el rostro del mexicano Damián Alcázar (sirve que, de paso, se concentra en algo mejor que arrojarle flores al partido Morena y sus gobernantes)
  • Napoleón, en lugar de la poco memorable interpretación de Joaquin Phoenix (si bien no fue su culpa, el responsable fue el director), bien podría ser encanado por Denzel Washington o por Rami Malek.

En fin, no es cosa de ironía o asombro, porque lo dicho en este apunte no está lejos de lo que puede aparecer, tarde o temprano, en la realidad.

 

*Rubén Pérez Anguiano, colimense de 58 años, fue secretario de Cultura, Desarrollo Social y General de Gobierno en cuatro administraciones estatales. Ganó certámenes nacionales de oratoria, artículo de fondo y ensayo. Fue Mención Honorífica del Premio Nacional de la Juventud en 1987. Tiene publicaciones antológicas de literatura policíaca y letras colimenses, así como un libro de aforismos.