¿Ya ganó Rosi?

FRASES DE ORO // ¿Ya ganó Rosi?

Por Jorge OROZCO SANMIGUEL*

¿Ya ganó Rosi? Al menos eso parece si uno se asoma a las redes sociales y lee algunos de los comentarios que circularon después de que Morena definiera a Rosi Bayardo como su propuesta para participar en la encuesta que habrá de determinar quién encabezará los trabajos de la Cuarta Transformación en Colima. El problema es que hay un detalle que parece haberse perdido entre tanta celebración: la encuesta todavía no se realiza.

Y aquí es donde conviene detenerse un momento. Porque una cosa es que Morena haya tomado una decisión interna y otra muy distinta es afirmar que esa decisión equivale ya a la voluntad de quienes serán consultadas y consultados. Rosi Bayardo será la propuesta de Morena; Joel Padilla representa al Partido del Trabajo y Virgilio Mendoza al Partido Verde. La terna está prácticamente definida. Lo que todavía no está definido, al menos formalmente, es quién obtendrá el respaldo mayoritario.

Entonces surge una pregunta bastante sencilla, pero políticamente incómoda: si el pueblo va a decidir, ¿por qué algunas y algunos ya hablan como si el pueblo hubiera escogido? No es una cuestión menor de palabras. En política, las palabras tienen consecuencias: nombrar algo de determinada manera puede modificar la percepción que tenemos de ello. Y cuando una afirmación se repite suficientes veces, termina adquiriendo apariencia de verdad, aunque originalmente solamente haya sido una expectativa.

Esto no es nuevo. La política siempre ha entendido que la realidad no solamente se disputa en las urnas, asambleas o calles; también se hace en el lenguaje. Quien consigue imponer las palabras con las que se interpreta un acontecimiento consigue, muchas veces, imponer también el marco desde el cual ese acontecimiento será juzgado. No es lo mismo decir “Rosi participará en la encuesta” que decir “Rosi será la próxima coordinadora”. La primera frase reconoce una posibilidad; la segunda intenta convertirla en certeza.

Y aquí aparece una de las grandes paradojas del momento político que vive Colima: se habla de un proceso democrático en el que las bases y la ciudadanía tendrán un papel fundamental, pero al mismo tiempo comienza a circular una narrativa que parece querer anticipar el resultado. Es como anunciar al ganador antes de comenzar la carrera. Naturalmente, alguien puede ser favorito, tener mejores números, mayor reconocimiento; una estructura política más amplia o mejores condiciones para competir. Pero ninguna de esas circunstancias equivale al resultado de una encuesta que todavía no se levanta.

La distinción parece obvia, pero precisamente por eso vale la pena hacerla. Una encuesta mide preferencias; no las fabrica. Una medición puede revelar que una persona tiene determinada ventaja, pero no puede sustituir la decisión que se pretende conocer. Incluso una encuesta previa, por más favorable que sea, pertenece a un momento específico y no puede convertirse mágicamente en el resultado de una medición futura. Las preferencias cambian, los acontecimientos modifican percepciones y las campañas producen nuevas conversaciones.

Por eso resulta interesante observar cómo funciona el lenguaje político en estos momentos. Primero aparece una frase aparentemente inocente: “ya es Rosi” después alguien la reproduce, luego otro medio la convierte en encabezado; posteriormente comienza a circular en redes sociales. Finalmente, la gente que no conoce los detalles del procedimiento puede terminar creyendo que la encuesta ya ocurrió y que únicamente falta hacer oficial algo que, en realidad, todavía está pendiente.

Ese fenómeno tiene una enorme importancia para la opinión pública. La percepción puede adelantarse a los hechos. Y cuando eso sucede, el ciudadano ya no recibe información desde cero: recibe una realidad previamente interpretada. Antes de conocer el resultado, ya existe una expectativa sobre este. Antes de preguntar, ya hay una respuesta, y antes de que el pueblo decida, alguien parece haber decidido qué debería creer el pueblo.

Aquí es donde la política se encuentra con la filosofía. Platón ya había advertido, desde hace más de dos mil años, sobre la diferencia entre la verdad y aquello que parece verdadero. El problema de la política contemporánea es que ya no necesitamos solamente discursos para construir apariencias; tenemos redes sociales, algoritmos y una velocidad de reproducción de mensajes que permite que una percepción se convierta en “sentido común” en cuestión de horas.

No significa esto que Rosi Bayardo no pueda ganar; por supuesto que puede hacerlo. Tampoco significa que Joel Padilla vaya a ganar, ni que Virgilio Mendoza tenga asegurada una posición determinada. Precisamente porque ninguno de esos resultados está definido, la discusión debería mantenerse abierta. El punto no es defender anticipadamente a un candidato o candidata, sino proteger algo mucho más elemental: que el resultado sea correcto y no un pronóstico disfrazado de certeza.

Joel Padilla ha sostenido que la decisión debe surgir del pueblo y desde abajo. Esa afirmación, si se toma en serio, implica aceptar también la posibilidad de que el resultado no sea el que alguien espera. Y esa es una de las características más difíciles de la democracia: obliga a convivir con la incertidumbre. Quien verdaderamente cree en la decisión popular no solamente debe aceptar al pueblo cuando coincide con sus preferencias; también debe estar dispuesto a aceptar al pueblo cuando decide otra cosa.

Lo mismo debería aplicarse a todos los participantes. Morena tiene todo el derecho de presentar a Rosi Bayardo como su propuesta. El Partido del Trabajo tiene derecho a impulsar a Joel Padilla. El Partido Verde puede hacer lo propio con Virgilio Mendoza. Cada fuerza política puede defender sus perfiles, mostrar sus fortalezas y convencer a la ciudadanía. Pero ninguna de ellas debería confundir su decisión interna con la decisión colectiva que habrá de producirse posteriormente.

Porque aquí existe otra diferencia fundamental: una candidatura partidista no es todavía una postura ciudadana. El hecho de que una fuerza política elija a determinada persona significa que esa persona logró obtener el respaldo de su organización. No es automáticamente que haya obtenido el respaldo de toda la coalición, mucho menos el de la sociedad. Esa segunda legitimidad, precisamente, es la que está pendiente de construirse y medirse.

Y quizá por eso el proceso que viene será mucho más interesante de lo que algunas y algunos quisieran hacernos creer. Porque una vez que termine la etapa de las especulaciones, comenzará la fase verdaderamente política: convencer. Tendrán que hablarle a la gente, escucharla, caminar el territorio, explicar sus proyectos y demostrar por qué deberían encabezar un movimiento que pretende representar una transformación política en Colima.

Ahí es donde las palabras tendrán que encontrarse con los hechos. Porque la política ha desarrollado una extraordinaria capacidad para producir frases, slogans, fotografías, comunicados y publicaciones. Pero la ciudadanía también ha desarrollado una capacidad cada vez mayor para distinguir entre lo que se dice y lo que se hace. Una cosa es afirmar que se representa al pueblo y otra muy diferente es demostrar que se conoce lo que el pueblo piensa, necesita y espera.

En ese sentido, la verdadera encuesta no solamente será un mecanismo para medir preferencias. También será una prueba de credibilidad. ¿Quién consiguió convencer? ¿Logró conectar con la gente? ¿Tiene capacidad de organización? ¿Representa una propuesta que trascienda las estructuras partidistas? Y, sobre todo, ¿quién puede construir una mayoría sin necesidad de declarar anticipadamente que ya la tiene?

Porque hay algo que la política debería recordar con frecuencia: la gente no necesita que le digan lo que piensa; necesita que la escuchen. La diferencia parece pequeña, pero es enorme. El político o política que escucha, reconoce al ciudadano como sujeto de decisión. El o la que solamente le dice qué debe pensar le convierte en espectador de una decisión previamente tomada.

Por eso sería un error convertir este proceso en una simple disputa de etiquetas: Morena contra Partido del Trabajo, PT contra Verde, o un candidato o candidata contra otro u otra. La discusión debería ser mucho más profunda. Estamos ante una definición que pretende determinar quién encabezará los trabajos de un movimiento político que en Colima buscará mantener, transformar o profundizar un proyecto de gobierno. Y eso requiere algo más que simpatías partidistas: requiere legitimidad.

En los próximos días seguramente veremos más encuestas, columnas, rumores, fotografías y declaraciones. Habrá quienes aseguren que uno ya está arriba y quienes respondan que otro ya los rebasó. Existirá quienes presenten mediciones como verdades absolutas y quienes descalifican cualquier número que no les favorezca. Todo eso forma parte de la política, pero convendría no perder de vista la diferencia entre informar sobre una posibilidad y fabricar una certeza.

Porque si algo debería preocuparnos en una democracia es precisamente eso: que la percepción termine sustituyendo al hecho. Que la propaganda termine reemplazando a la deliberación, o que el anuncio termine sustituyendo a la decisión. Y que una frase repetida tantas veces termina siendo aceptada como verdadera simplemente porque ya nadie se detuvo a preguntar si alguna vez ocurrió aquello que la frase afirma.

Así que no, todavía no “es Rosi”. Tampoco “es Joel” ni “es Virgilio”. Todavía no es nadie. Hay perfiles, partidos, estructuras, preferencias y seguramente existen mediciones internas. Pero falta lo fundamental: conocer qué dice la encuesta que habrá de realizarse.

Y quizá esa sea la mejor manera de entender este momento: no estamos frente a una elección cuyo resultado ya conocemos, sino frente a una decisión que todavía está abierta. Dejemos entonces que compitan los argumentos, que hablen los candidatos, caminen el territorio y, finalmente, que la gente responda. Porque en una democracia las palabras pueden intentar adelantarse a los hechos, pero hay momentos en los que solamente queda una cosa por hacer: dejar que hable la gente.

* Lingüista de profesión por la Universidad de Colima, con 12 años de experiencia dentro del ambiente político. Ha participado en campañas electorales como parte logística y estratégica de márquetin y comunicación política. Actualmente labora en departamentos de comunicación social, así como asesor de dichos temas.